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Sector primario

Alerta en la naranja ante los estragos de la plaga de la araña roja por el calor: "Da mucha pena"

Este viejo conocido del campo dispara su afección ante la falta de efectividad de los tratamientos, por lo que el campo urge autorizaciones excepcionales para usar otros productos

Plaga de la araña roja

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Redacción

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Iván Checa

Iván Checa

Castellón

"Da mucha pena". Con estas palabras, los agricultores describen la grave situación que se está viviendo en numerosas plantaciones de cítricos de la provincia de Castellón ante la proliferación de la plaga de la araña roja, un viejo conocido que está cobrando fuerza en las últimas semanas debido a las altas temperaturas y la falta de efectividad de los tratamientos permitidos.

Este ácaro, con el nombre técnico de Tetranychus urticae, llena las hojas de los árboles de manchas amarillas y provoca su caída e incluso puede llegar a manchar los cítricos. Su presencia no es nueva, pues como aseguran desde el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA), en las últimas décadas su incidencia ha ido aumentando hasta convertirse en una de las principales plagas en las comarcas de la Plana de Castellón. Sí que es excepcional, sin embargo, el impacto que está teniendo en estos momentos.

Lucha ineficaz

"Estamos teniendo problemas muy importantes de araña", asegura el secretario general de la Unió Llauradora, Carles Peris, quien lo atribuye a factores como la climatología, "que es muy favorable para que la plaga tenga más capacidad de generación y, por tanto, ejerza más presión". A ello, se suma "la escasez de materias activas eficientes para su control y una lucha biológica totalmente ineficiente, porque el depredador que aplicamos también muere en altas temperaturas tan desorbitadas como las que tenemos".

La araña roja afecta principalmente a las clementinas, aunque la presión de la plaga está siendo tan alta "que se ha detectado algún pequeño foco en alguna variedad híbrida o en naranjos, que aunque no prospera no es habitual ni se había visto".

Golpe a una producción ya mermada

Desde Naturem, la Cooperativa Sant Josep de Burriana, su director, Manuel Malo, coincide en la gran presencia de árboles sin hojas en los campos de la zona, cuantificándolos por miles. "La perdida de capacidad fotosintética y reservas nutricionales, propiedades de estas hojas hoy perdidas, auguran un futuro incierto", sentencia, pues la situación "condena a esta campaña y la próxima a vagar por el desierto de tener los gastos de intentar salvar el cultivo sin ingresos".

Y es que, como incide Peris, la plaga "es un condicionante para que haya menos clementinas comerciales en el mercado", que se suma a los ya bajos aforos que se dan. "Es una situación muy delicada", remarca, pues los agricultores también deben hacer frente a "los aumentos en los costes de producción, porque las medidas biológicas que tienes que implementar son caras".

Inacción institucional

El representante de la cooperativa pone el acento, por tanto, en la falta de efectividad en los tratamientos autorizados y la inacción de las instituciones al no permitir recurrir a otros productos existentes. De hecho, en el 2024 la Unió solicitó al Ministerio de Agricultura el visto bueno para emplear puntualmente sustancias de acción ovicida (que atacaran a los huevos de las arañas) y la respuesta fue que "las acciones excepcionales no nos parecen factibles".

Dos años después la plaga sigue presente y con más fuerza, a la espera de medidas que la contengan para que deje de poner en jaque al sector citrícola. La de la araña roja no es, ni mucho menos, la única amenaza para el campo, pues sobre la mesa están otras enfermedades como el cotonet o las que pueden llegar de la mano de las importaciones, como la mancha negra. "¿Alguien piensa mover un dedo por la citricultura de Castellón? No hay tiempo", sentencian desde el sector primario.

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