Publicado recientemente por la prestigiosa Hiperión, acabo de recibir del responsable de su edición actual, el profesor de nuestra Universitat y miembro del Consejo Municipal de Cultura y del Ateneo, Santiago Fortuño Llorens, el libro titulado Poesías Asiáticas, puestas en verso castellano por el Conde de Noroña. Es la culminación de la antología poética que a Santiago Fortuño le editó Cátedra hace unos años para Letras Hispánicas y constituye una afortunada aportación del profesor y erudito investigador para encender las luces que iluminen el camino hacia un singular castellonense de nacimiento que, en su faceta poética, ha despertado siempre la atención de especialistas en antologías y ensayos por sus Anacreónticas, las poesías llamadas así por estar basadas en una concepción de la vida que retiene lo agradable y lo fácil. También es famoso su poemario narrativo Ommíada, los Omeyas, especie de cantos de invocación retórica: Sucesos de los siglos ya pasados,/ hazañas generosas de otros tiempos,/ revivid en mi canto numeroso. Y lo que merece especial interés son por su singularidad sus poesías asiáticas, las árabes, las poesías persas, las turcas. Y las especiales Gacelas/ Odas. Con el epígrafe de Primavera, intuyo que Fortuño me desea feliz preparación para mis torres de arena que afronto cada verano. Y me dice con el Conde: Juguemos, bebamos,/ que la primavera/ se marcha al instante,/ nos huye ligera.

Y a la altura de este final de mes de junio, pienso que la primavera ha dado ya paso al verano. Eso está claro, pero mi máquina del tiempo me devuelve a épocas pasadas cuando inexperto y afanoso me atrevía a recitar versos y canciones en festivales y programas de radio, con ensoñaciones que, ¡ay! ahora vuelven. Y ustedes perdonen.

VIDA El 6 de mayo de 1760 nació en Castellón el Conde de Noroña y fue bautizado el mismo día, costumbre de la época, con los nombres de Gaspar María, Luis Antonio y Francisco de Paula según consta en el registro de las partidas de nacimiento de la iglesia de Santa María. Su padre, don Gaspar de Nava Álvarez de Noroña, coronel de Caballería de Bravante y alcaide del Real Palacio de Valencia, había tomado posesión meses antes de los cargos de gobernador político y militar de Castellón. Era su esposa y por tanto madre del poeta doña María Alcega y Cruzat. España se encontraba en un sistema de monarquía absoluta con la figura del rey Carlos III.

El padre del Conde de Noroña fue un noble perteneciente al antiguo linaje de los Álvarez de Asturias, relacionado con el mismo Cid Campeador por su matrimonio con doña Jimena. En su libro Del Castellón Viejo, el historiador Vicente Gimeno Michavila ofrece información cumplida de estos hechos y aclara que, bajo el mandato del padre del conde, que permaneció en el cargo hasta el 15 de mayo de 1763, se estableció que dos correos semanales entre Valencia y Cataluña tuvieran su parada en Castellón.

La enseñanza del niño Gaspar María estuvo siempre bajo la tutela de altos mandatarios de la Iglesia, y muy pronto quedó de manifiesto su buena disposición para la creación literaria, especialmente poética, y su vocación militar. A los seis años ya fue nombrado paje del Rey y a los diecisiete capitán de Dragones. En agosto de 1777 y hasta finales de 1782, capitán en el navío Paula, participó en el ataque de Gibraltar, en persecución de contrabandistas y malhechores. Tuvo un punto de notable disgusto con la muerte en combate del que era su gran amigo, José Cadalso, el autor de Noches lúgubres y Cartas marruecas, quien inyectó en la sangre de Noroña la vena diplomática que tanto influyó en su posterior carrera.

En 1790, ya con Carlos IV en el trono, ascendió a capitán de granaderos de Lusitania, después sargento mayor y en 1793 llegó a coronel, con intervenciones de éxito en Francia. Y, enseguida, nombrado Brigadier, desempeñó los cargos de Ministro plenipotenciario en Suiza y en 1802 de Enviado extraordinario en San Petersburgo, con notables encuentros con Napoleón Bonaparte, logrando detener sus primeros intentos de invadir España. Su imparable carrera militar y diplomática no ensombreció su dignísima producción poética, ni tampoco su vida privada. Y aunque sin hogar estable, contrajo matrimonio, en Madrid y a los 39 años, dicen que por amor, con doña María O´Doile y Marina, de la nobleza española.

Nombrado Mariscal de Campo lo incorporaron al ejército del Miño que el 8 de junio de 1809 consiguió liberar Galicia de la invasión francesa. Fue el año en que el rey Fernando VII le confirió en Sevilla el grado de Teniente General de los Reales Ejércitos. En 1810 fue destinado al Ejército de Castilla la Vieja y se le encargó la Comandancia General del Real Cuerpo de Ingenieros. Era un héroe nacional a todos los niveles, en posesión de la grandes Cruces de San Fernando y San Hermenegildo cuando fue nombrado gobernador político y militar de Cádiz, donde el Duque de Rivas le dedicó aquella composición poética: Pero tú, egregio Conde,/ a quién Apolo la sagrada frente/ entre laurel se esconde...

Bastante joven, a los 56 años de edad falleció en Madrid. Era el 9 de diciembre de 1816, según el Manuscrito 6131 de la Biblioteca Nacional. Su lema fue prefiero la muerte a una mancha en el honor.