Seguro que los más mayores recordarán los vetustos surtidores de gasolina, de considerable altura, que solían tener la manguera enrollada y se la colgaban en la oreja. Uno de los más emblemáticos de esa época era el de la plaza de la Independencia, junto a Ribalta.

Me acordé de aquellos aparatos cuando vi con perplejidad lo que han hecho en algunas calles de los alrededores del Hotel del Golf, en el Grao. Concretamente en las avenidas del Golf, los Pinos y algunas más, instalaron en su día nuevas farolas, pero lo rocambolesco es que los cables de electricidad que tendieron después para uso público, están atados a las farolas exteriormente, ascienden hasta la parte superior y desde allí empalman con otros puntos. Ya hace cuatro años.

Quiere decir que en plena calle existe desde hace tiempo un peligro evidente que quedarse frito al menor fallo de estos cables. Es una zona muy concurrida, no ya sólo por animales domésticos, sino preferentemente por niños y gente joven. Caso de resbalar, que a nadie se le ocurra cogerse a la primera farola que encuentre porque puede ser peor el remedio que la enfermedad.