Los dos superdonantes de Castellón que suman 184 donaciones y lanzan un aviso para este verano: "Lo que hacemos no tiene ningún mérito"
Joaquín Serra y Nacho Valerorelatan cómo convirtieron la donación de sangre en un hábito y animan a incorporar nuevos donantes ante el descenso habitual de reservas durante los meses estivales

Joaquín Serra, acompañado por su hija María Isabel y por el equipo sanitario, muestra la placa recibida en reconocimiento a sus 91 donaciones de sangre. / Instagram:@gvadonasang
Entre Joaquín Serra y Nacho Valero Fuster suman 184 donaciones de sangre. El primero, vecino de Almassora, tiene 63 años y acaba de alcanzar la número 91. De hecho, le acaban de dar la placa que acredita que es un ‘superdonante’. El segundo, de 54 años, lleva 93, aunque las primeras lo hizo en Alicante. Ninguno habla de hazañas por más que su solidaridad salve vidas. Los dos restan importancia a su constancia y prefieren utilizar sus cifras para lanzar un mensaje a quienes dudan: donar no duele y es necesario para quien lo necesita.
«Lo que yo he hecho no tiene ningún mérito», insiste Serra. Su preocupación es otra. Cuando acude a donar suele encontrarse con las mismas personas. Por eso anima a que se incorporen nuevos donantes, sobre todo durante el verano, una época en la que las aportaciones disminuyen mientras las necesidades de los hospitales se mantienen intactadas.
Su primera experiencia
Su primera vez llegó después de los 30 años. Había ido al Hospital General de Castellón para visitar a un familiar y decidió probar. Reconoce que acudió con miedo, pero la experiencia disipó sus recelos iniciales. «La gente que cree que le pueden hacer daño o que le puede pasar algo malo puede estar tranquila. Si fuera así, yo no habría vuelto», afirma. En más de noventa donaciones, asegura, nunca ha sufrido «ningún efecto adverso».
"Mi padre también era donante y lo dejó cuando le dijeron que no podía seguir por su edad. Yo haré igual"
Serra dona habitualmente en Almassora, donde se organiza una recogida mensual, aunque también acude al Hospital General de la capital de la Plana. Su objetivo está a la vista: «Me gustaría llegar a las cien». No sabe si podrá seguir hasta los 65 o hasta los 70 años, pero tiene clara su intención: continuará mientras se lo permitan. «Nunca he tenido que recibir sangre y espero que, si algún día me toca, haya para mí», resume.
La solidaridad también ha encontrado continuidad en su familia. Su hija, María Isabel, de 22 años, lo acompañó en su última cita y completó su sexta donación. Ese relevo generacional demuestra que el hábito puede transmitirse con la misma naturalidad con la que un padre comparte cualquier otro valor: «Si quiere, teniendo en cuenta su edad, ella me superará».

Imagen de Nacho Valero. / Mediterráneo
La historia de Nacho Valero Fuster comenzó en casa. Tenía unos 18 años cuando acompañó a su padre, que era donante, y decidió seguir su ejemplo. Desde entonces ha donado en Alicante, donde vivió durante una etapa, en Nules y, más recientemente, en el Hospital General y en el punto de la avenida del Mar de Castelló.
Valero suele acudir cuatro veces al año y tampoco ha tenido problemas después de donar en ninguna ocasión. Destaca el cuidado de los profesionales. «No hace nada de daño», asegura. Tras la extracción, explica, basta con hidratarse, comer algo y evitar grandes esfuerzos durante un rato.
Un hábito saludable
Ambos coinciden en algo básico: hay que acudir en buenas condiciones y sin hacerlo en ayunas, a diferencia de lo que pasa cuando acudes a unos análisis. Joaquín lo cuenta con humor: conviene ir alimentado, pero no después de «siete carajillos». El mensaje de fondo es serio. Son apenas unos minutos para el donante, pero una ayuda de enorme valor para quien necesita una transfusión.
«Si no fuera por la gente que dona sangre, yo no estaría aquí ahora»
Nacho seguirá mientras su salud se lo permita, igual que hizo su padre hasta que la edad se lo impidió. Joaquín mira ya hacia su donación número cien. Dos trayectorias distintas, un mismo compromiso y 184 razones para que otras personas se animen a ocupar una de esas sillas de donación.
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