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El precio del gasóleo pone contra las cuerdas al campo de Castellón: "Llenar el depósito del tractor es una condena"

El coste de producción se ha disparado un 30% desde 2020, con el gasóleo B superando 1,5 euros el litro y los fertilizantes un 82% más caros

Un agricultor trabaja con su tractor en una parcela.

Un agricultor trabaja con su tractor en una parcela. / Mediterráneo

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Elena Aguilar

Elena Aguilar

Castellón

El incremento del precio de los combustibles amenaza con amargar la operación retorno de vacaciones a las familias de Castellón y también está teniendo un impacto directo en el campo. Los costes que soportan los agricultores y ganaderos se han disparado y solo los carburantes acumulan un alza superior al 12% desde que arrancó el verano. "El litro del gasóleo B supera ya los 1,5 euros. Una barbaridad. Llenar el depósito del tractor es un suplicio y los números no dan", denuncian en el sector.

Aunque el incremento del combustible es una de las grandes preocupaciones de los profesionales del campo, el gasóleo no es lo único que está disparado. La Unió Llauradora i Ramadera calcula que desde el 2020 los carburantes acumulan un encarecimiento del 90%, pero el coste de los fertilizantes ha aumentado un 82% y el de la energía un 48%. También han subido con fuerza la conservación y reparación de maquinaria, con un incremento del 39%; los productos fitosanitarios, un 29%; y los gastos generales de las explotaciones, un 28%.

De hecho, según los datos oficiales del Ministerio de Agricultura citados por la organización agraria, el índice general de precios pagados por los bienes y servicios utilizados en la actividad agraria se sitúa en 129,54, tomando 2020 como base 100. En la práctica, esto significa que los inputs agrarios son ya cerca de un 30% más caros que hace seis años, aunque algunos gastos esenciales se han disparado muy por encima de esa media.

El verano dispara la factura

La escala de costes pesa todavía más durante el verano. En los cultivos de regadío, el aumento de las necesidades hídricas obliga a elevar el gasto en agua y energía para bombeo, además de mantener la fertilización, los tratamientos fitosanitarios y el uso de maquinaria. En el secano, siguen pesando especialmente el combustible, la maquinaria, los tratamientos y los abonos.

En las explotaciones ganaderas, la presión tampoco se detiene. Los animales deben alimentarse, abrevarse y atenderse a diario, con independencia de la situación del mercado. Esto mantiene elevados los costes de alimentación, carburantes, electricidad, servicios veterinarios y mantenimiento.

El secretario general de La Unió, Carles Peris, resume la situación con una idea: “Cuando llega el verano no podemos apagar el campo. Los cultivos siguen necesitando agua, energía, tratamientos y maquinaria, y los animales hay que alimentarlos y atenderlos todos los días. Producir alimentos cuesta hoy mucho más que hace seis años y muchos de esos sobrecostes los asume directamente el agricultor o el ganadero”, asegura.

Costes altos y precios insuficientes

La organización advierte además de que esta inflación de costes no se traslada de forma homogénea a los precios que perciben los productores. Mientras los carburantes y los fertilizantes están un 90% y un 82% por encima de los niveles de 2020, respectivamente, los precios en origen de muchos productos no compensan el incremento de los gastos.

La Unió pone el foco en los diferenciales entre origen y destino. En productos agrícolas, señala márgenes del 321% en el calabacín, 385% en la lechuga, 218% en el pepino, 263% en el pimiento rojo, 225% en el pimiento verde, 245% en el tomate de ensalada, 424% en el limón, 147% en el melón y 208% en la sandía. En ganadería, los diferenciales alcanzan el 229% en la ternera de primera, 348% en el cordero, 187% en el pollo, 423% en el cerdo y 238% en el conejo.

Para la organización, estos datos evidencian la necesidad de reforzar el funcionamiento de la cadena alimentaria y garantizar que los productores puedan cubrir sus costes y obtener una remuneración justa. La Unió reclama una aplicación efectiva de la Ley de la Cadena Alimentaria para impedir que el eslabón más débil soporte de forma desproporcionada el encarecimiento de los insumos.

Gasóleo profesional agrario

Ante esta situación, La Unió reclama la creación definitiva de un gasóleo profesional agrario, destinado específicamente a agricultores y ganaderos, con una fiscalidad reducida y adaptada tanto en el IVA como en el Impuesto sobre Hidrocarburos, dentro de los márgenes permitidos por la normativa europea. Y defiende que hay que pasar de medidas coyunturales o devoluciones posteriores a un sistema estructural que abarate directamente el combustible empleado para producir alimentos. “No tiene sentido que un carburante imprescindible para producir alimentos soporte una fiscalidad concebida fundamentalmente para el consumo ordinario”, sostiene Peris.

También reclama medidas estructurales para reducir la factura energética de las explotaciones y del regadío, mediante el impulso del autoconsumo, las energías renovables, el almacenamiento energético, la modernización de los sistemas de riego y las inversiones en eficiencia. Además, pide actuar ante el fuerte encarecimiento de los fertilizantes, especialmente los nitrogenados, y desarrollar una estrategia que permita reducir la dependencia exterior de materias primas esenciales para la producción agraria.

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