Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Eclipse de 1905: Cuando Castellón se convirtió en el gran observatorio de Europa

El eclipse total de Sol del 30 de agosto de 1905 atrajo a la provincia a algunas de las expediciones científicas más prestigiosas del mundo. Mientras los astrónomos desplegaban telescopios, cámaras y espectroscopios, miles de vecinos aguardaban con cristales ahumados la llegada de la noche en pleno día.

Eclipse de sol de 1905.

Eclipse de sol de 1905.

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Carmen Tomás

Carmen Tomás

Castellón

Castellón será uno de los privilegiados lugares de la Península donde se podrá visualizar el #eclipse2026 total de sol del 12 de agosto.

Ya el miércoles 30 de agosto de 1905, la provincia se convirtió en un gran observatorio internacional durante el eclipse total de Sol. Científicos llegados de varios países desplegaron telescopios, cámaras y espectroscopios, mientras miles de vecinos y visitantes aguardaban con cristales ahumados la llegada de la noche en pleno día. Así lo describe en su libro Eclipses totales de Sol en Castelló de la Plana 1860 y 1905, el profesor Manuel Canseco Caballé.

Comisión inglesa en Castelló, en el solar del Hospital Provincial aún en construcción, para ver el eclipse de 1905.

Comisión inglesa en Castelló, en el solar del Hospital Provincial aún en construcción, para ver el eclipse de 1905. / Mediterráneo

Aquella mañana de 1905 Castellón parecía celebrar una fiesta mayor. Las calles estaban llenas de visitantes, hoteles, posadas, cafés y casas de comidas no daban abasto y muchas viviendas particulares se habían convertido en improvisadas fondas. En azoteas, balcones y plazas, una multitud esperaba el fenómeno que durante unos minutos iba a ocultar el Sol.

En 1903, el astrónomo José Joaquín Lánderer había señalado Les Columbretes, Alcalà de Xivert y Alcossebre como los mejores puntos de observación del eclipse. El archipiélago ofrecía una ubicación privilegiada, pero presentaba el problema del alojamiento. Alcalà y Alcossebre, situadas en la línea de totalidad, estaban bien comunicadas, próximas al mar y lo bastante alejadas de las montañas, donde las tormentas de agosto podían comprometer el trabajo científico.

El astrónomo Janssen a su llegada en ferrocarril a Alcalà de Xivert en 1905.

El astrónomo Janssen a su llegada en ferrocarril a Alcalà de Xivert en 1905. / d

Ingleses, italianos, franceses, rusos...

La banda de totalidad atravesaba el territorio entre Valencia y Hospitalet de l’Infant, lo que atrajo a numerosas expediciones. En la capital, una comisión oficial inglesa organizada por la Royal Society y la Royal Astronomical Society instaló su observatorio en el huerto del Hospital Provincial, aún en construcción. Entre sus integrantes figuraban A. Fowler, E. H. Rayner y Edward Cahen. Su instrumental incluía telescopios, espectroscopios, un coronógrafo y una cámara fotográfica de 13 metros para captar la corona solar.

El recinto del hospital fue custodiado por soldados, guardias civiles y municipales. Las fábricas de ladrillos de los alrededores apagaron sus hornos para mantener el cielo libre de humo. En la terraza del Instituto se instaló, además, la comisión encabezada por Frank H. Bigelow, profesor de la Weather Bureau de Washington.

Una expedición italiana, dirigida por G. Mengarini, eligió una noria situada en un huerto de naranjos de Torreblanca. Sus científicos querían fotografiar los colores del sol a través de cristales. A su vez, la doctora Mengarini pretendía observar el comportamiento de las flores.

Alcalà de Xivert y Alcossebre se convirtieron en el verdadero epicentro. En Alcalà se concentraron cinco comisiones. Las de París, Niza y San Petersburgo se acomodaron en el huerto de los franciscanos bajo la dirección del conde Aymar de la Baume Pluvinel. La expedición parisina transportó una veintena de cajas con un telescopio ecuatorial, un espectrógrafo, un fonógrafo y cámaras fotográficas; para coordinar los aparatos llegó a instalar una línea telefónica. Algunas de aquellas misiones buscaban incluso determinar la existencia del planeta Vulcano.

En Alcossebre trabajó la prestigiosa comisión de Pierre Jules César Janssen, director del Observatorio de Meudon, junto con otros investigadores, como Milan R. Stefanik, doctor de la Universidad de Praga, y fotógrafos. Cerca del mar se repartían también el observatorio de Lánderer, una expedición rusa y la comisión del Observatorio del Ebro.

