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Cuatro años después del incendio de Bejís la plataforma ciudadana creada para su recuperación lamenta «el abandono institucional»

Alertan de que el arbolado que se quemó sigue caído sobre las montañas y unido al «incipiente sotobosque seco por el calor y la falta de lluvia» son una amenaza para el monte y los municipios de la zona

Estado que presenta el monte en la actualidad, cuatro años después del incendio forestal de Bejís que quemó alrededor de 20.000 hectáreas en el Alto Palancia.

Estado que presenta el monte en la actualidad, cuatro años después del incendio forestal de Bejís que quemó alrededor de 20.000 hectáreas en el Alto Palancia. / ORIWA

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Mònica Mira

Mònica Mira

Castellón

El 15 de agosto del 2022 una tormenta seca provocó un incendio forestal que se inició en el término municipal de Bejís y que acabó arrasando prácticamente 20.000 hectáreas del Alto Palancia. Como está sucediendo con el de la Serra d'Espadà, la movilización ciudadana para dar respuesta a la catástrofe motivó la creación de una plataforma denominada Oriwa, que cuatro años después denuncia que sus montañas son ahora más peligrosas incluso que entonces.

La advertencia se hace coincidir con ese aniversario pero no es la primera vez que la hacen pública. Ya en el 2025 incidieron en que desde las administraciones públicas no se había hecho ningún tipo de gestión forestal de las áreas afectadas. Un año después, y en un contexto de proliferación de los grandes incendios forestales en la península ibérica y a tres semanas del que se inició en la Vall d'Uixó, vuelven a alzar la voz para afirmar que «los montes de la cabecera del Palancia siguen amenazados por el fuego ante la inacción y el abandono institucional».

Para que su denuncia no quede en palabras, comparten imágenes y han editado un vídeo con el que quieren dar a conocer la situación a quienes no son de la comarca o no la visitan de forma habitual, y visibilizar el estado de unos montes donde «el arbolado tumbado cubre el suelo, entre un sotobosque incipiente seco por el calor y la falta de lluvia».

Muchos de los árboles que se vieron afectados y se mantenían en pie «este invierno cayeron a causa de los fuertes vientos» lo que describen como «un peligro para la integridad física de los vecinos que transitan por carreteras, pistas y caminos, y se ven obligados a retirar como pueden troncos o piedras que se encuentran a su paso porque caen continuamente».

Desde la plataforma no se limitan a reclamar una intervención de las administraciones competentes. También han pasado a la acción, con diferentes campañas de reforestación y realizan propuestas, como utilizar los troncos caídos «a modo de fajinas que minimicen la erosión del suelo, que es la principal de las amenazas del monte quemado».

Sin plan de gestión

Desde Oriwa, que se planteó a partir de la filosofía no solo de reforestar las montañas sino también para contribuir «a la recuperación social y medioambiental de nuestro entorno», exponen que «tras el incendio, el territorio continúa exclusivamente en manos de la regeneración natural, cuando es necesaria la ejecución de un plan de gestión consensuado con las personas que viven en él».

La consecuencia de que después de cuatro años no se haya impulsado una intervención integral desde la administración está provocando la proliferación, como suele ser habitual en estos casos, «de muchas zonas con un extenso mar de Pinus halepensis (pino carrasco o pino blanco), con tal densidad que a la vuelta de unos años resultará incontrolable, si no se actúa rápidamente». No son pocas las voces expertas que advierten que esta especie es una de las principales amenazas de las masas boscosas en la provincia de Castellón.

Los vecinos de las zonas afectadas conviven de manera habitual con la caída de ramas, troncos y árboles quemados, cuatro años después.

Los vecinos de las zonas afectadas conviven de manera habitual con la caída de ramas, troncos y árboles quemados, cuatro años después. / ORIWA

En el cuarto aniversario de aquel devastador incendio, desde la plataforma ciudadana piden «un monte gestionado e integrado en la actividad socioeconómica para que nuestros pueblos se recuperen», además de insistir en la «necesidad de destinar recursos y mantener una apuesta clara por las comarcas más necesitadas del interior de nuestro territorio».

Esta denuncia ciudadana no solo constituye un toque de atención para las administraciones, también se convierte en un espejo en el que pueden mirarse quienes estos días están empezando a organizarse para actuar tras el incendio forestal de la Vall d'Uixó del pasado 25 de julio y que afectó a la Serra d'Espadà, una parte perteneciente al parque natural.

Precisamente, este domingo se ha convocado a las entidades ecologistas, conservacionistas y culturales que llevan trabajando en el entorno de la Serra d'Espadà para conformar una plataforma que plantee esa intervención integral a largo plazo, tanto en las áreas afectadas por el fuego, como en el 88% del parque natural que en esta ocasión se ha salvado, pero que como han alertado en numerosas ocasiones, es un gran polvorín por el abandono rural, la proliferación de combustible con masas boscosas densas y con una gran continuidad sin ningún tipo de gestión y las crisis climática, que agrava cualquier incendio que pueda producirse.

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