Irene Barceló, la piloto de Castellón que iba para médica pero acabó en la cabina de Ryanair: "Es una carrera cara, pero la inversión vuelve"
A sus 34 años, compagina unas jornadas de 13 horas y hasta cuatro vuelos al día con su reciente maternidad: "Es una profesión que te escoge a ti"

Irene Barceló explica el laberinto de las licencias, las escuelas privadas y el examen de 13 pruebas teóricas al que se enfrentó para ser piloto. / Mediterráneo
La castellonense Irene Barceló Gean tenía 18 años cuando le dijo a su madre que quería ser piloto. No venía de una familia vinculada a la aviación ni tenía cerca un ejemplo que le marcara el camino. En aquel momento, recuerda, tampoco existía la facilidad actual para encontrar respuestas rápidas sobre estudios, licencias o salidas profesionales. Había que buscar, preguntar y atreverse. "Si no tienes un familiar en el sector te pierdes con tanta información”, explica.
Hoy, aquella joven de Castelló que soñaba con volar tiene 34 años, trabaja como piloto desde 2017 y no ha conocido otra compañía que Ryanair. Su base está en Valencia, lo que le permite vivir en Castellón y conciliar ahora que ha sido madre. Su rutina, sin embargo, queda lejos de cualquier imagen idealizada de la aviación: jornadas que pueden empezar a las tres de la madrugada, una media de cuatro vuelos al día y destinos que van “desde el Norte de África a Polonia, toda Europa, España…”.
“Trabajo 13 horas al día”, resume. “Trabajo cinco días seguidos y descanso cuatro. En total, unos 20 al mes. Suelo dormir en casa porque ahora que he tenido un bebé he pedido conciliación y trabajar por la mañana. Empiezo a las 3.00 de la madrugada, pero a las 17.00 suelo estar en casa”.
La historia de Barceló no es la de una vocación cómoda, sino la de una carrera construida con esfuerzo, constancia y muchas horas de estudio. Antes de entrar en la cabina de un avión comercial, cursó sus primeros estudios en el colegio de Torreblanca y después el instituto en Agora Lledó de Castelló. Más tarde se trasladó a Reus para estudiar en el Centre d'Estudis Superiors de l'Aviació, el CESDA, que en aquel momento era, según recuerda, la única opción en España que ofrecía un grado oficial en ese ámbito. “En España en aquel entonces era la única que ofrecía un grado oficial homologado, ahora hay alguna más en Salamanca o Jerez. También hay centros privados, pero tienes que ir con cuidado porque te puedes dejar una fortuna y cuando acabes quizás has estudiado un grado que no tiene el valor universitario que pensabas al ser, probablemente, un título propio”, advierte.

Irene Barceló derriba los mitos de ser mujer piloto. / Mediterráneo
Durante aquellos años, la vida universitaria no se parecía demasiado a la de otros estudiantes. “Por las mañanas volaba y por las tardes estudiaba. Eso de los jueves universitarios, si quieres ser piloto no existen”, bromea Irene.
Pero estudiar la carrera no basta para llevar un avión. Barceló insiste en una diferencia que, fuera del sector, no siempre se conoce: una cosa es el grado y otra la licencia. Para obtenerla hay que superar exámenes oficiales en SENASA, una sociedad mercantil estatal que valida las licencias. La parte teórica incluye 13 pruebas tipo test con bancos de miles de preguntas. Después llegan los exámenes de vuelo, gestionados a través de la escuela con examinadores oficiales.
“Yo soy graduada como piloto comercial y operaciones aéreas, que aporta un valor añadido al margen de la licencia de piloto de avión que es imprescindible para manejar aviones", señala.
La formación, además, no termina nunca. Barceló describe una profesión sometida a controles constantes, actualizaciones periódicas y una licencia médica que debe renovarse cada año. “Si no lo puedes renovar estás fuera”, explica. También apunta que determinadas condiciones médicas pueden impedir seguir volando como contraer el VIH o ser diabético insulinodependiente; y tampoco puedes ser daltónico.
