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De evacuar a una abuela de 100 años a reabrir el bar: Azuébar vuelve a la vida tras cinco días de pesadilla en el segundo desalojo en 3 semanas

El amargo alivio de un pueblo que tuvo que huir con lo puesto tras una orden de desalojo a la desesperada: "Pensaba que no volvíamos"

Las calles y negocios de Azuébar cobran vida tras el incendio

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Kmy Ros

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Carmen Tomás

Carmen Tomás

Cinco días después de abandonar sus hogares con apenas lo imprescindible, los vecinos de Azuébar han comenzado este jueves a regresar al municipio. La imagen de persianas levantándose, comercios reabriendo y vecinos reencontrándose ha marcado una jornada cargada de alivio tras el incendio que obligó a desalojar la localidad. Y se trata de la segunda ocasión en 3 semanas que se ven obligados a abandonar sus viviendas.

Aunque el fuego no llegó a afectar directamente al casco urbano, el humo y la cercanía de las llamas hicieron necesaria la evacuación. Ahora, con la vuelta autorizada, la prioridad es recuperar la rutina y atender las necesidades más inmediatas.

Mayte Canós

Apenas recibió la confirmación de que los vecinos podían regresar, la farmacéutica Mayte Canós abrió las puertas de la farmacia. Durante los días de evacuación, muchos de sus clientes, en su mayoría personas mayores, habían podido conseguir su medicación en otros municipios como Segorbe, pero ella sabía que, al volver, necesitarían recuperar cuanto antes la atención habitual.

"Me estaban llamando para preguntarme qué hacían", explica. "Se llevaron lo justo y, aunque han estado atendidos, hay mucha gente mayor que necesita esa cercanía". De hecho, pocos minutos después de levantar la persiana ya habían pasado los primeros vecinos por la farmacia. "Han venido dos y creo que ya viene el tercero", comenta, reflejando cómo la salud ha sido una de las primeras preocupaciones de quienes han regresado a sus casas.

Susi Camarillas

Susi Camarillas, abre su tienda en Azuébar después de cinco días de cierre

Kmy Ros

La mañana también ha sido intensa para Susi Camarillas, responsable del único bar-tienda de Azuébar. Nada más regresar dedicó unas horas a ordenar su vivienda y después bajó al establecimiento para limpiar todo lo que había quedado tal y como lo dejó el domingo, cuando tuvo que marcharse de forma precipitada.

"Lo primero ha sido limpiar, regar las plantas y poner en marcha las neveras para tener bebida fresca cuando empiece a venir la gente", explica. Ella y otros ocho familiares pasaron estos días en una casa rural junto a sus animales, después de abandonar el pueblo tras una orden de evacuación que llegó apenas media hora después del confinamiento inicial.

Aunque todavía no habían llegado clientes cuando abrió las puertas, está convencida de que el pueblo recuperará poco a poco su actividad. "Se agradece volver a casa", afirma. El trabajo por delante será mucho, reconoce, pero lo importante es que Azuébar ha podido volver a abrir sus puertas y empezar a recuperar la normalidad tras unos días marcados por la incertidumbre.

Mario Gómez

Mario Gómez, el panadero de Azuébar cuenta su vuelta al pueblo

María Alegre Herrero / Kmy Ros

Para Mario Gómez, panadero del municipio, la vuelta ha tenido un destino claro: la panadería. Tras dejar a su madre en casa, se dirigió directamente al establecimiento, que llevaba cinco días cerrado.

"Es mi segunda casa", resume. Después de una nueva evacuación —la segunda en apenas mes y medio— reconoce que la experiencia vuelve a remover los mismos sentimientos de incertidumbre. Recibió primero el aviso de la alcaldesa, Jessica Miravete, y posteriormente la Guardia Civil confirmó la orden de desalojo.

Durante estos días permaneció junto a su pareja y su madre fuera del municipio, mientras otros vecinos fueron alojados en el Seminario de Segorbe o en casas de familiares y amigos. Ahora solo piensa en una cosa: "Tengo ganas de empezar la normalidad y volver al trabajo".

Esperanza Gómez

Esperanza Gómez, vecina de Azuébar aliviada de volver a su hogar

Kmy Ros

El regreso también ha supuesto un enorme alivio para Esperanza Gómez, que durante la evacuación tuvo que organizar el traslado de varios familiares de avanzada edad, apenas puede caminar; su suegra tiene 100 años y un tío acababa de sufrir una amputación de un pie.

La familia encontró refugio en casa de una prima en Soneja, mientras seguían diariamente la evolución del incendio a través de los mensajes enviados por el Ayuntamiento. "Pensaba que esto seguía y continuaba", reconoce sobre el momento en que recibieron la noticia de que podían regresar.

La evacuación, recuerda, obligó a salir deprisa con lo imprescindible: medicación, productos de higiene y poco más. Aunque la suegra centenaria apenas era consciente de lo que ocurría, su madre sí vivió la situación con angustia. "Ha sufrido muchísimo", explica. Ahora toca volver poco a poco a la rutina y recolocar la casa, aunque el deseo compartido es uno solo: "Esperemos que no haya más sobresaltos". En apenas un mes, ya han tenido que abandonar el pueblo en dos ocasiones.

Alfredo Murria

Alfredo Murria y su esposa también fueron evacuados de Azuébar. Durante su estancia temporal se alojó una primera noche en un hotel y los días siguientes en el Seminario de Segorbe. "Seríamos más de cien personas", señala, respecto a este último. Describe el momento de alegría colectiva cuando la alcaldesa les ha comunicado que podían retornar a casa, tanto los vecinos de Azuébar como los de Almedíjar, que estaban en las instalaciones. "Cuando nos lo ha dicho la alcaldesa allí éramos 25-30 y vengan aplausos", señalaba. Su evacuación no ha estado exenta de dificultades logísticas. Por ejemplo, detalla: "Nos dejamos la medicación. Dos noches sin tomármelas", expresó. Murria menciona su vida laboral pasada, en mercadillos y distribución de agua de la antigua embotelladora y la importancia de los servicios básicos de su localidad.

Alfredo Murria, vecino de Azuébar, describe la alegría colectiva cuando la alcaldesa les comunicó que podían volver

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