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Juan Amela, el guardián del tiempo en Morella: cuatro décadas de datos, nieve y vocación

Juan Amela, observador meteorológico de Morella desde 1985, recibió un premio de Aemet por su dedicación durante cuatro décadas a la recogida diaria de datos del tiempo

Juan Amela, observador voluntario en Morella.

Juan Amela, observador voluntario en Morella. / Mediterráneo

Carmen Tomás

Carmen Tomás

Castellón

El morellano Juan Amela ha dedicado buena parte de su vida a observar el cielo. En marzo de 2015, en Madrid, junto a su hermano José Agustín, recibió el Premio Nacional de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en reconocimiento a su trayectoria y a su constancia en la recogida diaria de datos meteorológicos durante décadas.

Cuatro décadas

En 1978, su hermano se hizo cargo del observatorio de Morella. “Empecé a ayudarle en 1983 y desde 1985 llevo yo solo la estación”, explica Juan. Poco a poco su interés por la meteorología fue creciendo. “Primero no me gustaba mucho, pero poco a poco me empezó a gustar y por eso he seguido. Me encanta”, confiesa.

Trabajo diario y metódico

El trabajo de Amela exige constancia y precisión. Cada mañana acude al observatorio para anotar cualquier fenómeno meteorológico, desde la presencia de escarcha o rocío hasta el estado del cielo, que mide con una escala de nubosidad de 0 a 8.

También registra si hay viento y recoge datos clave como la temperatura mínima y la humedad máxima en la garita manual. Por la tarde regresa a la estación, situada a 1.010 metros sobre el nivel del mar, para anotar la temperatura máxima y la humedad mínima.

Toda esta información, además, se difunde posteriormente a través de redes sociales y una página web, acercando los datos meteorológicos a la ciudadanía.

Nieve, hielo y noches interminables: las anécdotas del observatorio

Durante más de 40 años, el observador ha vivido situaciones extremas. Recuerda especialmente el año 2000, cuando tuvo que acudir al observatorio incluso de noche y de madrugada por las lluvias.

Pero son las nevadas las que han marcado su experiencia. “Había muchas, y la subida al observatorio se complicaba por las placas de hielo”, relata. Antiguamente, las nevadas en Morella comenzaban en diciembre y podían alargarse hasta marzo, dejando importantes acumulaciones.

El impacto del cambio climático en Morella

La evolución del clima es evidente para quien lo observa cada día. “Ahora nieva muy poco y las temperaturas han subido tanto a nivel mensual como anual”, afirma Amela.

Además, destaca la irregularidad de las precipitaciones: “Hay meses en los que llueve mucho más de lo normal y luego otros con muy poca lluvia”. Aunque el balance anual puede ser superior al de antes, el patrón es cada vez más irregular.

Sobre las causas, lo tiene claro: “El principal factor es la mano del hombre, aunque también hay ciclos naturales”. A su juicio, el aumento de temperaturas era algo conocido desde hace años, pero no se ha actuado adecuadamente “por intereses”.

Una estación centenaria y un legado de datos

El observatorio de Morella cuenta con más de un siglo de historia. En 2016 se celebró su centenario, una efeméride que Amela recuerda con especial orgullo.

Amela no olvida a quienes iniciaron este camino: “Hay que dar las gracias especialmente a los Padres Escolapios, que realizaron las primeras anotaciones”.

Cada lunes, el observador cambia las bandas del sistema manual, donde se registran durante siete días las temperaturas, la humedad y la precipitación. Aunque hoy en día las estaciones automáticas facilitan el trabajo, su labor sigue siendo fundamental.

Reconocimiento de Aemet

Amela también realiza actividades de divulgación.

Amela también realiza actividades de divulgación. / Mediterráneo

En Aemet recuerdan que aunque desde el año 1858 se tienen documentadas observaciones en esta localidad, no sería hasta el 18 de enero de 1916 cuando esta estación se incorporó oficialmente a la red de observatorios termopluviométricos del por entonces llamado Observatorio Central Meteorológico. Entre 1916 y 1972 los encargados de la observación fueron los Padres Escolapios, con la lógica laguna de datos de la Guerra Civil. Después de mayo de 1972, la observación se abandonó en la ciudad, poniendo en riesgo por tanto una de las series más largas de la Comunidad Valenciana y de España, especialmente significativa en una comarca como es la de Els Ports, a la que pertenece Morella, donde hay muy poca densidad de observatorios y donde se producen fenómenos atmosféricos de mucho interés, fundamentalmente las nevadas invernales y las tormentas estivales. Por ello, fue especialmente importante que los hermanos Amela (José Agustín y Juan), se encargaran de poner nuevamente en funcionamiento la estación, registrando datos de manera ininterrumpida y sin ninguna laguna desde entonces.

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