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Esa exigencia permanente forma parte de lo que, para ella, define la aviación. “Ser piloto es una profesión súper bonita, dinámica, requiere muchísimo esfuerzo, sacrificio, constancia. No es tanto querer serlo, sino que la profesión te escoge a ti”, afirma Irene.
Un primer vuelo inolvidable
Durante años pensó en ser médica, en parte por la influencia de su madre, a quien veía feliz en su profesión. Pero la aviación terminó imponiéndose. El mundo del motor siempre le había llamado la atención y una experiencia en avioneta con un aeroclub acabó de abrirle los ojos. “Flipé”, recuerda. Desde entonces entendió que aquello que muchas personas ni siquiera se plantean también podía ser un camino real.
“La gente no se lo plantea muchas veces porque cree que no es una profesión factible, pero aunque no tengas un ejemplo de piloto es algo puedes alcanzar”, defiende. Es cierto, eso sí, que es una profesión cara. A la pregunta de si hace falta ser millonario o superdotado para llegar a la cabina, Barceló responde con matices. “Millonario, a medias”, dice. En su promoción vio realidades muy distintas: familias con recursos que podían asumir los costes sin problemas y otras que se hipotecaban para cumplir el sueño de sus hijos. No lo presenta como una carrera accesible para todo el mundo, pero sí como una inversión que, si todo va bien, puede volver.
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“No es una carrera accesible para todo el mundo, pero si todo va como debe ir, esa inversión vuelve porque es una profesión bien pagada”, afirma. Aun así, añade una reflexión sobre la responsabilidad que asumen los pilotos: “Creo que para la responsabilidad que tenemos, nos deberían pagar mejor, pero no por mi compañía, están todas parecidas en el mismo nivel”.
Desde 2017, Barceló es “producto 100% de Ryanair”, como ella misma se define. Entró en la compañía, creció profesionalmente en ella y ahora trabaja en la base que quería. Para su situación actual, con residencia en Castellón y necesidad de conciliación, no se plantea cambiar.
No se plantea cambiar de aires
“Nací en la compañía, he crecido, estoy en la base que quiero, para conciliación vivo en casa. No me cunde irme a otro sitio”, explica. Otros compañeros, añade, sí buscan vivir en otros países o probar nuevas bases y compañías, algo que también depende de dónde haya empezado cada uno.
Sobre Ryanair y las aerolíneas de bajo coste, Barceló lanza un mensaje claro para el lector generalista: la seguridad no depende de que una compañía sea considerada barata. “Hablan de compañías baratas, pero a nivel de seguridad son todas las compañías similares. La normativa es la misma para todo el mundo”, subraya.
En la compañía, calcula, son más de 10.000 pilotos, con unas 90 bases y alrededor de 120 pilotos en cada una. Su día a día transcurre entre madrugones, vuelos encadenados, formación continua y una vida familiar que trata de encajar con los turnos de una profesión poco rutinaria.
“Para ser piloto necesitas curiosidad por volar y tener estímulos constantes”, resume. “Es una profesión muy dinámica y si buscas una rutina esto no te lo va a ofrecer, hay que ser resolutivo, flexible y estar cada seis meses estudiando novedades”.
También habla del estigma. Barceló reivindica que ninguna profesión debería encasillarse y que la aviación sigue resultando poco accesible, en parte, porque se conoce poco. “Soy tan femenina como cualquier otra, no hay que encasillar ninguna profesión. Esta resulta poco accesible porque es desconocida”, sostiene.
Su caso demuestra que desde Castellón también se puede llegar a una cabina de avión comercial. No como una aventura improvisada ni como una postal romántica de aeropuertos y destinos, sino como una carrera dura, exigente, cara y sometida a evaluación constante. Una profesión que obliga a estudiar, adaptarse, madrugar y tomar decisiones cada día.
Y, aun así, cuando habla de ella, Barceló no esconde el entusiasmo de quien sigue sintiendo que está donde quería estar. “Después, si tienes suerte y te esfuerzas mucho puede haber una oportunidad y la tienes que aprovechar”, dice. “La aviación es muy cíclica, no todos los años tienes las mismas oportunidades y si la tienes hay que aprovecharla”.
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