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Xavier Querol Carceller: «Las cenizas de un incendio deben retirarse con un paño húmedo, nunca barriéndolas»

El científico Premio Jaime I de Morella Xavier Querol advierte de que las partículas y gases del humo forestal pueden afectar a decenas de kilómetros, generando ozono perjudicial para la salud

Xavier Querol, profesor del CSIC: «Tendremos que llevar la mascarilla aún mucho tiempo»

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Carmen Tomás

Carmen Tomás

Castellón

Xavier Querol Carceller (Morella, 1963), Premio Rey Jaime I sobre Protección del Medio Ambiente, geólogo e investigador experto en contaminación atmosférica explica que el humo de un incendio forestal como el ocurrido en la Vall d'Uixó no solo afecta a las poblaciones próximas a las llamas. Las partículas en suspensión y los gases contaminantes pueden desplazarse decenas de kilómetros y favorecer la formación de ozono, con riesgos especialmente importantes para niños, embarazadas, personas mayores y pacientes con enfermedades cardiovasculares o respiratorias. Querol explica cómo protegerse, cuánto tiempo puede persistir la contaminación y de qué manera el cambio climático agrava las condiciones que alimentan los grandes incendios.

—¿Cómo afecta a la salud de las personas el humo de incendios como el de la Serra d’Espadà?

—Cuando hablamos de calidad del aire, se trata de una carrera de fondo a lo largo de nuestra vida. El objetivo es que, desde que estamos en el vientre de nuestra madre hasta la tercera edad, estemos expuestos a la menor contaminación atmosférica posible. Así, cuando alcanzamos una cierta edad, podemos tener una esperanza de vida larga y una buena calidad de vida.

Las personas con problemas cardiovasculares y respiratorios deben protegerse especialmente de la contaminación, porque esta agrava sus enfermedades y puede provocar muertes prematuras, una mayor morbilidad y hospitalizaciones.

En ocasiones tenemos episodios agudos de contaminación. Quienes vivimos en ciudades sufrimos a veces anticiclones que provocan niveles puntualmente muy elevados. También ocurre durante algunos episodios extremos de calima o polvo africano. Cuando se producen incendios forestales, las columnas de humo negro que vemos contienen partículas y gases muy contaminantes que pueden generar problemas de calidad del aire.

—¿Qué contaminantes se emiten durante los incendios forestales?

—En los incendios forestales tenemos dos fases. La primera es la fase de llama, cuando el fuego alcanza la madera, las plantas, los árboles y las hojas que todavía están verdes y quema rápidamente esa biomasa húmeda. Durante la combustión se emiten muchos contaminantes.

Por un lado, tenemos las partículas en suspensión, que son sólidos y no gases. Por otro, se emiten una serie de gases, como los óxidos de nitrógeno y, sobre todo, los compuestos orgánicos volátiles.

Cuando ha pasado el fuego y ya no hay llama, se entra en la fase de brasas, conocida como smoldering. En ese momento se continúan emitiendo gases contaminantes, principalmente compuestos orgánicos volátiles, y partículas, aunque en una cantidad mucho menor.

Las partículas se emiten sobre todo durante la primera fase. Esas columnas tan elevadas y oscuras se deben a la presencia de partículas que pueden afectar a la salud de las personas que las respiran, como sucede con otros tipos de contaminación.

Además, los gases que se producen en paralelo son precursores del ozono en presencia de radiación solar. Los principales riesgos derivados de los penachos contaminantes de los incendios son, por tanto, las partículas en suspensión y el ozono que se genera a partir de esos gases. Sus efectos sobre la salud pueden ser similares a los provocados por otros tipos de contaminación, como la urbana.

—¿Hay grupos de población más vulnerables que otros?

—La población sana también debe protegerse. Debemos hacerlo durante toda la vida, porque es una carrera de larga distancia y no solo una cuestión relacionada con episodios puntuales de contaminación.

Los niños deben protegerse especialmente porque respiran más rápido, se mueven más y el volumen de aire que inhalan por cada kilo de masa corporal es mayor que en los adultos. Por eso forman parte de la población más vulnerable.

También deben extremar las precauciones las personas con problemas cardiovasculares o respiratorios, las personas mayores y las embarazadas.

—¿Cómo podemos protegernos de la contaminación provocada por un incendio?

—Debemos seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias y medioambientales. La Conselleria de Medio Ambiente, Territorio y Cambio Climático está controlando la calidad del aire y facilitando instrucciones a la población.

Se ha confinado a personas que se encontraban en poblaciones que no corrían peligro de verse directamente afectadas por el incendio, pero sí por el humo. El confinamiento implica que no deben salir de sus casas y que deben permanecer en el interior con puertas y ventanas cerradas. Otra parte de la población ha sido evacuada a zonas donde la concentración de contaminantes no era tan elevada.

Si hay que salir a la calle, son preferibles las mascarillas FFP2 frente a las quirúrgicas, que protegen poco de estas partículas tan finas.

En los hogares hay que cerrar las puertas y las ventanas. Si tenemos equipos individuales de aire acondicionado, los denominados splits, estos reciclan el aire del interior de la estancia. El aire se va recirculando y pasa continuamente por un filtro que, mediante cargas electrostáticas, atrae las partículas y reduce progresivamente la contaminación del interior.

