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Mercadillos ambulantes en Castellón: desafíos y falta de relevo

Este modelo comercial, que afronta la falta de relevo y la reinvención, da servicio a 7 de cada 10 municipios, la tasa más baja de la Comunitat

Dos vendedores explican sus experiencias en la venta no sedentaria en la costa y el interior provincial

Pasado, presente y futuro de los mercadillos en Castellón.

Pasado, presente y futuro de los mercadillos en Castellón. / Mediterráneo / Alba Crespo

Noelia Martínez

Noelia Martínez

Castellón

Ir de compras al aire libre por Castellón, disfrutar de las distancias cortas y de la búsqueda de la ganga; o comprar fruta y verdura de kilómetro cero son momentos que solo pueden ofrecer los mercadillos ambulantes, pese a la irrupción de los gigantes del comercio electrónico o los bajos precios de franquicias del textil. La competencia acecha y el modelo enfrenta desafíos. Según un reciente informe de Pateco (Cámaras de Comercio de la Comunitat), la provincia de Castellón presenta uno de los niveles más bajos de implantación de la Comunitat: solo 95 de sus 135 municipios organizan mercadillos de modo habitual (70,4%, frente al 83% de Alicante y 88% de Valencia); y 40 localidades con 6.533 residentes (1,1% de población) quedan fuera.

Según el informe, Castellón cuenta con 112 mercados de venta no sedentaria -cuando en 1987 solo eran 84- y 4.732 paradas. Las de alimentación han bajado del 25% al 20%; y las de textil siguen estable y son el 57%. Castellón, con todo, tiene la mejor ratio de habitantes por parada de toda la Comunitat: 128 vecinos, lo que indica una alta densidad de oferta no sedentaria en relación con la población donde sí tiene presencia. Los mercadillos prestan un notable servicio en los pueblos del interior con menos comercio fijo y una clientela predominantemente fiel.

Menos grandes mercados

Con todo, el tamaño medio de los mercadillos se ha reducido y es de 42 puestos por recinto al aire libre habilitado en la provincia de Castellón, por debajo de la media autonómica (61). El sector opina que en la pérdida del tamaño afecta el hecho de que en algunas poblaciones les obliguen a turnarse y solo puedan montar cada 15 días. En Castellón, por tanto, han ganado peso los medianos, el 41,1% (entre 11 y 49 paradas); el 36,6% de pequeños (≤10 paradas) y solo 11,6% son muy grandes (≥100 paradas).

Mercadillos en Castellón.

Mercadillos en Castellón. / Mediterráneo

Solo uno de cada diez mercados, el 12%, es muy grande (tiene 100 o más paradas).

Juan Jarque, quien fue presidente de la Unión de Mercados Ambulantes de la provincia de 1998 a 2020 y trabajó durante 25 años en el sector, hasta el covid, recuerda sus inicios en 1986 y su contribución como impulsor de mercados de gran formato y en domingo (Mercaplaya en Burriana, el de Nules en Mascarell, la playa de Almassora o el parking de Pirámide en Cabanes). «Los mercados ambulantes en el siglo XIX tenían la función de simplemente abastecer pueblos y ciudades, porque ninguna población era autosuficiente en comercio. Pero desde el año 2000 la venta on line se ha disparado. El formato de Mercaplaya de Burriana surgió como uno de los más grandes de España y la Comunitat, como una gran superficie comercial pero al aire libre», recuerda.

Castellón, según la última memoria del Pateco, organiza en torno a 110 mercados semanales (con 4.666 puestos).

En su opinión, el sector precisa innovación y también comprensión y apoyo desde los ayuntamientos. «¿Quién puede ir a comprar un lunes al mercadillo, de 9.00 a 13.00 horas? La mayoría que puede gastar está trabajando; y ahora además, compra on line, aunque la alimentación aún está funcionando en los mercados, es el textil el más castigado. En su día pensé en proponer el Mercado del Lunes de Castelló pasarlo a miércoles tarde, hasta las 21.30 h. a ver si podía venir más gente a comprar en ese horario», reflexiona Jarque. Habilitar horarios adecuados, profesionalizar la venta y saber competir, e innovar, lo ve clave para que los mercadillos ambulantes sobrevivan. «Es importante adaptar tu oferta a lo que demanda la gente. Eduardo de Miura era en el siglo XIX uno de los mayores sombreros de España. Pero cuando a finales del siglo XIX vio que el sombrero algún día no se iba a llevar, se hizo terrateniente y ganadero», citó el veterano.

«Mis padres iban por masías»

Los tiempos cambian y falta relevo generacional. «Mis padres vendían primero por las masías, con un paquete al cuello. Pero ahora los hijos jóvenes de los vendedores estudian o están en otro sector y ya no van al mercado. Esto se acaba. Hay inmigrantes que se sacan el autónomo o están en cooperativas y van, pero en cuanto pueden también lo dejan. Otros lo tienen de complemento aparte de su tienda física», manifiesta.

¿Qué se puede mejorar?

Las encuestas de Pateco plantean necesidades de mejora para estos recintos itinerantes: más mix comercial, aseos, parking, limpieza y techados para el sol. La directora general de Comercio de la Conselleria de Comercio, Maribel Sáez, destaca que «el estudio nos muestra los retos que debemos abordar juntos: falta un marco de planificación común pues existen diferencias normativas entre municipios que generan inseguridad, trámites no siempre sencillos, espacios de venta que requieren mejoras dignas, ayudas más accesibles y el relevo generacional, que necesita oportunidades. Es momento de avanzar unidos».

