Maqueda: «La economía circular no es reciclar, es rediseñar»
El profesor de la Universidad de Harvard advierte que el modelo de extraer, fabricar y tirar destruye valor y reclama mantener los materiales en uso durante más tiempo

Manuel Maqueda, profesor de Programas Especiales de Economía Circular Aplicada y Economía Regenerativa de la Universidad de Harvard, durante su conferencia. / Gabriel Utiel

«La revolución circular no es lo que piensas, sino cómo piensas». Esta frase resume la idea central que defendió Manuel Maqueda, profesor de Programas Especiales de Economía Circular Aplicada y Economía Regenerativa de la Universidad de Harvard, y que fue el encargado de pronunciar la conferencia principal del VIII Ecoforum organizado por Mediterráneo, Levante-EMV e Información. Y lo hizo con un mensaje claro: la economía circular no va solo de reciclar. Va de pensar de otra manera. «El problema no es solo qué hacemos, es cómo pensamos. Por eso hay que cambiar el chip», apuntó.
Para explicarlo, Maqueda recurrió a la naturaleza. Cuando un búho muere en un bosque, su cuerpo no se convierte en basura. Vuelve al ecosistema. Alimenta nuevos ciclos. La economía circular, argumentó, debe funcionar igual: crear valor sin depender siempre de extraer más recursos y sin generar residuos continuamente.
Impacto ambiental
El experto recordó que buena parte del impacto ambiental de un producto se decide antes de que llegue al mercado. «El 80% de los impactos está en la fase de diseño», señaló, para subrayar que la sostenibilidad debe abordarse desde el origen y no solo cuando el residuo ya se ha generado.

Manuel Maqueda, profesor de Programas Especiales de Economía Circular Aplicada y Economía Regenerativa de la Universidad de Harvard, durante su conferencia. / Gabriel Utiel
Uno de los conceptos centrales de su intervención fue la diferencia entre economía lineal y economía circular. La primera responde al esquema de «extraer, fabricar y tirar», un sistema que, en palabras del profesor, convierte a la economía actual en «una máquina de destruir valor». Frente a ello, la economía circular propone diseñar productos duraderos, reparables, reutilizables y capaces de convertirse en recursos para nuevos ciclos productivos.
Sistema de movilidad
Maqueda utilizó el ejemplo del automóvil para explicar este cambio de mirada. A su juicio, el debate no debe limitarse a si un coche eléctrico contamina menos que uno de gasolina, sino a cómo se organiza todo el sistema de movilidad. El problema, argumentó, es que un coche pasa el 96% del tiempo aparcado. Además, suele transportar solo a 1,3 personas. Es un uso muy pobre de muchos materiales, energía y espacio.

Manuel Maqueda, profesor de Programas Especiales de Economía Circular Aplicada y Economía Regenerativa de la Universidad de Harvard, durante su conferencia. / Gabriel Utiel
El profesor insistió también en la idea de los «bancos de materiales»: coches, edificios, barcos o infraestructuras deben entenderse como reservas de materiales que podrán utilizarse en el futuro. Para ello, destacó el papel de herramientas como los pasaportes digitales de producto, la inteligencia artificial y los sistemas de trazabilidad, que permiten conocer qué materiales contiene cada producto y cómo pueden recuperarse.
Cambio de mentalidad
Para ahondar en la necesidad que se produzca un cambio de mentalidad, Maqueda lanzó una pregunta: ¿de todos los materiales que entran cada año en la economía, cuántos ya estaban dentro del sistema y cuántos son nuevos? Y la respuesta muestra el problema. Solo el 7% de los materiales que usamos proceden de materiales ya existentes. El resto se extrae de nuevo de la naturaleza. Después se fabrica, se usa y se tira. «Ese es el modelo dominante: extraer, fabricar y tirar. Una y otra vez», describió para concluir que este sistema destruye valor.

Manuel Maqueda, profesor de Programas Especiales de Economía Circular Aplicada y Economía Regenerativa de la Universidad de Harvard, durante su conferencia. / Gabriel Utiel
Pero ese modelo se puede cambiar. Así, explicó que si los materiales se mantienen en uso más tiempo, la economía gana por tres vías: en lo económico, porque se aprovechan mejor los recursos; en lo ambiental, porque se reduce la extracción y la contaminación, y en lo social, porque hacen falta empleos ligados a reparar, mantener, reutilizar, remanufacturar y rediseñar.
Materias primas escasas
El problema es que el mundo sigue dependiendo de materias primas escasas. «Muchos elementos de la tabla periódica son limitados, caros o difíciles de conseguir. Algunos son esenciales para la agricultura, la tecnología, la energía o la industria. Cuando esos materiales escasean, suben los precios y aumentan las tensiones geopolíticas».
Maqueda relacionó la economía circular con conflictos internacionales y con la seguridad de suministro. No se trata solo de ecología, sino también de economía, industria y geopolítica. De ahí su llamada a «circularizar» las cadenas de suministro. Es decir, hacerlas menos dependientes de la extracción constante y de proveedores lejanos.

Manuel Maqueda, profesor de Programas Especiales de Economía Circular Aplicada y Economía Regenerativa de la Universidad de Harvard, durante su conferencia. / Gabriel Utiel
Otro de los mensajes clave fue que la economía circular no equivale a reciclar. Maqueda advirtió de que el reciclaje suele recuperar solo una parte del valor, mientras que las fases anteriores (reutilizar, reparar, remanufacturar o mantener en uso) conservan mucho más valor económico y ambiental. Como ejemplo, criticó la fabricación de ropa a partir de botellas de plástico si el resultado final acaba igualmente en la basura.
Dimensión regenerativa
La conferencia abordó además la dimensión regenerativa de la economía. Maqueda explicó que no basta con reducir daños, sino que es necesario apoyar los sistemas vivos que sostienen la actividad humana: suelos, agua, biodiversidad, bosques, humedales o ecosistemas marinos. Estos sistemas, recordó, prestan servicios esenciales como la captura de carbono, la depuración del agua o el mantenimiento de los ciclos naturales.
También alertó sobre la presión creciente sobre los recursos naturales. La transición energética, advirtió, no será suficiente si reproduce el mismo modelo lineal basado en extraer, fabricar y tirar. Y cerró su intervención con una idea inspirada en Miguel de Cervantes: demasiada cordura puede ser locura. Y la peor de las locuras es ver el mundo como es y no como debería ser.
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