Los elfos se apuntan a la IA: «Es un esfuerzo, pero merece la pena ver la cara de mi hija cuando los descubre»
Conscientes de que el pensamiento mágico tiene fecha de caducidad, las familias de Castellón han dejado entrar en sus hogares a los duendes
Cada noche -del 1 al 24 de diciembre-, se dedican a hacer pillerías y la inteligencia artificial les ha llegado a grabar ‘in fraganti’

Navidad 2026: Travesuras de los elfos en Castellón / Redacción Mediterráneo / Mediterráneo

En casa de Yolanda aparece un elfo el primer día de diciembre. Cada mañana, hasta llegar la Nochebuena, el duendecillo se presenta en un rincón distinto del hogar realizando alguna travesura: desenrollando papel higiénico, metido en una planta, comiendo cereales, subido a un columpio hecho a mano, colgado de una lámpara… Y cada noche, la directora de los duendes, debe planear la aventura del día siguiente del pequeño peluche. Se trata de una carga mental (una más) que ella, sin embargo, afronta con toda la ilusión del mundo.
«Es un esfuerzo, de acuerdo. Pero merece la pena solo por ver la cara de emoción de mi hija de 9 años», explica. Post de influencers y estados de Whatsapp de usuarios anónimos de Castellón se llenan en estos días, casi a diario, de estas travesuras. E incluso hay guías con ejemplos de todo lo que pueden llegar a hacer, enfrascados en una competición pública para ver qué elfo comete la picardía más vivaracha. Los puedes ver en Whatsapp, Facebook, Instagram, Pinterest...

Dos elfos haciéndose un selfie. / Mediterráneo
Uso de inteligencia artificial
Castellón no escapa a esta nueva tradición, que lleva ya unos años en boga y que, aunque empezó con un libro y un muñeco que llegaban el 1 de diciembre y se iban con la llegada de la Navidad, ha acabado llenando con fotos de sus pillerías las redes sociales, eso sí, sin mostrar a los menores.
Ahora todo va en escalada y la Inteligencia Artificial (IA) ha irrumpido de manera que ya se pueden ver vídeos realizados con esta, a partir de fotografías, en los que una cámara ha pillado a los elfos en el comedor de la casa, la cocina o el aseo, haciendo de las suyas. Imágenes en movimiento, cargadas de gran realismo mágico -con ayuda de aplicaciones como Grok-.
Lejos de la competitividad, el objetivo de muchas mamás y papás, que dejan entrar a los duendes, es infinitamente más normal, noble y sano: brindar a sus hijos momentos privados de felicidad y risas. «Para mi niña es muy emocionante levantarse cada mañana y recorrer el piso buscando al elfo. Se pone las gafas y sale disparada a ver dónde lo encuentra. Y lo que ha hecho, siempre disparatado, la hace reír. Capturamos el momento, pero para nuestro book familiar, no lo compartimos», añade Belinda, que fotografía al duende, pero no publica la imagen en redes sociales. «Como mucho, las mando a familiares o las muestro a amigas de mi hija. Es habitual por las mañanas, cuando van a entrar al colegio y se lo cuentan entre ellas qué ha hecho su elfo. También suelen ponerles un nombre», explica sobre este vínculo con los elfos, que no ha vivido en su infancia. Consciente de que el hechizo de la Navidad y el pensamiento mágico (etapa fundamental del neurodesarrollo) tienen fecha de caducidad, muchos progenitores de Castellón quieren «aprovechar al máximo» la infancia de sus hijos antes de que se acabe. «En 4º de Primaria, por la edad, puede ser el último de la magia y quiero exprimirlo», comenta.
Boca a boca en el colegio
Todo empezó en el colegio, cuando las Navidades pasadas la niña le contó la historia, que a su vez le había indicado una amiga de clase, en 1º de Primaria, a cuya casa había llegado una duende chica con el cuento. «Yo no lo había visto hasta entonces ni siquiera en redes sociales. Pero cada vez lo recibían más niños y niñas. Hasta que también llegó a nuestra casa», recuerda otra mamá.

El libro con el que empezó todo. / Mediterráneo
Elf on the shelf (El elfo en la estantería) es el título del libro con el que la autora estadounidense Carol V. Aebersold y su hija, Chanda Abell, han convertido al duendecillo en un fenómeno de masas. Autoeditado por primera vez en 2005, narra la odisea de un elfo ayudante de Papá Noel que, desde la estantería o cualquier otro rincón de la casa, vigila a los niños para que se porten bien y así tengan muchos regalos bajo el árbol el día de Navidad. Este 2025 ya es un clásico en Castellón, y se suma a otras tradiciones como la de montar el árbol de Navidad o el Belén, adornar la casa y el balcón con las luces y abrir cada día el calendario de Adviento para ver la sorpresa.
Natalia afirma que los duendes tienen mucho trabajo, pues «pensar cada noche dónde amanecerán al día siguiente y siempre algo diferente es una tarea un poco pesada». Otras familias se niegan en redondo a llamar a los elfos. «Mis hijos me los han pedido, pero es una carga. Me supera. Ya es bastante el estrés con las compras y los preparativos de las comidas y las cenas de Navidad, no necesito más», despotrica Saray.
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