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Impacto

Calles vacías y bares cerrados en la Vall d'Uixó: "Hemos perdido el 100% de la facturación"

Algunos establecimientos están colaborando para preparar bocadillos a los cuerpos de seguridad

Joseph Aguilar, del Jossmi.

Joseph Aguilar, del Jossmi. / Ochoa

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Pablo Ramón Ochoa

Pablo Ramón Ochoa

La Vall d'Uixó

La Vall d’Uixó, donde comenzó el incendio, también ha visto duramente golpeado su comercio y su hostelería. Una de las esquinas más concurridas de la localidad, el cruce entre las calles Salvador Cardells y Salvador Allende, se encontraba ayer completamente vacía y con sus dos bares principales cerrados. Uno de los responsables del Jossmi, Joseph Aguilar, cuenta a Mediterráneo que “la gente no está con ganas de nada”. Ellos abrieron el sábado, primer día del fuego, pero tras servir las cenas que tenían reservadas y también se fueron a casa. “Es obvio, solo estamos para ayudarnos y apoyarnos”, indica Joseph.

Joseph también lleva el pub aledaño, el Minimal, el cual decidieron no abrir el sábado. “En el ambiente se veía que la gente no tenía ganas de celebrar y la gente joven que salió a las 17.00 o las 18.00, enseguida se contagió de ese mismo sentimiento”, explica Joseph sobre esas horas críticas en las que el fuego bajaba de manera voraz por las montañas de la Vall y peligraba incluso la integridad del casco urbano.

En la Vall hay unos 5.000 evacuados y unos 25.000 confinados. “Hemos perdido el 100% de la facturación del pub y cerca del 60% de la del bar”, apunta Joseph en una primera valoración económica de la situación.

Bocadillos para emergencias

Chema Marín i Sandra Molina, del Soque.

Chema Marín i Sandra Molina, del Soque. / Ochoa

En la acerca de enfrente está el Soque, bar que llevan Chema Marín y Sandra Molina. Cuando hablan con este diario, están terminando de preparar bocatas para llevar al Puesto de Mando Avanzado (PMA) donde los cuerpos de seguridad y de emergencias trabajan sin descanso desde el sábado. “Lo hacemos voluntariamente, somos varios bares colaborando. Llevamos bocadillos al punto de control para que la gente que está al pie del cañón pueda por lo menos comer y refrescarse. Queremos ayudar en todo lo que se pueda porque ya están haciendo ellos bastante”, sostiene Chema.

Sandra, cargando con bolsas llenas de bocadillos, indica que este domingo cerraron el local y que hoy, al menos, no les perjudica al negocio porque ya era su día libre. “Pero mañana -hoy martes, para el lector- tendremos que abrir sí o sí porque al final las facturas siguen llegando y nosotros tenemos que trabajar”, aventura esta hostelera, que padece el incendio por partida doble porque vive en la Vall pero es de Azuébar.

Un paisaje devastado

“Siempre y cuando el humo lo permita, y sin abrir la terraza, pero por lo menos trabajaremos”, asegura. Y Sandra apunta que, aunque haya poca gente, “el que tenga que trabajar por obligación o quiera hacer algo, que tenga un poco de servicio también”. Desde la terraza del bar se ven parte de las montañas ahora quemadas y que eran uno de los encantos de la Vall: “Es triste, no es solo nuestra terraza sino que es el pulmón del pueblo”. “Nos queda Pipa, gracias a Dios, pero el resto lo doy por perdido”, dice Chema.

Frutería Ahmed

Frutería Ahmed / Ochoa

En la frutería Ahmed, su dueño también reconoce que se ha perdido casi la totalidad de la facturación, aunque algún cliente que se haya quedado sin insumos en casa todavía entra. “Ha habido mucho humo y además no hay gente”, expresa Ahmed.

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