Los negocios de Castellón se enfrentan al pago con tarjeta: "Me lo he trabajado yo, no tiene por qué quedarse el dinero el banco"
Las comisiones y la baja rentabilidad de algunos pagos ha llevado a bares y otros establecimientos a no cobrar con tarjeta o a establecer un precio mínimo

Erik Pradas
"Me lo he trabajado yo, no tienen por qué quedarse el dinero ellos". Fran Segura, el dueño del Mesón de la Vila de Forcall lo tiene claro. Su negocio hostelero no acepta pagos con tarjeta de crédito, en una práctica que cada vez se extiende más entre bares, restaurantes y otros negocios de la provincia de Castellón.
Sobre todo, desde la pandemia de covid, abonar la cuenta acercando el móvil al datáfono o con el plástico de la tarjeta se ha convertido en un gesto ubicuo que ha desplazado a las monedas y los billetes.
Sin embargo, para los pequeños negocios, puede convertirse en un inconveniente ante las comisiones que deben pagar a los bancos y los costes que deben asumir por tener el terminal de punto de venta (TPV) instalado en su local. Por ejemplo, un café de 1,30 euros ofrece un margen de unos pocos céntimos, después de descontar el IVA, los impuestos, los suministros, la materia prima y las exigencias de las entidades bancarias.
Esto ha supuesto que muchos bares no acepten tarjetas o hayan puesto una consumición mínima para aceptar el pago digital. "Al final, tienes que rascar un poco por aquí y otro por allá para que te sea rentable el negocio", asegura Fran Segura. "La principal razón de no tener esta opción es por las comisiones. Sin el tarjetero, pues eso que nos ahorramos", apunta.
A nivel legislativo, no es obligatorio, en España, ofrecer la posibilidad de cubrir la cuenta con tarjeta en establecimientos hosteleros. La normativa solo exige que los locales que no admiten tarjetas lo comuniquen de forma visible, como hace el Mesón de la Vila.
Además, comenta que la mayoría de los clientes entienden esta decisión. "Tenemos carteles en la calle y dentro del local que lo avisan. En general, son muy comprensivos. En el pueblo, hay un cajero donde pueden sacar dinero, en caso de una urgencia". También añade que "con Bizum funcionamos bien y lo seguiremos usando mientras no nos cobren comisiones por los pagos".
Gasto de 4,5 euros
Existan muchos establecimientos que, ante la falta de rentabilidad, no han optado por negarse a cobrar con tarjeta, aunque sí que han establecido un precio mínimo de gasto para aceptarlo, como hace el bar Caracas en Castelló. Solo sacan el TPV si el cliente consume por valor de 4,5 euros o más.
"Es lo mínimo que debemos cobrar para que nos sea rentable", comenta Mercedes García, una de las responsables del establecimiento. "Es un fijo bastante alto que debemos asumir todos los meses "y, si el cliente viene a tomarse un café, una botella de agua o unas magdalenas y gasta 50 céntimos, no nos sale a cuenta utilizar el tarjetero", explica.
Como destacaba Fran Segura, en el caso del Caracas también hay una clientela comprensiva con esta realidad. "Aquí vienen muchos parroquianos habituales que saben lo que nos supone", comenta Mercedes que relata que, en algunos casos, ha llegado a un acuerdo con los consumidores.
"Por ejemplo, hay clientes que vienen tres veces al día. En lugar de cobrarles cada vez, juntamos en una cuenta los tres pedidos y pueden pagarnos con tarjeta de crédito", señala.
El Caracas se ubica justo delante de un gimnasio. Esto provoca que muchos de sus usuarios, antes de entrar o al salir de las instalaciones, hagan una parada en la terraza del bar. "Para ellos es muy cómodo sentarse en una mesa y pedir un café, pero el gasto es muy pequeño. A mí me parece perfecto, pero siempre que no afecte a mi negocio", explica Mercedes García como una de las razones para imponer un pago digital mínimo.
Política similar
También existen negocios que defienden una política similar. Es el caso del estanco Gregorio Martínez, situado en la avenida Valencia de Castelló. Allí ponen un gasto mínimo de 5 euros. "Un precio menor no nos da rentabilidad. Debes hacer un número concreto de ventas para sacar beneficio", aseguran. "Hubo un tiempo en que fue muy complicado, porque era bastante difícil explicárselo a los clientes. Además, por aquí cerca casi no hay cajeros", señalan y finalizan que "hay mucha gente que se enfada, pero cobrar los 0,75 céntimos del papel de fumar con tarjeta no nos renta".
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