Placa homenaje a la expedición de 1905 para ver el eclipse solar en Alcossebre.

Placa homenaje a la expedición de 1905 para ver el eclipse solar en Alcossebre. / BARTOMEU ROIG

Cinematógrafo

En Vinaròs, José Comas Solá, director del Observatorio Fabra de Barcelona, empleó el cinematógrafo, con una cámara aplicada a un espectroscopio de protuberancias. Obtuvo la primera secuencia cinematográfica del espectro cromosférico, aunque la película terminó 20 segundos antes de la totalidad y frustró la grabación del espectro relámpago.

Los trenes acercaron el eclipse al público. Las compañías redujeron tarifas y ampliaron servicios; viajar en tercera clase desde Valencia hasta Castellón costaba 3,25 pesetas. La mayoría siguió las indicaciones de la prensa y fabricó cristales ahumados para mirar al cielo. Los tranvías llevaron a centenares de personas al Grau y la plaza de Castelar fue uno de los lugares más concurridos.

Meteorología

El tiempo mantuvo la incertidumbre hasta el último momento. Castellón amaneció encapotado y hacia las ocho de la mañana descargó un chaparrón, pero una brisa despejó después el horizonte. A las 11.55 horas y 30 segundos, casi en el instante previsto, la Luna produjo una pequeña mordedura en el disco solar. Entonces aparecieron nubes desde la sierra de Espadán. A las 12.24 horas ya ocultaban el Sol y obligaban a suspender casi todos los experimentos. Fowler recorría desesperado el recinto mientras desde la finca del concejal Enrique Jimeno se lanzaban cohetes granífugos contra la base de las nubes, sin conseguir dispersarlas.

La claridad fue desapareciendo. Poco antes de la totalidad ya resultaba imposible leer los caracteres más pequeños. Cuando llegó la totalidad el paisaje quedó velado en una semioscuridad que hizo que los animales se recogieran en sus refugios, creyendo que era de noche. El eclipse total duró 3 minutos 26 segundos. Después la luz regresó con rapidez y la multitud, que había seguido el proceso en un silencio imponente, aplaudió. A las 14.35 horas y 58 segundos, cuando terminó, lucía un sol espléndido. Los científicos, mientras, quedaron un poco consternados por no haberlo podido apreciar completamente.

Un hormiguero

A pocos kilómetros, la experiencia fue muy distinta. En Alcalà, unas 300 personas llegaron en un tren especial que se había organizado en Castelló y se unieron a otras 400, entre ellas numerosos extranjeros y periodistas. Azoteas y cubiertas se convirtieron en improvisados lugares de observación. Los astrónomos lo tenían todo preparado en sus dependencias. El cielo se despejó, la corona apareció con toda su intensidad y la temperatura descendió siete grados. Las comisiones obtuvieron abundantes fotografías directas y espectroscópicas gracias a las excelentes condiciones.

Alcossebre era un hormiguero. La playa, las azoteas y los campos estaban repletos, mientras varios buques y lanchas aguardaban frente a la costa. Durante la totalidad no se distinguían las embarcaciones; aparecieron estrellas, Mercurio y Venus. Janssen observó desde una silla ante su telescopio. La oscuridad era tan densa que desde el Bartolo se observaba una débil luz. A las 13.21 minutos, cuando volvieron los primeros rayos solares, los vivas del público recibieron los hurras de los astrónomos. Pasteur logró tres fotografías de la corona, Lánderer tomó seis y la estación rusa obtuvo trece.

Campamento francés en Alcalà de Xivert.

Campamento francés en Alcalà de Xivert. / ds

En Vinaròs ese día hubo nubes y claros. A los 3.36 segundos del comienzo de la totalidad, una nube ocultó la visión durante un minuto. Comas Sola realizó 3 fotografías de la corona.

Castellón había vivido un acontecimiento científico, pero también una experiencia colectiva difícil de olvidar: durante unos minutos, vecinos y sabios llegados de medio mundo miraron juntos hacia un sol ausente.

El precedente de 1860

El precedente había llegado el 18 de julio de 1860. La segunda parte del libro de Manuel Canseco Caballé recuerda aquel eclipse total, cuya zona de oscuridad cubrió también toda la provincia y cuya línea de totalidad pasó por Penyagolosa, el Desert de les Palmes y Orpesa. Duró más de tres minutos, al encontrarse el Sol casi en el afelio y la Luna cerca del perigeo, y atrajo a la Península a casi todos los científicos europeos más importantes de la época.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents