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Obituario

Eduardo Mas del Río, un hombre de corazón

Eduardo Mas, una vida dedicada a la comunicación con pasión por las fiestas de Castelló

Eduardo Mas, una vida dedicada a la comunicación con pasión por las fiestas de Castelló / Mediterráneo

Antonio Gascó

Antonio Gascó

Castelló

Falleció mi querido y buen amigo Eduardo Mas, maestro de periodistas, insustituible micrófono en mano, talento privilegiado, escritor siempre atinado y preciso, hombre amable y afectuoso y, desde luego, un personaje que hubiera disfrutado describiéndolo Pérez Galdós, si lo hubiera conocido. Compartir la amistad con Eduardo siempre fue una delicia. Con su ser complaciente, divertido y animado hizo muchas veces la delicia de nuestra vieja amistad, de más de sesenta años, que se fraguó a los cinco o seis, cuando coincidimos en una casa de planchado de la calle de Colón, propiedad de unas parientas y a la que yo iba acompañando a mi tía Amparito, que era modista.

Estudiamos juntos la carrera de Magisterio y en ese tiempo fuimos fundadores de la revista hablada Telstar, en Castellón, que llegó a alcanzar predicamento, precisamente por la importante legión de colaboradores que intervinieron en sus páginas presenciales.

Tiempo después nuestros destinos se separaron cuando yo obtuve la plaza de catedrático del instituto Gaudí de Reus y estuve en el destierro dos años. A mi vuelta ya no nos separamos nunca. Años antes, compartimos tareas de redacción en el diario local Mediterráneo y luego el gran periodista Paco Pascual nos sacó de allí para llevarnos a fundar Castellón Diario. A los cuatro años, le ofrecieron la dirección del rotativo Levante de Castellón. De inmediato, ganó la plaza de locutor redactor en la COPE y yo seguí en la docencia como catedrático en el instituto Francisco Ribalta.

El afecto nunca se rompió, es más, ni siquiera mermó un ápice. Y así hasta el día que, por prescripción del Supremo Hacedor, dejó este mundo.

Fue muy feliz en su matrimonio con su encantadora esposa Irene, que le concedió unos hijos maravillosos, con quienes sigo manteniendo una afectuosa y cordial amistad. Estoy seguro de que hoy se habrá encontrado con su mujer para revivir ab æternum un amor que jamás conoció altibajos ni fisuras.

Albinegro de cor i coradella, como dicen los vernáculos, destacó como comentarista deportivo en las ondas castellonenses, siendo sus retransmisiones deportivas tan originales como entretenidas y, por supuesto, entregadas. Y todo ello sin perder nunca la objetividad, haciendo gala siempre de una valoración ecuánime de los encuentros balompédicos (palabra que él utilizó mucho en su acervo profesional).

Pero circunscribir solamente a su labor periodística su actividad sería engañoso. Eduardo era capaz de hacer muchas cosas a un tiempo. Las fiestas le cautivaron y fue un puntal en la creación de la Germandat dels Cavallers de la Conquesta, a cuyo prestigio contribuyó desde el primer momento.

Generoso a más no poder, nunca puso la mano delante para colaborar en todas cuantas propuestas sociales o culturales se le propusieron y puedo dar fe de que fueron muchas. La inquietud y la colaboración desinteresada fueron sus divisas. Con él se va un personaje insustituible, que supo sembrar, además de múltiples acciones eficaces, simpatías y afectos por doquier. La prueba es la cantidad de amigos que lloramos su pérdida. Descanse en paz.

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