Falsificaciones: 12.000 artículos confiscados

  • El informe de Pateco desglosa qué productos falsificados son más frecuentes en cada provincia. En el caso de los mercadillos ambulantes de Castellón, se incautaron en un año 12.053 productos.
  • Sobresale la marroquinería y complementos, por encima incluso del textil, que es el sector mayoritario a nivel nacional.
  • En la Comunitat afecta más a accesorios de moda (bolsos, carteras, pañuelos) y artículos deportivos, tanto prendas como calzado.

Manolo Planelles (Nules). Ropa de bebé e infantil: «Empecé a los 24 años pero de mis 7 hijos nadie va a tomar el relevo»

Manolo, en su puesto de textil.

Manolo, en su puesto de textil. / Mediterráneo

«Heredé el puesto ambulante de mi suegro -que lo tenía desde 1952-y, con 24 años, empecé a trabajar en el mercado. Hasta entonces había estado de camarero de bandeja en un bingo». Así explica Manuel Planelles, vecino de Nules y camino de los 61 años, sus comienzos en la venta no sedentaria. Su puesto pertenece al textil, especializado en ropa de bebé e infantil y, pese al contexto de la agresiva competencia on line, va tirando, «para vivir», nada que ver con otras épocas de bonanza. Con todo, «sí que vienen muchas jóvenes embarazadas para mirar ropita con sus madres o las abuelas, que les acercan a la parada: Llevo vistiendo a varias generaciones», manifestó.

El puesto familiar en el mercado, en los años 50.

El puesto familiar en el mercado, en los años 50. / Mediterráneo

«Noto que todo ha cambiado mucho a raíz del covid. Empezaron los cambios de ubicación en algunos municipios o la obligación de turnarnos para montar, semana sí semana no, cada 15 días. Parece que a veces desde las Administraciones locales se busquen mercados más pequeños. Pero en general clientes, comercios y hostelería prefieren un mercadillo más grande, que hace de efecto tractor», reflexiona, al tiempo que ve clave contar con más facilidades por parte de los ayuntamientos: «Antes éramos una necesidad para un pueblo y ahora, en ocasiones, parece que molestamos, aunque los hay que sí se implican».

«Ahora no da para mucho»

Su rutina semanal le lleva los lunes, a Castelló; martes, Burriana; miércoles, Nules; jueves, Onda; viernes, la Vall d’Uixó; y el sábado, playa de Moncofa. El domingo lo reserva para la familia. «Yo tengo siete hijos y ninguno está en el mercado porque han visto cómo va. Antes era un negocio y ahora es un vivir, un salir del paso. Antaño se podía trabajar bien, hacías tu dinerito, podías ahorrar: ahora lo que vendes lo inviertes. Y se nota la competencia de internet, sobre todo, desde el covid», indicó. ¿Cómo ves el futuro? «Pues el otro día hablaba con un almacenista que recordaba que hace 15 años la gente llegaba en busca de género con ilusión. A los 65 no tenían ganas de retirarse porque el mercado funcionaba. Ahora pasa al revés, solo piensas en terminar, pues el esfuerzo no te rinde. En cuanto pueda, a los 65, me jubilo. Lo tengo clarísimo».

Fernando Ortiz (Benicarló). Frutas y verdura: «Como mi abuelo, ‘el Carabasso’, solo subo los domingos a Morella»

Fernando, en el mercado de Morella.

Fernando, en el mercado de Morella. / Mediterráneo

Sube cada domingo al mercado ambulante de Morella, desde Benicarló, su localidad natal. A Fernando Ortiz Roca (60 años) le conocen todos en la capital de Els Ports como Carabasso -igual que a su padre y a su abuelo, ambos, Jaime-. Solo acude a este mercadillo, él es agricultor. «Mi abuelo ya iba al de Morella, montaba en carro y en burro. Luego cogió el relevo mi padre y yo de joven le ayudaba hasta que pasé a encargarme yo», recuerda.

«Es ya una tradición de padres a hijos. La gente del pueblo nos conoce, somos como de casa. Vendemos de todo: mandarinas, naranjas, lechugas, alcachofas, todo tipo de fruta y verdura», cuenta. Todavía le quedan unos años hasta la jubilación. «Solo tenemos una hija y es profesora, así que se acabará la tradición de los Carabassos de ir al mercadillo», cuentan. A buen seguro, echará de menos el vínculo con la clientela, de gran fidelidad: «Son relaciones súperfamiliares. Es como si fuera una familia. Toda Morella nos conoce, y nosotros también, de siempre. Y me dicen. Fernando, hace mucho frío, ¿te traigo un café?», repasa este vendedor ambulante que lleva al frente de su negocio propio desde el 2000. «Pienso que la alimentación, en los mercados ambulantes, anda un poco mejor que el textil, que sufre más la competencia de internet. La fruta y verdura, ese producto de proximidad, de calidad, es muy valorado por quien compra», reflexiona sobre los desafíos.

Puesto de Carabasso en Morella.

Puesto de Carabasso en Morella. / Ortí

Considera, eso sí, que cada vez hay más trabas para seguir adelante y la rentabilidad no es tanta. Aunque solo sea para un día pagan los módulos y van surgiendo nuevas normativas como Verifactu, que por ahora no les afecta pero sí a otros que tendrán que invertir en adaptar la báscula -al final se ha aplazado a 2027-: para que la información del tíquet pase directamente a Hacienda, al estar conectada con un programa.

Compran ellos y los hijos

Un mercadillo en un pueblo del interior tiene pocas paradas y aunque presta un importante servicio no siempre supone venta asegurada. En ocasiones, solo con que 50 habitantes se vayan a una excursión de jubilados supone que ese día son 50 menos; mientras en un municipio más grande siempre hay más afluencia. «El perfil de cliente es igual mayor que joven. A veces también viene la madre y compra para los hijos», concluyó.

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