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ENTREVISTA | JOSEP HERRERO Ex presidente de la junta rectora del Parque Natural de la Serra d'Espadà y activista en su defensa durante 50 años

«La montaña se recuperará, lo que hay que mantener son las ganas de cuidarla que han surgido ahora por el incendio»

Este vecino de Artana de 84 años lleva más de media vida dedicándose a la defensa de la Serra d’Espadà, ha sido presidente de la junta rectora del parque natural y de la Societat d’Amics (SASE)

Josep Herrero lleva casi 50 años dedicándose a la defensa y protección de la Serra d'Espadà desde Artana.

Josep Herrero lleva casi 50 años dedicándose a la defensa y protección de la Serra d'Espadà desde Artana. / MÒNICA MIRA

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Mònica Mira

Mònica Mira

La Vall d'Uixó

Josep Herrero, quien fuera presidente de la junta rectora del parque natural y de la Societat d’Amics de la Serra d’Espadà (SASE), entre otros compromisos en defensa del entorno natural del sur de la provincia de Castellón, ha sido testigo directo de la destrucción de una parte del paisaje que durante medio siglo ha luchado por defender y poner en valor. Vecino de Artana, analiza con la perspectiva de la experiencia de un activismo ecologista y conservacionista, lo que ha pasado y lo que debería hacerse para que no volviera a suceder.

Después de más de media vida dedicado a la defensa de la Serra d’Espadà, ¿con qué sentimiento ha asistido a un incendio forestal que la ha destruido en parte?

Con un disgusto muy grande, pero debo decir que es una tristeza compartida con mucha gente que a lo mejor no se ha preocupado tanto como yo por la Serra. Lo que nos puede diferenciar aquí en Artana y en otros municipios de la zona, es que los días pasan, pero no podemos alejarnos de la realidad. Mientras otros lo piensan y con el tiempo pueden llegar a olvidarlo, a nosotros la vista con solo mirar por la vetana te da un recuerdo constante.

Su activismo le ha llevado a estar al frente de instituciones y organizaciones como la junta rectora del parque natural, la SASE o la Fundació Serra d’Espadà, pero viene de lejos. ¿Sabría ponerle fecha de inicio a ese compromiso?

Sí, con exactitud. Fue en el año 1980, cuando se abrió la cantera en les Penyes Altes. Asumí la responsabilidad de impulsar la defensa de les penyes y estuvimos 30 años peleando, hasta que al final se retiró el permiso, aunque allí dejaron un gran agujero. Aquel proyecto era realmente destructivo, porque un incendio se enciende, se apaga y con el tiempo, crecerán los árboles de nuevo. Pero una cantera es lo peor, porque lo que provoca es la desaparición irreversible del suelo. Aquella movilización por les Penyes Altes despertó mi interés por el conservacionismo y fue el inicio de mi ecologismo activo y militante.

Estos días, se ha vuelto a hablar mucho de prevención, de que el fuego se combate antes de que se declare. En todo este tiempo de activismo y durante su etapa al frente de la junta rectora del parque natural , ¿llegaron a plantear cómo abordar esta cuestión?

En la junta rectora no tienes competencia para la toma de decisiones, aunque al menos tienes una voz, además de un título muy largo (ríe). A mí me propuso quien fuera director, José Vicente Escolar. Durante aquella etapa, elaboramos un plan de gestión, que proponía realizar cortafuegos teniendo en cuenta los 756 kilómetros de carreteras y pistas que existen en el parque natural. Llegamos a hablar con una empresa de pelets que estaba interesada en aprovechar la madera que se generara e incluso planteamos al Hospital de la Plana de Vila-real que cambiara su sistema de calefacción por uno de biomasa triturada, y el gerente de ese momento le pareció una buena idea. Pero la Administración no quiso gastarse el dinero que llevarlo a cabo suponía. Un técnico forestal realizó otro proyecto para introducir el pastoreo con cabras, pero tampoco prosperó. En los dos casos, eran propuestas de gestión para hacer más eficiente el bosque, pero cuestan un dinero que no se quiso invertir.

Josep Herrero vive con tristeza, aunque con optimismo, que el paisaje de su pueblo le recuerde todos los días y en todo momento lo que se ha perdido.

Josep Herrero vive con tristeza, aunque con optimismo, que el paisaje de su pueblo le recuerde todos los días y en todo momento lo que se ha perdido. / MÒNICA MIRA

¿Y qué opinión le merecen los debates que proliferan en la actualidad sobre las diferentes opciones de gestión forestal?

