Cinco pueblos pequeños y ‘desconocidos’ de Castellón para hacer turismo en primavera
Enclaves que destacan por su autenticidad y su tremendo encanto

Cinco pueblos ideales para hacer una visita en primavera. / Mediterráneo
Castellón es una provincia capaz de sorprender por la variedad de atractivos que concentra en un mismo territorio. Su historia, sus paisajes y su riqueza cultural la convierten en un destino turístico con identidad propia, de esos que dejan huella en quien los recorre. A lo largo de su litoral, bañado por el mar Mediterráneo, se suceden playas de gran belleza que cada año atraen a visitantes en busca de sol, descanso y mar. Desde los extensos arenales de Benicàssim hasta las pequeñas y sugerentes calas de Alcossebre, la costa castellonense ofrece escenarios para todos los gustos.
Sin embargo, el encanto de la provincia va mucho más allá del litoral. En el interior se abre un territorio de contrastes, con montañas, bosques y parajes naturales que invitan a la aventura y al descubrimiento. Espacios como la Serra d’Espadà o el parque natural del Desert de les Palmes muestran la enorme riqueza medioambiental de Castellón y son un reclamo para quienes disfrutan del senderismo, la escalada o la contemplación de la naturaleza.
A ello se suma un patrimonio histórico y monumental que se deja ver en ciudades, fortalezas y pueblos con personalidad propia. Castelló de la Plana, con su catedral y su casco antiguo, es una buena puerta de entrada a esa herencia. También lo son enclaves tan emblemáticos como los castillos de Peñíscola y Morella, testigos de siglos de historia, conquistas y batallas. Y junto a ellos aparecen municipios con un notable atractivo turístico, como Vilafamés, Culla, Segorbe, Montanejos, Vinaròs u Orpesa, entre muchos otros.
Pero este reportaje pone el foco en cinco pueblos menos conocidos que destacan por su autenticidad y su enorme encanto. Todos ellos tienen menos de 200 habitantes y se presentan como escapadas ideales para descubrir esta primavera.
Ares del Maestrat (Alt Maestrat, 181 habitantes)
Ares del Maestrat destaca por su aire rural, su valioso legado histórico y un entorno natural de gran belleza. Uno de sus principales atractivos es su cuidada arquitectura medieval, que todavía marca el carácter del municipio. El corazón del pueblo se sitúa en la plaza Mayor, punto de partida perfecto para recorrer sus rincones más emblemáticos. Allí se puede contemplar, por ejemplo, la antigua lonja, que conserva sus característicos arcos góticos-mudéjares del siglo XIV.

Panorámica de Ares del Maestrat. / TURISME COMUNITAT VALENCIANA
Durante la visita tampoco puede faltar la Iglesia Parroquial de la Asunción, un edificio que llama la atención por su imponente fachada barroca. Resulta especialmente curiosa la proporción de su campanario, de menor altura que la propia iglesia.
Más allá de su patrimonio urbano, Ares del Maestrat también sobresale por su pasado histórico. Sus orígenes se remontan a épocas ibéricas y romanas, y distintas civilizaciones dejaron aquí su huella a lo largo de los siglos. Buena muestra de ello son vestigios como las pinturas rupestres del Barranco de la Gasulla, de época prehistórica y gran valor patrimonial.
Aín (Plana Baixa, 133 habitantes)
Aín es uno de esos lugares que seducen por su entorno natural y por la tranquilidad que transmite. Situado en un valle rodeado de montañas y frondosos bosques, este pequeño municipio se ha convertido en un destino muy apreciado por los amantes del senderismo y de la naturaleza.
A ese atractivo paisajístico se suma su casco antiguo, que conserva claramente la huella de su pasado musulmán. El relieve accidentado sobre las laderas que rodean la Peña Pastor ha condicionado una estructura urbana singular, que mantiene todavía el recogimiento y la sencillez de la vida rural. Sus calles, estrechas y empinadas, de clara influencia moruna, dibujan un entramado en el que la luz y la sombra juegan sobre las fachadas encaladas. En ese conjunto destaca la iglesia parroquial de Sant Miquel, con su característico campanario, uno de los puntos más reconocibles del pueblo.

