El sector lo tiene claro. "El negocio de la panadería es hoy por hoy, ruinoso", asegura el vicepresidente de la Asociación, Manuel Miralles. Y por ello comienzan ya a perfilar su estrategia de futuro: "Convertir los despachos de pan tradicionales en cafeterías-pastelerías".

"Todos se han dado cuenta de que este tipo de establecimientos son mucho más rentables", explica Miralles. Y es que el oficio de panadero "es muy sacrificado". Además, añade que "no hay un relevo juvenil porque no existe mano de obra cualificada".

Por esta razón, la Asociación de Panaderías y Pastelerías organiza cada año diversos cursos de formación. "En el 2002 hubo uno de panadería con 15 alumnos y los 15 están ya colocados", asegura. En cambio, y en vistas de las necesidades del sector, se programaron otros 12 cursos monográficos de bollería y pastelería.

"Está claro que es mucho más rentable el negocio de la bollería y pastelería junto a la cafetería" afirma Miralles. "Éste es un mercado que nos está compensando la bajada de la rentabilidad de la venta de pan", asegura.

En la provincia hay 450 panaderías pero cada año "se ven obligadas a cerrar en un porcentaje muy elevado". Así, por ejemplo, en el 2002 se clausuraron 15 negocios.

El principal motivo del cierre, es, según Miralles la competencia de los supermercados. "Los súper están vendiendo su pan porque es más cómodo para el ciudadano que trabaja por la mañana y no sale a la compra hasta la tarde", y así asegura que el único motivo es la "comodidad" porque "en calidad no pueden competir con el pan de toda la vida".

Además, se lamenta de que se está perdiendo la tradición de "salir a por el pan y charlar con las vecinas", aunque parece que ésta se compensa con tomarse el cafetito con las amigas.