Economía
Los precios corren el doble que los salarios en Castellón y empinan la cuesta de septiembre
La vuelta a la rutina coincide con una factura eléctrica que supera los 100 euros y un diésel que roza los 2 euros
En los últimos cinco años, los sueldos han aumentado un 18%, pero la vivienda o la compra lo han hecho un 34%

Varias personas compran material escolar en una gran superficie comercial. / ALEX DOMINGUEZ

Preparen la calculadora. Septiembre está a la vuelta de la esquina y con el noveno mes de año empieza una de las épocas donde toca rascarse el bolsillo. Las vacaciones legan a su fin y el regreso a la normalidad implica llenar de nuevo el depósito de combustible, ir al supermercado o hacer frente a los gastos de la vuelta al cole. Mochilas, libretas, ropa, calzado, academia de inglés, gimnasio... la lista es interminable y lo peor de todo es que al desembolso que supone la vuelta a la rutina se va a sumar este año una factura energética por las nubes y que amenaza con causar otro agujero en la contabilidad de los hogares de Castellón.
Todo (o casi todo) es más caro que hace un año y la primera factura que aprieta es la energía. El gas natural ha subido con fuerza durante los últimos meses y su encarecimiento ha acabado repercutiendo también sobre el precio de la electricidad. Organizaciones de consumidores como Facua calculan que un usuario medio con tarifa PVPC pagará en agosto 101,23 euros (un 17% más que hace un año) y, además, superará los 100 euros por primera vez desde 2022. Y todo apunta a que esa presión podría prolongarse durante el otoño y, más adelante, vuelva a notarse con la llegada del frío.
Pero el verdadero sablazo llega con los combustibles. En las estaciones de servicio de Castellón, el litro de diésel se paga en estos momentos a 1,883 euros, mientras que la gasolina sin plomo 95 alcanza los 1,720 euros. Una locura. El impacto no se limita al conductor particular. El encarecimiento del combustible afecta al transporte de mercancías, al campo y a numerosas actividades económicas, de manera que una parte de ese aumento acaba trasladándose después a otros precios.

Un motorista a punto de repostar en una gasolinera. Los carburantes siguen su escalada. / Mediterráneo
Y queda el supermercado. Los consumidores llevan años adaptándose a unos precios que han transformado la manera de llenar la despensa: mirar más las ofertas, comparar establecimientos, reducir cantidades o dejar determinados caprichos para otra ocasión. Comprar comida no es opcional y, precisamente por eso, cada incremento termina teniendo un efecto directo sobre la capacidad de gasto de las familias.
Cinco años perdiendo terreno
La cuesta de septiembre siempre ha sido empinada, pero la de este año lo es todavía más porque llueve sobre mojado. Y aunque es cierto que los salarios de ahora son superiores a los de hace cinco años, la realidad es que ese incremento no ha sido suficiente para compensar el alza subidón de los alimentos, la gasolina o la vivienda. «Todo, absolutamente todo, es mucho más caro que hace cuatro o cinco años. Los números no salen y la clave es que lo que más ha subido son los alimentos, la luz, el gas o la gasolina. Y todos tenemos que comer, poner la lavadora, encender el ventilador o coger el coche para ir a trabajar », coinciden, a pie de calle, todas las personas consultadas.
Los datos son incontestables. El sueldo medio en Castellón ha escalado un 18,3% en los últimos cinco años (ha pasado de los 1.889 euros de 2021 a los 2.235 de este 2026, según cifras de la Seguridad Social), aunque si se compara el incremento con los principales gastos que afrontan las familias se entiende por qué en muchos hogares no se percibe esa mejora.
Desde el 2021 los alimentos, y según cifras del INE, se han encarecido en la provincia un 34%, prácticamente el doble que los salarios. El precio de la vivienda, por su parte, acumula una subida del 34,3% y para quienes viven de alquiler el desfase resulta todavía más acusado: las rentas han aumentado un 74%, cuatro veces más que los sueldos.
31 euros más por repostar
Los combustibles permiten medir también ese deterioro del poder adquisitivo de las familias. Hace cinco años, un litro de diésel costaba una media de 1,259 euros en Castellón. Hoy son 1,883 euros, un incremento cercano al 50%. O dicho de otra manera: para un depósito de 50 litros el salto supone pasar de pagar unos 63 euros a más de 94. Son alrededor de 31 euros más por repostaje.
La gasolina de 95 octanos ha evolucionado de forma menos abrupta, pero también por encima de los salarios. Ha pasado de 1,415 a 1,720 euros por litro, un 21,6% más. Un depósito de 50 litros cuesta ahora 86 euros, frente a los 71 de hace cinco años.
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