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Castellón afronta otro verano con los deberes en gestión forestal por hacer

Expertos del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo identifican en las cuestiones climáticas un agravamiento pero «el principal factor de riesgo está bajo control humano»

En plena Serra d’Espadà, la imagen muestra el principal riesgo de la provincia: la gran continuidad boscosa.

En plena Serra d’Espadà, la imagen muestra el principal riesgo de la provincia: la gran continuidad boscosa. / MÒNICA MIRA

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Castellón

Intensificar la vigilancia en los meses con el riesgo de incendio más alto es indispensable. Las administraciones lo saben y cada verano incrementan los recursos para tratar de prevenirlos, aunque cualquier esfuerzo que se haga acaba siendo insuficiente si se tiene en cuenta la advertencia de los expertos: un año más, la provincia de Castellón afronta la temporada de mayor peligro de sufrir uno de estos devastadores fenómenos con los deberes en materia de gestión forestal por hacer.

Después de varios años de sequía en que los bosques castellonenses llegaban a esta época en condiciones muy adversas en cuanto a humedad de la vegetación y del suelo, podría pensarse que después de un final del 2025 y un principio del 2026 más lluviosos, ese factor de riesgo mejoraría. Desde la Fundación Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM) aseguran que no.

José Antonio Alloza, coordinador de su programa forestal, afirma que no es tan simple. En lo que se refiere al riesgo de incendios «no se debería diferenciar entre años secos y lluviosos».

Señalización antiincendios en el Desierto de las Palmas.

Señalización antiincendios en el Desierto de las Palmas. / Kmy Ros

Según describe, en los secos «la vegetación está muy estresada y existe sobre todo un déficit de humedad que si hay un detonante y se produce el fuego, hará que su propagación sea más rápida». Pero en los húmedos, como podría considerarse el actual, «aunque tengan un componente hídrico mayor, las especies vegetales anuales, que han crecido mucho durante la primavera, al llegar el verano completan su ciclo y están secas», por lo que puede que no tengan tanto estrés, pero «se ha acumulado mucho combustible».

Las olas de calor

Ante estas circunstancias que son propias de los bosques mediterráneos, que las olas de calor se adelanten al mes de junio y se alcancen temperaturas extremas por encima de la media propia de esta época, como está siendo el caso, «es como si echáramos más gasolina para que la situación se pueda complicar».

Alloza incide en que «la temperatura en sí misma no causa incendios, pero tiene un papel determinante en la propia dinámica atmosférica y en el comportamiento del fuego, que provoca que el riesgo de que los incendios sean más agresivos aumente».

Los profesionales que investigan y analizan estos riesgos, no dudan en afirmar que «las cuestiones climáticas son las que son» y nada se puede hacer por modificarlas, solo queda tenerlas en cuenta a la hora afrontar la amenaza. Pero el que identifican como el principal factor para prevenir esos grandes incendios forestales «está bajo el control humano».

Desierto de las Palmas.

Desierto de las Palmas. / Kmy Ros / KMY ROS

La razón de por qué se llega a esa situación y cuáles son las soluciones debe buscarse, según defienden desde el CEAM, en la gestión forestal, la gran asignatura pendiente por abordar.

Si algo caracteriza a la provincia de Castellón y es lo que más preocupa a quienes se dedican a la extinción de incendios es su gran continuidad forestal. Alloza explica que entre las medidas preventivas que deberían acometerse está «romper con esa continuidad», además de apostar por la plantación de «especies más resilientes al fuego», aunque reconoce que «es una cuestión complicada, porque estamos hablando de superficies muy grandes que requieren de una gestión cara y falta gente dispuesta a desarrollarla».

Pese a esa realidad se conoce, y ante la evidencia de que los años son cada vez más cálidos y los veranos se alargan y se recrudecen, la preocupación por los incendios sigue focalizándose en el momento en el que poco más se puede hacer que vigilar y esperar que no se produzcan, y en el que caso de que se inicie un fuego, que las condiciones sean lo más favorables posibles para evitar que se repitan episodios como los de Bejís o Villanueva de Viver.

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