National Geographic recomienda visitar este municipio de Castellón: "No tiene la fama de otros destinos"
Castillo andalusí, cerámica centenaria y un embalse de aguas turquesas definen a este enclave del interior de la provincia

TURISMO DE LA GENERALITAT
Cuando hablamos del pueblo más bonito de Castellón rápidamente salen nombres como los de Morella, Culla, Vilafamés o Peñíscola. También otros cuentan con miles de turistas como Benicàssim, Moncofa, Orpesa o Alcossebre. Menos habitual es relacionar el turismo en la provincia con un municipio como Onda, pero lo cierto es que este municipio situado en el interior de la provincia de Castellón es uno de esos lugares que sorprenden precisamente por lo que no presume. Así lo resume Viajes National Geographic al describirlo como un lugar que, aunque “no tiene la fama de otros destinos”, ofrece “ese equilibrio entre patrimonio, paisaje y oficio que hace que el paseo se convierta en algo más”.
Situada a las puertas de la Serra d'Espadà, Onda combina naturaleza, historia y una identidad profundamente ligada a la cerámica. Desde lo alto, “el casco urbano de Onda se despliega en todas direcciones, entre tejados de barro y el verde del entorno natural”, en una ladera donde cada calle parece adaptarse al terreno y al pasado que la sostiene.

Las mejores imágenes de los tesoros de Onda / TURISMO DE LA GENERALITAT
El Castillo de las 300 Torres, orgullo y leyenda
La imagen más reconocible del municipio es su fortaleza. El castillo de Onda, de origen andalusí y levantado en el siglo X, domina la población desde lo alto de la colina. National Geographic recuerda que “la fortaleza andalusí de Onda conserva más de 30 torres y domina el paisaje desde lo alto”, y aunque la tradición habla de 300, la cifra forma parte de una leyenda que refleja su enorme dimensión defensiva.
Hoy, el Castillo de las 300 Torres alberga la alcazaba y el Museo de Historia y Arqueología, donde se exponen restos de las distintas etapas de la localidad. No es solo un mirador privilegiado del valle: es también el mejor punto para entender cómo el pueblo “se derrama por la ladera en forma de barrios antiguos, calles y patios estrechos”.
Onda supera por primera vez en su historia la barrera de los 26.000 habitantes
Un casco histórico que es un libro abierto
Pasear por el centro histórico de Onda es adentrarse en un laberinto de historia viva. Calles empedradas, fachadas con pequeños altares, viviendas populares como la Casa de Dalt y rincones que hablan de la convivencia de culturas. National Geographic destaca una “judería recuperada, una morería en cuesta y un castillo interminable” como ejes del relato urbano.
La Plaza del Almudín, antiguo mercado desde el año 1400 hasta el siglo XIX, fue el corazón de la villa medieval. De origen musulmán, conserva arcos góticos del siglo XV. Muy cerca se encuentra la iglesia de la Sangre, construida en torno a 1250 y vinculada a la Orden del Temple, y la iglesia de la Asunción, levantada en 1727 sobre una antigua mezquita.
Del antiguo recinto amurallado solo queda en pie el Portal de Sant Pere, uno de los puntos más fotografiados del municipio. Según el reportaje, no es raro que el visitante se detenga en “arcos empedrados y elementos decorativos que hablan del pasado de cada vivienda”.
Cerámica: el alma de Onda
Si hay un material que define la historia de Onda, ese es el barro. “Onda lleva siglos escribiendo su historia en el barro”, y basta recorrer sus calles para comprobarlo: paneles cerámicos, mosaicos y chimeneas industriales recuerdan la importancia de este sector desde el siglo XVIII.
El Museo del Azulejo Manolo Safont es uno de los grandes referentes culturales del municipio. Con decenas de miles de piezas —desde época romana hasta la actualidad—, expone azulejería gótica, mudéjar, renacentista y barroca, además de maquinaria histórica y talleres recreados. Tal como recoge el reportaje, es “uno de los centros más completos de cerámica de toda la Comunitat Valenciana”.
Naturaleza inesperada y aguas turquesas
Más allá del patrimonio, Onda sorprende por su entorno natural. Senderos como el del Montí Menor o la ruta del Marimón permiten descubrir vistas panorámicas, fauna autóctona y una conexión directa con el paisaje. Desde muchos puntos del casco urbano, “se intuye el embalse”, ese territorio de “aguas azules inesperadas” que rompe con la imagen habitual del interior peninsular.
El embalse de Sichar (o Sitjar) es uno de los grandes atractivos para el turismo activo: senderismo, ciclismo, zonas de merendero y actividades acuáticas como kayak o paddle surf convierten la visita en una experiencia completa.
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Un destino sin ruido, pero con identidad
Onda no busca competir con grandes focos turísticos. Su valor reside precisamente en esa mezcla discreta de historia, paisaje y tradición industrial. Como concluye National Geographic, aquí el viaje no es solo contemplativo: es “una larga caminata con vistas al valle, una visita a un museo lleno de historia o un baño en aguas limpias”.
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