Yo creo que hay mucho discurso y poca acción. Como con el fútbol, todo el mundo parece entrenador. Tenemos soluciones para cualquier cosa, pero no vemos que, a veces, no son las soluciones más correctas. En especial, cuando se habla de la limpieza del monte. El bosque no está sucio a no ser que las personas dejemos basura. Lo que puede tener es un exceso de biomasa y eso sí que es consecuencia de una falta de gestión. Antes, se recogía la leña porque tenía diversos usos. Se cortaban las ramas más bajas de los pinos para los hornos de las panaderías; o el matorral para la cerámica en Onda; había pastoreo y una actividad agrícola que generaba un mosaico muy eficaz para frenar el fuego. No había casi incendios y los que se producían no tenían nada que ver con estos. La situación no es igual, porque esas actividades han dejado de ser rentables. Deberían concederse ayudas específicas para mantener la actividad ganadera y agrícola, lo que ayudaría a mantener el equilibrio perdido.

«El monte no está sucio para que se tenga que limpiar limpiarlo, lo que hay es un exceso de biomasa por gestionar»

Josep Herrero

— Activista conservacionista durante 50 años

Estos días, usted se ha visto obligado a abandonar su casa por el incendio, y desde ese exilio forzoso, escribió una carta en la que incidía en que este fuego cuenta la historia de un fracaso. ¿A qué tipo de fracaso se refiere?

Creo que fue un fracaso en la extinción, porque se desaprovechó el primer momento y después ya fue inapagable. Pero la realidad es que ese fracaso viene de antes. Algunas personas que son responsables de la prevención y la extinción de incendios son elegidos más por afiliación política que por preparación. Particularmente, soy muy crítico con las palabras del conseller en las que se dijo que lo primero eran las personas, cuando los pueblos ya estaban evacuados, y así se justificó dejar perder la montaña. Opino que en un incendio no deberían prevalecer los mensajes políticos sobre las decisiones de los expertos.

Muchas voces coinciden en señalar las mismas necesidades para trabajar en la prevención, pero son medidas que vuelven a mencionarse, año tras año cuando hay incendios, pero no se aplican. ¿A qué cree que se debe?

La gestión forestal no es fácil. Tenemos la teoría: mantener la agricultura en mosaico, recuperar el pastoreo, abrir franjas de protección de los pueblos, pero hacerlo no solo es difícil, también es caro.

Josep Herrero no solo defiende y pone en valor el patrimonio natural, también el histórico, como el reducto de unos baños árabes que todavía se conservan en Artana.

Josep Herrero no solo defiende y pone en valor el patrimonio natural, también el histórico, como el reducto de unos baños árabes que todavía se conservan en Artana. / MÒNICA MIRA

Y ante ese panorama, a punto de cumplir los 84 años y después de casi 50 de activismo, cuando presencia un incendio como este, ¿no pierde la esperanza?

Yo soy muy optimista. Hace años, cuando había un incendio, a la gente no le importaba, se decía: «Pues mira, se ha quemado. Mientras no se quemen las casas...», y les daba igual. Ahora hay una preocupación grandísima. Hemos ganado eso. Es cierto, se ha quemado un 12% del parque natural y otras zonas de gran valor como Font de Cabres, pero tenemos un 88% que no y deberíamos preocuparnos por cuidarlo. La naturaleza no tiene prisa, pero es constante. Los alcornoques, las carrascas, los lentiscos rebrotarán, sobre todo en la zona de rodeno, y de aquí un tiempo volveremos a tener bosque. Yo ya no lo veré, pero no me importa. Lo que quiero es que se regenere. Esa sensibilización que hay ahora es la que hay que aprovechar. A todas esas personas que se están organizando para ayudar, llevadas por las emociones del momento, les diría que mantengan esa voluntad. Que esperen, que tengan paciencia y cuando se pueda, en un año o dos, que colaboren. Se puede hacer replantando, abriendo caminos, pero también respetando el bosque.

Porque el del activismo conservacionista es un camino que no se puede recorrer en solitario, ¿no?

Así es. Yo siempre he estado acompañado. Especialmente debo destacar el apoyo de mi mujer y de mis tres hijos, sin ellos, todo lo que he hecho no habría sido posible.

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