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Josep Nomdedeu: "Los espigones no salvarán las playas"

Una voz crítica desde la costa cuestiona la apuesta por espigones contra la regresión litoral

Josep Nomdedeu, en la playa de Almenara donde este fin de semana aún se veían las cicatrices del temporal.

Josep Nomdedeu, en la playa de Almenara donde este fin de semana aún se veían las cicatrices del temporal. / MIQUEL SÁNCHEZ

Carmen Tomás

Carmen Tomás

Castellón

La regresión del litoral sur de Castellón no tiene una única lectura ni una solución simple. Frente a la reclamación reiterada de espigones y escolleras por parte de numerosos alcaldes, Josep Nomdedeu, miembro de la asociación Somos Mediterrania y vecino de la playa de Almenara, pone sobre la mesa una visión alternativa basada en estudios científicos que cuestionan el modelo actual de defensa de la costa.

El problema no son los temporales

Nomdedeu rechaza que la causa principal de la desaparición de las playas sea la mayor intensidad de los temporales o la subida del nivel del mar. "Temporales fuertes ha habido desde hace milenios”, sostiene, recordando que los modelos europeos más avanzados indican que el impacto del Mediterráneo en el aumento del nivel del mar no explica la regresión tan acusada que sufre el litoral castellonense.

Según expone, la explicación principal se encuentra en la alteración del ciclo natural de los sedimentos, un proceso que durante décadas ha sido interrumpido sin que se hayan aplicado medidas correctoras eficaces.

Sedimentos atrapados y puertos como barrera

El análisis que defiende se apoya en el estudio de Cantabria de 2011 y en trabajos de la Universitat Politècnica de València, que coinciden en señalar dos causas clave: la interrupción del transporte natural de sedimentos y el déficit de aportes procedentes de ríos, ramblas y desembocaduras.

Nomdedeu apunta directamente a las estructuras perpendiculares a la costa, como puertos y escolleras, que actúan como barreras, y a los embalses aguas arriba, donde los sedimentos quedan retenidos durante décadas sin ser gestionados. “Durante más de 40 años no se han hecho las acciones pertinentes para devolver esos sedimentos a su circulación”, denuncia.

Embalses colmatados y un recurso desaprovechado

El vecino de Almenara subraya además una doble consecuencia de esta situación: por un lado, la desaparición de las playas; por otro, el impacto negativo sobre la capacidad de los embalses, que al estar colmatados de sedimentos ven reducida su utilidad en un contexto de sequía.

Según otro estudio de la Politécnica de València, en la cuenca hidrográfica del Júcar existirían más de 300 millones de metros cúbicos de áridos atrapados, una cantidad que permitiría regenerar hasta tres veces la línea de costa original de toda la Comunitat Valenciana.

Vista aérea de los daños causados por el temporal en Almenara

Vista aérea de los daños causados por el temporal en Almenara / Miguel Ángel Sánchez

Una alternativa científica frente a la “inercia del espigón”

Nomdedeu critica lo que considera una respuesta simplista y peligrosa: la demanda generalizada de un espigón para cada municipio. A su juicio, esta inercia no aporta una solución definitiva y perpetúa un modelo de parches a corto plazo.

Los estudios que cita plantean una alternativa basada en recuperar la estructura y la circulación natural de los sedimentos, siguiendo modelos como el de los Países Bajos, donde la protección del litoral se concibe a muy largo plazo, incluso a 10.000 años vista.

Josep Nomdedeu, vecino de Almenara y miembro de Somos Mediterrànea.

Josep Nomdedeu, vecino de Almenara y miembro de Somos Mediterrania. / Mediterráneo

Restituir el equilibrio natural de la costa

En el tramo Castellón-Sagunto, la regresión anual se sitúa, según explica, entre 100.000 y 400.000 metros cúbicos de áridos. La propuesta pasa por crear reservas estratégicas de sedimentos al norte, aprovechando el transporte predominante de norte a sur del Mediterráneo, de modo que los temporales redistribuyan de forma natural la arena y reconstruyan el cordón litoral original.

“Es una cuestión matemática”, insiste, defendiendo que, si el transporte es adecuado y el aporte suficiente, el sistema puede estabilizarse de forma duradera.

Espigones, una solución limitada

Frente a esta visión, los espigones aparecen como medidas paliativas, con una vida útil estimada de unos 15 años, que no estabilizan el sistema a largo plazo. Además, advierte de que su proliferación dificulta cualquier futura regeneración basada en sedimentos, al obligar a rellenar “celda por celda” los espacios entre escolleras.

Para Nomdedeu, la solución pasa por devolver a la costa lo que fue suyo durante miles de años: un flujo continuo de sedimentos. “Nuestras playas han estado miles de años sin retroceder y no había ningún espigón”, recuerda.

Un debate abierto sobre el futuro del litoral

La reflexión que plantea abre un debate incómodo pero necesario sobre el modelo de defensa del litoral que se está promoviendo. Frente a soluciones rápidas y visibles, esta visión apuesta por medidas menos inmediatas pero más eficaces, basadas en el rigor científico y en la restitución de los procesos naturales que durante siglos mantuvieron el equilibrio de la costa.

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