Obituario
Eduardo Mas, un magnífico periodista y un inolvidable amigo

Eduardo Mas, en la plaza Mayor de Castelló. / Erik Pradas
No por esperada nos ha conmocionado menos la noticia del fallecimiento de Eduardo Mas del Río. Desde hace varios años, luchaba contra el cáncer y desgraciadamente ni los medios que ofrece la ciencia, ni el impresionante cariño y apoyo de toda su familia, han podido impedir su fallecimiento.
Eduardo ha sido amigo mío más de cincuenta años, pero amigo de verdad, con el que coincidimos en nuestra profesión del periodismo y fundamentalmente del periodismo radiofónico deportivo, por lo que siguiendo al CD Castellón dimos varias vueltas a este país recorriendo miles y miles de kilómetros. Y nunca tuvimos ninguna discusión personal ni ningún enfrentamiento, porque con Eduardo Mas era imposible reñir.
No le conozco enemigos. Y eso que a lo largo de su vida ha desarrollado muchas facetas, porque además de un extraordinario profesional de la información, tanto radiada como escrita, que militó en varios medios, fue un hombre tremendamente polifacético, en el que destacaba por encima de todo su castellonerismo.
En el año 1975 ya fue presidente de la gaiata número 1 y me llevó a que fuera el mantenedor de su madrina. Pero Eduardo ha sido muy importante, por ejemplo, en els Cavallers de la Conquesta, en la Junta de Fiestas, en el Patronato municipal en el que estuvo a punto de ser gerente y hubiera sido, sin duda, un extraordinario gerente, porque tenía ideas y la virtud de pedir las cosas de tal manera que era imposible decirle que no. También desarrolló unos años su actividad en el Patronato de Turismo de la Diputación.
Es terrible cómo al ir cumpliendo años se van quedando en el camino amigos entrañables. Este año está siendo terrible.ace pocos meses decíamos adiós a Pepe Beltrán y ahora a Eduardo. Los dos coincidieron en el periodismo activo y les unió asimismo una gran amistad.
La muerte de su mujer
Cuando hace unos años perdió a su mujer, Irene, ya supuso para él un gran golpe, pero no tenía más remedio que afrontar la responsabilidad de seguir cuidando de sus tres hijos, que ahora con su enfermedad han dado una enorme lección de responsabilidad y cariño.
Pero por encima de todo, Eduardo fue una persona entrañable, afectuosa, siempre dispuesta a ayudar al que precisara su apoyo y siempre sin mostrar el más pequeño enfado. Tenía miles y miles de amigos que hemos valorado sus virtudes y más aquellos que hemos convivido con él infinidad de años, hasta el punto de que lo podíamos considerar más que amigo, un hermano. Todavía resuenan en mis oídos las cariñosas palabras que me dirigió esta misma semana en el acto de la UJI.
A sus hijos, a su hermana, a su hermano político y al resto de familia que en estos momentos lloran su pérdida, nos unimos mostrándoles nuestra amistad y adhiriéndonos a su dolor que también es el nuestro. Querido Eduardo, algún día si Dios lo quiere, volveremos a encontrarnos para seguir viajando por el mundo donde solo hay paz y felicidad. Descansa en paz, que lo tienes merecido.
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