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Venezolano afincado en Castellón: "No me gusta la política de Trump, pero lo que ha hecho era la única manera de liberar el país"

Llegó a España en 2022, después de pasar un año encarcelado

Un exiliado venezolano en Castellón, en las instalaciones de 'Mediterráneo'.

Un exiliado venezolano en Castellón, en las instalaciones de 'Mediterráneo'. / Mediterráneo

Bartomeu Roig

Bartomeu Roig

Castellón

"No sé cómo va a terminar esto, y como tengo familia en Venezuela no puedo decir mi nombre ni mostrar mi cara para evitarle represalias". Es lo primero que explica este venezolano que llegó hace cuatro años a Castellón, con una orden de protección internacional. "La mayoría de los venezolanos que acuden a España se acogen a razones humanitarias, pero me concedieron esta figura", detalla. Y gracias a ello, hace unas semanas estrenó su nacionalidad española.

Su historia llegó a un punto de no retorno cuando fue acusado de actividades antipatrióticas en el entorno de la oposición a Maduro. "Desde que tengo uso de razón he sido contrario al chavismo, pero nunca estuve en política, yo colaboraba con políticos opositores haciendo fotografías, sin dar nunca la cara, además de inmortalizar unas protestas ciudadanas que cada vez eran más continuadas", comenta.

Acusaciones y cárcel en Venezuela

Antes de la pandemia, un gran apagón derivó en unos altercados cerca de su casa, en la zona de Venezuela que vio nacer a Hugo Chávez. Asegura que le acusaron de participar en las protestas "porque necesitaban buscar a algún culpable" en un país con escasas garantías policiales. Estuvo un año en la cárcel, aunque al final logró una condena reducida.

A partir de ese momento, pensó que su mejor salida era exiliarse. "Estuve dos meses en Valencia y no me gustó, pero en Castellón me sentí acogido, me adapté, me saqué el carnet de conducir y en marzo cumpliré cuatro años de estabilidad aquí". Trabaja de mozo de almacén, lo que combina con su actividad de fotógrafo de eventos.

La mirada desde el exilio

Desde la distancia ha vivido con enorme interés lo ocurrido en las últimas horas. Menciona que los primeros avisos le llegaron al móvil a través de las redes sociales, "y no me aseguré hasta que apareció en medios internacionales como la CNN". Sobre las formas empleadas por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, cree que la acción militar "era la única manera, porque no se consiguió con los resultados de las elecciones, ni con protestas en las que murió mucha gente, así que era la vía que quedaba de liberar al país".

Y eso que se muestra crítico con la forma de mandar del gobernante norteamericano. "No me gusta lo que está haciendo con la política migratoria, que me parece muy injusta, pero en este caso, siento que era la última carta que había", expone con la misma sensación agridulce que se vive en el resto del mundo.

Un país sin garantías

Es consciente de que Venezuela es un tema de gran controversia entre la comunidad internacional, sobre todo en España, pero afirma que aquellos que lo han vivido sobre el terreno "lo vemos de otra manera; al principio, era un país muy polarizado, pero luego la situación se fue degradando hasta hacerse irrespirable, con un fuerte control sobre la población y represión", detalla.

Para ello, pone un ejemplo: "Si tú vas por Castellón y ves a un policía local o la Guardia Civil, te sientes tranquilo, pero allí si te paraba un retén policial en una carretera te sentías en riesgo".

Incertidumbre y esperanza

Preguntado sobre lo que debería pasar en Venezuela a partir de ahora, responde que es incapaz de hacer un pronóstico. "No tengo ni idea de lo que puede pasar, puede que los responsables del régimen se traicionen entre ellos". Lo que tiene claro es que las últimas elecciones, "en las que la comunidad internacional pidió al gobierno de Maduro unas actas que nunca presentó", fueron el punto de inflexión.

Dice que tiene más esperanza que nunca de volver a su país, pero ya hubo otros momentos de esperanza que acabaron frustrados. Desde el sábado, parece que nada volverá a ser igual.

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