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La historia de superación de Lidia Arenós, la vecina de Castellón que transformó el dolor por la muerte de su perro en una nueva profesión

Tras dos décadas como auxiliar veterinaria, la pérdida de Pivo la llevó a crear Amara, un refugio para quienes pasan por lo que ella pasó: "Un duelo nunca se supera, aprendemos a vivir con esa ausencia"

Lidia Arenós, junto a su fiel compañero Pivo, fallecido hace ahora cinco años y que transformó la vida de esta castellonense.

Lidia Arenós, junto a su fiel compañero Pivo, fallecido hace ahora cinco años y que transformó la vida de esta castellonense. / Mediterráneo

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Redacción

Redacción

Hay historias que empiezan justo cuando algo se rompe. La de Lidia Arenós Pérez, vecina de Castellón, comenzó hace cinco años con la muerte de Pivo, el perro que la acompañó durante quince años y cuya imagen ocupa la portada de su primer libro, Mi reino sin sentido.

Durante dos décadas, Lidia trabajó como auxiliar de clínica veterinaria. Había visto de cerca el dolor de muchas familias cuando perdían a sus animales, pero nada de aquello la preparó para vivir su propia pérdida. “La muerte de Pivo fue muy dura porque me acompañó durante mis peores momentos durante 15 años”, recuerda. Su muerte llegó en una etapa marcada por varias despedidas familiares y animales en muy poco tiempo, una acumulación que la hundió en una tristeza profunda.

Imagen de Lidia junto a su libro, que se puede conseguir en Amazon.

Imagen de Lidia junto a su libro, que se puede conseguir en Amazon. / Mediterráneo

La ayuda llegó a través de una amiga que, simplemente, estuvo a su lado y le dijo que necesitaba apoyo profesional. Lidia encontró entonces a Noelia, terapeuta especializada en duelo, que "acabó convirtiéndose también en amiga y confidente". Primero llegó la terapia individual, después la grupal, y de aquel proceso nació una nueva vocación.

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Hoy Lidia ha dejado atrás la clínica veterinaria para centrarse en Amara, su propio espacio de acompañamiento emocional en Castellón. Allí ofrece terapias individuales y grupales para personas que atraviesan distintas formas de pérdida: la muerte de un ser querido, el fallecimiento de un animal, un cambio vital, una pérdida de trabajo o un duelo migratorio. El punto común, explica, "es el duelo. Nosotros hablamos de seres queridos humanos o animales sin hacer distinción".

Su trabajo pone especial atención en un dolor que muchas veces no encuentra reconocimiento social: el duelo por la muerte de un animal. Lidia quiere dar voz a ese sufrimiento que a menudo se invalida con frases como que “ya era muy mayor” o que “ya tendrás otro”. Para ella, esas respuestas, lejos de ayudar, frenan la expresión emocional de quien necesita llorar, hablar y sentirse acompañado.

Imagen de Pivo, animal que llegó a la vida de Lidia para transformarla.

Imagen de Pivo, animal que llegó a la vida de Lidia para transformarla. / Mediterráneo

“No usamos mucho el término superar porque no es una enfermedad. Un duelo nunca se supera; aprendemos a vivir con esa ausencia”, señala. Esa mirada atraviesa también Mi reino sin sentido, un libro nacido de los textos que escribió durante su formación en duelo y de su propia experiencia con Pivo. La escritura, cuenta, fue transformadora: primero la ayudó a ordenar su dolor y después despertó una vocación literaria.

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El libro está especialmente dirigido a quienes han perdido a sus animales, aunque Lidia insiste en que el duelo no distingue entre tipos de amor. La obra narra su vínculo con Pivo, aquel perro que apareció abandonado cuando ella iba a un concierto. Abrió la puerta del coche, él se metió dentro y se quedó dormido “como si no hubiera dormido en años”. Desde entonces, la acompañó siempre.

Lidia y su perro mantenían un vínculo muy especial desde que lo encontró abandonado en un concierto.

Lidia y su perro mantenían un vínculo muy especial desde que lo encontró abandonado en un concierto. / Mediterráneo

Ahora Lidia convive con cuatro gatos y acompaña a otras personas desde el mismo lugar desde el que un día necesitó ser acompañada. En Amara ofrece un espacio íntimo, sin juicios, donde cada persona pueda decir lo que siente y transitar su pérdida sin que nadie le pida que vaya más deprisa. La historia de Pivo no terminó con su muerte. Se transformó en un libro, en una nueva profesión y en una forma de cuidado.

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