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Agricultura

Europa compra más naranjas de fuera que nunca y castiga al campo de Castellón

Las importaciones de terceros países alcanzan máximos y el avance de Egipto y Sudáfrica añade presión al sector

«Sin cláusulas de salvaguarda o aranceles no tenemos nada que hacer», advierten los productores de la provincia

Varios trabajadores durante las labores de carga de un buque de naranjas.

Varios trabajadores durante las labores de carga de un buque de naranjas. / Mediterráneo

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Elena Aguilar

Elena Aguilar

Castellón

La citricultura de Castellón hace años que no pasa por su mejor momento y, para muchos, uno de los responsables de tanta desgracia tiene nombre y apellidos: la Unión Europea. Y los datos que acaba de publicar el Ministerio de Agricultura vuelven a dar la razón a quienes sostienen que la política comercial de Bruselas está hundiendo a los productores de la provincia. Mientras que de las fincas de la Plana Baixa o el Baix Maestrat salen cada vez menos kilos de naranjas y mandarinas, las importaciones desde terceros países alcanzan máximos. Y esta campaña se ha batido un nuevo récord.

Para el sector, las cifras son escandalosas. Entre septiembre del 2025 y mayo de este año, la UE ha recibido 1.572.564 toneladas de cítricos procedentes de terceros países, el mayor volumen acumulado de la serie histórica y un 15% más que en el mismo periodo de la campaña anterior y confirma la creciente presión de las importaciones sobre los productores comunitarios.

Sudáfrica sigue siendo el principal proveedor extracomunitario de cítricos de la Unión Europea en el conjunto de la campaña. Entre septiembre y mayo concentró el 31,4% del volumen importado y sus envíos se situaron un 27,8% por encima de la media de las cinco campañas anteriores. Su peso resulta especialmente sensible para el campo valenciano por la coincidencia de parte de sus exportaciones con el arranque de la campaña citrícola europea y por las reiteradas quejas del sector ante el riesgo de entrada de plagas.

Egipto ocupa la segunda posición y es el origen que más fuerza gana en los meses centrales de la campaña. Sus envíos superan en un 31% el promedio de los últimos cinco años, impulsados por las mayores entradas de naranjas y mandarinas. Turquía cae al tercer puesto, mientras que Marruecos ocupa la cuarta posición tras elevar un 7,3% sus ventas a la UE.

"Nos están comiendo"

Aunque la naranja continúa siendo el cítrico más importado desde terceros países, lo significativo es que el crecimiento más intenso se da en los pequeños cítricos, donde se incluyen mandarinas y clementinas, dos productos clave para Castellón. En esta categoría, las importaciones superan esta campaña las 614.000 toneladas, un 50% más que la media de las últimas cinco temporadas. «Las estadística muestra un récord en pequeños cítricos procedentes de Sudáfrica, Egipto o Turquía. Estos países literalmente nos están comiendo y mientras ellos crecen nosotros cada vez producimos menos» alerta Carles Peris, secretario general de la Unió Llauradora . «Sin cláusulas de salvaguarda o tramos arancelarios no tenemos nada que hacer», añade.

Carles Peris, secretario general de la Unió, tira naranjas al suelo en protesta por la entrada masiva de fruta de terceros países.

Carles Peris, secretario general de la Unió, tira naranjas al suelo en protesta por la entrada masiva de fruta de terceros países. / Mediterráneo

Sudáfrica, por ejemplo, ha incrementado sus envíos de mandarinas un 117% (169.904 toneladas en esta campaña), y desde la Unió elevan el tono y reclaman al ministro de Economía, Carlos Cuerpo, y al conseller de Agricultura, Miguel Barrachina, que pasen “de las declaraciones a los hechos” ante el fuerte incremento de las importaciones de pequeños cítricos procedentes de Sudáfrica y el debilitamiento de la citricultura valenciana. La organización pide que España solicite formalmente a la Comisión Europea que evalúe la situación y, si se cumplen las condiciones previstas, active la cláusula de salvaguardia contemplada en el Acuerdo de Asociación Económica entre la UE y los países del África meridional.

Este cambio de escala llega en un momento delicado para los productores de Castellón. La provincia ha visto cómo muchas explotaciones dejan de ser rentables por el encarecimiento de la mano de obra, los fertilizantes, los tratamientos fitosanitarios, la energía y el agua, mientras los precios percibidos en el campo no siempre compensan los costes. A ello se suma el envejecimiento de los agricultores, la falta de relevo generacional y el abandono progresivo de parcelas, especialmente en zonas donde la citricultura ha sido durante décadas una actividad económica y social clave.

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