Los docentes de la huelga del 88 arropan al profesorado actual: «Estáis escribiendo la historia»
Maestros que participaron en las grandes movilizaciones educativas recuerdan las aulas masificadas, la precariedad de los interinos y la conquista de los sexenios para animar a los docentes a “aguantar” en defensa de la escuela pública

Maestros y profesores que participaron en la movilizaciones históricas de finales de los años 70 y, especialmente, en la huelga educativa de 1988, han trasladado, en un acto celebrado en el IES La Plana de Castelló, su apoyo al profesorado actual y han reivindicado que aquellas protestas permitieron mejorar las condiciones laborales, racionalizar las ratios y avanzar en el reconocimiento de la carrera docente. Asimismo, han insuflado un mensaje de ánimo a los que participan en los paros indefinidos educativos: "Estais escribiendo la historia".
El recuerdo de unas aulas con hasta 40 alumnos
Carmina Gras, que en 1988 trabajaba en el instituto Ribalta, recuerda que en aquel momento tenía 38 alumnos en segundo de Bachillerato y otros 38 en tercero de BUP, mientras que otros compañeros llegaban a tener 41 y 42 estudiantes por aula.
La docente rememora un clima de malestar creciente entre el profesorado por la carga lectiva, la corrección de ejercicios en casa y la percepción social de que los maestros “tenían muchas vacaciones” y “trabajaban muy poco”. Según relata, la protesta comenzó con paros sueltos, pero fue creciendo hasta convertirse en una movilización sostenida: “La gente ya estaba en un momento en que dijo: este es el momento”.
Gras subraya que el apoyo de los colegios fue clave, especialmente en los pueblos, donde la figura del maestro tenía una gran visibilidad social. También destaca que una de las grandes fortalezas de aquella huelga fue la unidad: “Íbamos a por todas y estábamos todos unidos”.
La precariedad de interinos y sustitutos
Uno de los aspectos que más se repite en los testimonios es la situación del profesorado interino y sustituto. Pep Lluís Grau, que en 1988 trabajaba en la EPA Riu Túria de Castelló, recuerda que empezó como contratado y después como interino, con unas condiciones que califica de “terribles”.
Según explica, llegó a ser dado de baja incluso durante el periodo de Pascua y cobraba un sueldo un 20% inferior al de un compañero funcionario. También recuerda aulas con ratios muy elevadas: en una sustitución en Vilafamés, en una clase de Infantil, había 40 niños de 4 y 5 años.
Para Grau, uno de los grandes logros de la huelga fue la creación de una carrera docente vinculada a los sexenios, que permitió reconocer la antigüedad y mejorar progresivamente las retribuciones. También considera que la movilización permitió avanzar en la racionalización de las ratios, en un momento en el que “no había prácticamente límites”.
“Conseguimos una escuela pública mejor”
Ferran Ortiz, que estaba destinado en Ibi cuando comenzó la huelga del 88, describe una situación de falta de recursos en las escuelas públicas. Recuerda que en el municipio había cinco centros públicos y alrededor de un centenar de maestros, con plantillas muy ajustadas y sin apenas refuerzos.
Ortiz explica que él tenía 35 alumnos en clase, entre ellos una niña con trastorno del espectro autista que no estaba diagnosticada porque entonces no existían los servicios psicopedagógicos actuales. Cuando fue diagnosticada, al año siguiente, acudía dos tardes a la semana a la única escuela del pueblo con maestro de educación especial.
El docente reconoce que en aquel momento tenía tres preocupaciones: el aprendizaje de sus alumnos, los descuentos salariales por hacer huelga y la incertidumbre sobre cómo terminaría la movilización. Sin embargo, con el paso del tiempo, considera que todo aquello fue menor frente a lo conseguido: “La satisfacción que tengo hoy día es decir que participamos en conseguir una escuela pública mejor”.
De la huelga del 77/78 a la del 88
Treme Martí, maestra e integrante de una familia vinculada a la docencia, recuerda también la huelga de 1977/78, que define como una protesta “de brazos caídos”. Según relata, a las nueve de la mañana se presentaba la Guardia Civil para pedir la filiación de los participantes.
Martí admite que en la huelga del 88 hubo docentes que no secundaron los paros, pero ella sí participó. Ahora, al dirigirse al profesorado actual, considera que la movilización se está haciendo “muy bien” y les anima a continuar: “Si no, no se consiguen las cosas, y para ganar antes hay que perder”.
La dignidad de la profesión docente
Matilde Cuello sitúa el origen de aquellas movilizaciones en un “espíritu reivindicativo” por la dignidad de la profesión, del alumnado y de las familias. A su juicio, esa reivindicación sigue vigente en el momento actual.
Cuello defiende la escuela pública como un espacio esencial y recuerda que su familia —hijos y nietos— ha estudiado en la pública. También reivindica la enseñanza en valenciano y el apoyo recibido por familias y alumnos en su centro de Carcaixent, donde fue una de las primeras escuelas en implantarla.
A sus 87 años, asegura que continúa acudiendo una tarde a la semana a su colegio porque lo considera su “segunda casa”. Su mensaje al profesorado actual es claro: “La dignidad de la profesión y de la escuela pública es imprescindible”.
“Os jugáis mucho más de lo que pensáis”
Josep Vicent Bataller, que compartió escuela con Matilde Cuello en Carcaixent, define la huelga del 88 como una movilización “mucho más larga” y “más potente”, especialmente recordada por la conquista de los sexenios.
Bataller compara aquella movilización con la actual y sostiene que los docentes de hoy están “escribiendo la historia”. En su opinión, la primera decisión ante una huelga es elegir entre actuar por interés individual o por la colectividad.
El maestro reconoce el desgaste económico, psicológico y emocional que supone una huelga prolongada, pero insiste en que el profesorado actual está unido y tiene una fuerza “increíble”. Para Bataller, lo que está en juego va más allá de una reivindicación laboral concreta: “Tenéis que aguantar por vosotros y por la pública”.
Un mensaje común: unidad y defensa de la escuela pública
Los testimonios de estos docentes veteranos coinciden en varios puntos: las movilizaciones históricas estuvieron marcadas por aulas masificadas, salarios bajos, precariedad laboral y falta de recursos, pero también por una fuerte unidad del profesorado.
Desde esa experiencia, trasladan al profesorado actual un mensaje de apoyo y continuidad. Consideran que las huelgas educativas del pasado permitieron avances relevantes para la enseñanza pública y que la movilización actual puede marcar también un punto de inflexión.
“Estáis en un momento histórico importantísimo, comparable, evidentemente, al que vivimos nosotros en aquel momento.”, resume Pep Lluís Grau, que anima a los docentes a mantener la organización y la capacidad de trabajo en defensa de la educación pública. "Me da mucha alegría veros, cómo estais de bien organizados y las ganas que teneis. Y os animo a continuar y a no tiraros atrás porque unos cuantos hayan decidido que ya está bien, y aguantad lo que podais porque yo creo que es importante".
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