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Economía

Blas Agut, el visionario del pistacho en el interior de Castellón

Este agricultor es uno de los pocos de la provincia que produce el nuevo ‘oro verde’ y en su finca de Vall d’Alba cuenta con un centenar de pistacheros

Su intención a corto plazo es ampliar el negocio, aunque advierte de la complejidad de transformar el producto una vez recogido del árbol

Blas Agut en su finca de pistachos situada en Vall d’Alba.

Blas Agut en su finca de pistachos situada en Vall d’Alba. / Mediterráneo

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Elena Aguilar

Elena Aguilar

Castellón

El mundo vive una fiebre por los pistachos. Y eso que no es un alimento barato. Un kilo de este fruto seco cuesta en los supemercados españoles entre 15 y 17 euros (las opciones peladas o ecológicas pueden superar los 35 euros), pero aún así su consumo no deja de crecer. Los hogares de todo el país adquirieron el año pasados unos 9,1 millones de kilos, mientras que a nivel mundial la cifra asciende a 1.070 millones de kilos, prácticamente el doble que hace una década. Detrás del boom del nuevo oro verde está la viralización, a finales de 2023, de las barritas de chocolate Dubai, la incorporación de este producto en grandes marcas de helados o café y los múltiples beneficios que su ingesta conlleva para la salud. Un cóctel que explica por qué el cultivo de este producto no deja de crecer de España y también en la Comunitat, donde en el último año la superficie se ha disparado por encima del 20%.

En apenas diez años la extensión de pistacheros en España ha aumentado un 3.000%, hasta superar las 80.000 hectáreas, y el territorio valenciano contaba en 2025 con 244 hectáreas frente a las 202 del año anterior, según datos de la Unió Llauradora. En Castellón este cultivo todavía es minoritario (apenas 12 hectáreas), pero todo el mundo coincide en su potencial, sobre todo en zonas como el Alto Palancia o Els Ports.

Blas Agut es uno de los poquísimos productores de pistachos de Castellón. Biólogo de formación, en sus fincas de Vall d’Alba cuenta desde hace unos años con un centenar de pistacheros, un cultivo que descubrió casi por casualidad. «Hice un máster de Producción Integrada de Cultivos en la Universitat de Lleida y en esta zona hay bastantes hectáreas de este producto, así que decidí probar», explica.

Principales datos del cultivo del pistacho.

Principales datos del cultivo del pistacho. / Mediterráneo

Este agricultor, gerente de la empresa Mar de Boires y con campos también en la Serra d’en Galceran y Benlloc, decidió apostar por la variedad Larnaka que necesita menos frío. «En los años ochenta en Castellón había algunas plantaciones de la variedad Kerman, la más implantada en España, pero que aquí no funcionaron porque precisaba de un clima mucho más frío», argumenta Agut que señala que, en secano, a partir del quinto o sexto año desde la plantación ya se pueden contar con una buena producción.

El objetivo, seguir creciendo

Tras algún tiempo trabajando con este producto, Agut asegura estar más que satisfecho. «La idea es ampliar, ya que el pistachero es un árbol que resiste bien las temperaturas extremas y no necesita demasiada agua», describe. La recolección se produce entre finales de agosto y principios de septiembre (igual que la almendra), aunque el pistacho es un producto bastante más delicado. «Nosotros, por ejemplo, tenemos un obrador y procesamos los frutos secos de una manera manual», apunta este emprendedor que también cultiva almendras, algarrobas, nogales o azafrán. La mayoría de los frutos secos de Mar de Boires acaban comercializándose en pequeños comercios de la provincia, principalmente panaderías y carnicerías, y también suministra a restaurantes.

Pistachos.

Los pistachos se han convertido en el nuevo 'oro verde'. / Theo Crazzolara | Unsplash

Aunque se trata de un cultivo que no requiere de cuidados específicos, lo más complejo llega tras la recolección. Una vez recogidos del árbol, y antes de ser comercializados, los pistachos tienen que ser procesados y esa fase debe iniciarse antes de que pasen 24 horas desde la recolección, ya que si transcurre más tiempo empieza a mancharse y pierde valor. El pistacho hay que pelarlo mediante fricción y agua a presión, lo que elimina el pellejo y lo deja sólo con la cáscara. Después hay que separar los pistachos llenos de los vacíos y, finalmente, hay que secarlos. En empresas como las de Agut lo hacen de forma manual, pero si el cultivo empezará a expandirse en Castellón haría falta acompañarlo de una industria transformadora. «Se tendrían que crear plantas de procesado», dice este agricultor. Unas instalaciones que requieren de una gran inversión económica.

Una alta rentabilidad

El procesado a gran escala requiere de cierta infraestructura, pero el principal atractivo de este cultivo es su rentabilidad. Los datos indican que una vez se alcanza la plena producción, los ingresos brutos estimados oscilan entre los 7.300 y 8.000 euros por hectárea en régimen de secano y suben hasta los 13.000 euros por hectárea, unas cifras que en los últimos años han animado a muchos inversores a apostar por el pistacho. Un par de datos: de las 8.210 toneladas registradas a nivel nacional en 2018-2019 se ha pasado a 42.374 toneladas en la actual campaña y la previsión es que estas cifras continúen al alza, a medida que entren en poroducción las fincas que se han plantado en los últimos años. «Lo que está claro es que este cultivo representa una oportunidad para Castellón, pero es fundamental que el productor disponga de formación y asesoramiento técnico para obtener los mejores resultados y evitar errores», consideran desde la Unió.

El mercado del pistacho lo han venido controlando hasta ahora tres países: Estados Unidos, Irán y Turquía, pero esta concentración en pocas manos se considera como un factor de riesgo estructural. Irán está ahora en fuera de juego y ha anunciado que este año, y debido al bloqueo del estrecho de Ormuz, no va a exportar su preciado fruto seco. Esta circunstancia abre una ventana de oportunidades al pujante sector español y las grandes empresas han iniciado el cami no para conquistar el mercado europeo. ¿El objetivo? Tratar de duplicar las ventas a la industria alimentaria europea, principalmente a grandes marcas como Ferrero, Nestlé o Unileve.

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