Castillo que podemos encontrar en los alrededores de Aín. / Turismo de la Generalitat
En los alrededores todavía pueden encontrarse antiguos molinos de agua, elementos clave en otro tiempo para la economía local. Hoy representan un interesante testimonio del pasado agrícola e industrial de la zona y permiten asomarse a la historia cotidiana del municipio.
Todolella (Els Ports, 136 habitantes)
Todolella aparece como un refugio de calma entre las montañas del Maestrat. Sus calles serpenteantes, flanqueadas por casas de piedra centenarias, conservan la esencia de un pasado donde historia y tradición siguen muy presentes.
Presidiendo el municipio se alza el Castillo de la Todolella, una fortaleza del siglo XIV situada sobre una loma junto al núcleo urbano. El edificio presenta un notable estado de conservación y en él sobresalen la puerta de acceso, las torres, el patio de armas y una cuidada decoración interior. Otro de los inmuebles que captan la atención del visitante es el ayuntamiento, en la plaza Mayor, cuyo porche se abre mediante un singular arco rebajado poco habitual.
El municipio cuenta además con un interesante conjunto patrimonial en el que destacan un puente gótico —el segundo que se levantó sobre el río Cantavieja—, la ermita de San Onofre y el Puente del Molino, el primero que se construyó para salvar el cauce y ubicado junto al antiguo molino.
Dentro de su término municipal se encuentra también el poblado románico de Saranyana, de origen anterior al actual núcleo de Todolella. Este enclave ha sido relacionado con la posible ciudad romana de “Sarna”, citada en la Ora Marítima de Avieno, aunque su existencia sigue siendo dudosa. En la actualidad se conservan restos como los muros y el ábside de la primitiva iglesia románica, la Casa Consistorial y una antigua casa señorial.

Foto de archivo del poblado románico de Saranyana, en la Todolella. / Mediterráneo
Gaibiel (Alto Palancia, 200 habitantes)
Gaibiel guarda buena parte de su atractivo en su castillo, que domina el pueblo desde las alturas y regala unas magníficas vistas del entorno. Esta fortaleza, de origen almohade y etapa islámica, fue ampliada en los siglos XIV, XVI y XIX, y está considerada como una de las mejor conservadas de la provincia. Recorrer sus murallas, torres y dependencias interiores es una forma de sumergirse en el pasado histórico de la comarca.
El municipio cuenta además con otros puntos de interés, como la iglesia parroquial dedicada a San Pedro Apóstol, levantada en el siglo XVIII en estilo barroco académico, o la pequeña ermita gótica de San Blas, también de esa misma época. A ello se suman rincones como el lavadero de la calle Trinidad, el Arco de la Peña y el acueducto de Rocha-Pilares, que conecta Gaibiel con Jérica.

Panorámica del pueblo de Gaibiel, en el Alto Palancia. / MEDITERRÁNEO
El paisaje que rodea la localidad es otro de sus grandes valores. Situado en las estribaciones de la Serra d’Espadà, Gaibiel es una excelente base para adentrarse en esta sierra. Los caminos señalizados atraviesan bosques de pinos y encinas y ofrecen múltiples opciones para hacer senderismo, practicar ciclismo de montaña o disfrutar de la observación de la naturaleza.
Xodos (l'Alcalatén, 107 habitantes)
Puede pasar inadvertido para muchos, pero Xodos es uno de esos pueblos que sorprenden en cuanto se descubre. Situado a los pies del parque natural del Penyagolosa, combina historia, arquitectura y paisaje en un entorno de gran atractivo.
Su castillo, declarado Bien de Interés Cultural, conserva parte de la muralla y responde a un estilo medieval militar. Aunque el paso del tiempo ha reducido notablemente la construcción original, todavía permanecen en pie la torre del homenaje y varios tramos del recinto amurallado, que pueden visitarse.
La silueta de Xodos resulta especialmente sugerente para los aficionados a la fotografía. Sus calles empinadas, sus puertas antiguas y sus muros de piedra ofrecen estampas llenas de carácter. Uno de sus mayores encantos reside precisamente en esa arquitectura tradicional que resume siglos de historia y cultura. El casco antiguo está presidido por la iglesia parroquial de San Pedro, de estilo gótico. También sobresalen la ermita de San Juan Bautista, del siglo XIV y lugar de peregrinación, y la de San Cristóbal, levantada sobre una colina.

El castillo de Xodos está declarado como Bien de Interés Cultural y aún conserva parte de su muralla. / Turisme Comunitat Valenciana
La plaza Mayor merece una mención especial por ser el centro de la vida local, escenario habitual de encuentros, celebraciones y festividades. Además, quienes disfrutan del senderismo y los paisajes abiertos encontrarán en Xodos un lugar ideal, con miradores que ofrecen vistas espectaculares del Penyagolosa y de todo su entorno.
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