En una oficina o un edificio público hay que comprobar cómo funciona el sistema de ventilación. Ventilar significa tomar un volumen de aire del exterior e introducirlo en el edificio o la sala. Por tanto, hay que comprobar si estos sistemas disponen de filtros capaces de retener las partículas. Si no cuentan con ellos, es preferible recircular el aire interior hasta que disminuya la contaminación exterior. Una vez terminado el incendio y cuando los niveles de contaminación sean mucho más bajos, se podrá volver a ventilar.

Cuando los vecinos regresen a sus casas después del incendio y encuentren cenizas en la terraza, el balcón o incluso dentro de la vivienda, deben tener en cuenta que estas pueden contener contaminantes. Se aconseja retirarlas con un paño húmedo, una mopa o una fregona, pero no barrerlas, porque al hacerlo vuelven a quedar suspendidas en el aire y podemos respirarlas.

—¿Hasta cuándo y dónde se puede sentir el impacto del humo de los incendios?

—En verano, la brisa suele activarse hacia las 9.00 horas y normalmente arrastra el aire hacia el interior y las montañas. Esas plumas de contaminantes, que al principio están muy concentradas, se van diluyendo a medida que avanzan hacia el interior.

Los compuestos orgánicos volátiles y los óxidos de nitrógeno pueden generar ozono a una cierta distancia, que puede situarse entre los 30 y los 100 kilómetros. Las partículas, por su parte, se van diluyendo y su impacto se reduce progresivamente.

Por la noche sopla el terral, que lleva el aire desde el interior hacia la costa. Durante la madrugada puede producirse el transporte de la contaminación del incendio hacia el mar.

Entre las 7.00 y las 8.00 horas y entre las 20.00 y las 21.00 horas se produce el cambio de brisa. Hay una o dos horas de calma durante las cuales puede acumularse más contaminación.

—¿Se está viendo empeorada la calidad del aire estos días? ¿De qué manera?

—El incendio ha hecho subir puntualmente los niveles de partículas en suspensión y de ozono. Con la ola de calor que estamos sufriendo, el ozono habría subido igualmente. Durante la ola de calor se han medido valores récord en el centro de Europa.

Algunas empresas especializadas elaboran índices mediante inteligencia artificial en los que mezclan datos sobre la calidad del aire e información de satélites. Algunos de estos índices han reflejado niveles de contaminación mucho más elevados que los registrados por la Red Valenciana de Vigilancia y Control de la Contaminación Atmosférica de la Generalitat. Esta red es una de las de mayor calidad de España.

Si la inteligencia artificial no se utiliza adecuadamente, puede ofrecer valores más altos que los registrados en realidad. Tenemos que confiar en las mediciones. Eso no significa que dentro de las nubes de humo de los incendios no se hayan alcanzado niveles muy elevados de contaminación.

—¿Influye el calentamiento global en la frecuencia y la intensidad de los incendios?

—No hay ninguna duda, aunque no es la única causa. Soy de Morella y los días 16 y 17 de mayo organizamos una mesa redonda a la que invitamos a dos expertos internacionales en incendios y gestión forestal, Josep Peñuelas y Ramón Vallejo.

Ambos coincidieron en que uno de los problemas y de las causas de estos incendios es que durante las últimas décadas la masa forestal se ha incrementado un 30%. Esto se debe al abandono de los campos, porque una parte de la población rural ha dejado estos espacios y se ha trasladado a zonas urbanas.

El ganado limpia periódicamente la masa forestal. Si tenemos ganado, realiza esta labor todos los días. Es muy complicado limpiar los bosques de un extremo a otro porque, en nuestra zona, cada hectárea genera dos toneladas de materia vegetal al año que, al año siguiente, ya están disponibles como combustible. Cuando termináramos de limpiar un extremo, la vegetación ya estaría creciendo de nuevo en el otro. No tenemos suficiente actividad agrícola, ganadera ni población rural que limpie los bosques diariamente.

Lo que estos expertos proponen es actuar sobre un 1% de esa masa forestal. Los ingenieros forestales deben realizar los estudios adecuados para determinar dónde hay que abrir grandes cortafuegos que faciliten las labores de extinción si se produce un incendio. No se trata de clarear todo el bosque, sino de realizar grandes talas en franjas con una anchura suficiente para dificultar que el fuego las traspase. Se trataría de intervenir sobre ese 1% estratégico.

El cambio climático también está favoreciendo estos incendios. Durante los primeros años de este siglo prácticamente no había olas de calor en junio, mientras que en los últimos años ya hemos sufrido alrededor de diez episodios potentes durante ese mes. Por tanto, el bosque empieza a secarse en junio.

Las olas de calor y las sequías largas y persistentes durante julio secan muchísimo el bosque y facilitan la combustión. Al prolongarse tanto las temporadas de sequía y calor, aumenta estadísticamente la posibilidad de que se origine un incendio por la caída de un rayo, por incumplir la prohibición de utilizar maquinaria o por una acción intencionada.

Cuanto más intensa y prolongada sea la ola de calor y cuantas más semanas permanezca seco el bosque, mayor será la posibilidad de que se produzca un incendio. El cambio climático favorece que la gran cantidad de masa vegetal acumulada en los bosques encuentre las condiciones necesarias para arder.

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