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Cuando el parany se convierte en cortafuegos frente al incendio de la Serra d'Espadà

La práctica ancestral de los paranys, que requiere un mantenimiento específico del terreno, demostró su eficacia como cortafuegos natural durante el reciente incendio en la provincia de Castellón

Finca trabajada con un parany, que ejerció de cortafuegos y evitó que el terreno fuera pasto de las llamas.

Finca trabajada con un parany, que ejerció de cortafuegos y evitó que el terreno fuera pasto de las llamas. / jAVIER NOMDEDEU

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L'Alcora

Han formado parte de la fisonomía del paisaje castellonense durante siglos. Algarrobos u olivos (en un 80%) en círculo, sometidos a un podado especial, mimados y mantenidos durante años. En el año 2000 llegó a haber casi 4.000 paranyers en la provincia de Castellón. Sin embargo, más de dos décadas de batalla legal y persecución llevó a muchos a la desesperación y a abandonar una tradición ancestral que el incendio de la Vall d'Uixó, que ha afectado a quince localidades de la provincia, ha demostrado que los paranys todavía ejercen como eficaces cortafuegos.

Así lo recuerdan desde la Asociación de 'Amics del Parany de l'Alcora', de históricos paranyeros, así como de la Associació de Paranyers de la Comunitat Valenciana, Catalunya, Aragón y Baleares (APAVAL). Prueba de ello es la imagen que muestra este reportaje, donde se puede comprobar cómo una finca trabajada con un parany ha logrado sobrevivir a las llamas.

Presencia continuada

Tal y como manifiestan los amantes de está modalidad de caza profundamente arraigada al territorio, la práctica conllevaba un monte mucho mas cuidado y limpio, ya que había gente que permanecía más días del año en su parany que en la vivienda habitual del núcleo poblacional e incluso algunos llegaban a estar todo el año viviendo en el mismo por el cuidado que tenían hacia el mismo y el terreno que los rodeaba.

Paranys mantenidos y con agua

El mantenimiento del parany y la vida social alrededor del mismo obligaba al dueño a limpiar el sotobosque. Además, todos estos ejemplares contaban, además, con puntos de agua, la mayoría con balsas o accesos que contribuían a las labores de extinción en caso de incendio. Además, la presencia de estas personas en el entorno rural ayudaba a la detección temprana de fuegos que se controlaban pronto. Además, dado que el parany requiere de un diseño arbolado muy específico y podado, con un suelo limpio de matorrales e inflamables alrededor, al mantener el terreno desbrozado y los árboles controlados, estas numerosas parcelas funcionaban técnicamente como áreas de cortafuegos o "puntos de anclaje" en zonas forestales y agrícolas combinadas.

Así, se ha podido comprobar como en las localidades con tradición paranyera el fuego no ha fulminado tantas casas de campo o los típicos 'masets' como en las que no tenían paranys.

Un cuarto de siglo de lucha

El parany lleva 25 años prohibido. La demostración de que el mundo del parany es mucho más que una caza tradicional, lo demuestran la vitalidad y resistencia de Apaval en defenderlo, a pesar de los reveses y contratiempos que ha sufrido en estos últimos años. Así se demostró en su asamblea: la asociación sigue trabajando con renovados esfuerzos año tras año para lograr revertir las calificadas como injusticias que han venido soportando sus socios. Esta actividad tan arraigada en el acervo de los pueblos de Castellón y otras comunidades como Aragón, Cataluña y Baleares y que ha contribuido a dar vida al mundo rural, está en estos momentos centrada en la reivindicación de la autorización del método del cesto malla y en adecuar toda la cultura ancestral que encierra a los tiempos actuales, sin perder los valores positivos de la que es depositaria y que tantos hombres y mujeres han aportado en tiempos pasados y que cuando llegan sucesos como los temidos incendios del verano ponen como ejemplo sus valores positivos y medioambientales.

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