En otras vísperas navideñas en las que afloraban recuerdos y añoranzas, hubo un punto de inflexión en nuestro camino y en el de otros seres humanos del mismo entorno ciudadano.

Me refiero a la Navidad de 1953 en la que Tonico Gascó entró en nuestras vidas a través del salón San Pablo. La aventura había comenzado un tiempo atrás: en el rudimentario escenario de la cochera del palacio del Obispo, convertida en salón parroquial, un grupo de jovenzuelos representábamos entre otras obras un juguete teatral a través del que nos situábamos por primera vez ante el dilema de la realidad o la fantasía. Caracterizado de viejo fotógrafo ambulante, el pregón me salía de muy adentro: "¡Señores, seis retratos..., tres pesetas!". Puede que sin darnos cuenta estábamos aprendiendo que el hecho real adquiría matices de grotesca parodia a través de la ficción.

La calle del Gobernador es realmente nuestro primer escenario y en la misma cochera iniciamos la búsqueda del hecho cultural desde la avanzadilla del teatro, como uno de los motores que han movido nuestra vida futura. Con Alfredo Monfort, Manolo Selvi, el seminarista Javier Iturralde, Pedro Díaz, Agustín Peris y alguno más interpretábamos obritas de la Galería Salesiana, dirigidos por Javier Rambla, que era entonces empleado del Banco Central. Logramos el interés por el teatro y diría que provocamos la construcción desde el obispado del Salón San Pablo donde aquella Navidad apareció Antonio Gascó Calduch para dirigirnos la obra navideña En un portal de Belén, como luminaria de nuevos sueños.

LA VIDA Nació en Castellón el día 1 de enero de 1920. Fueron sus padres, Antonio Gascó Ros, delegado provincial de Carreteras dentro de la Jefatura de Obras Públicas, y Consuelo Calduch Ribelles, muy directamente emparentada con Ribelles Comín, ilustre escritor castellonense que fue director en Barcelona del Centro de Cultura Valenciana y autor de una Bibliografía de la Lengua Valenciana, muy de actualidad otra vez.

Antonio es el mayor de cinco hermanos: Consuelo contrajo matrimonio con el farmacéutico Enrique Monerris, Emilia con Juan Juncosa, Carlos con María Teresa Andreu y Paco con María Dolores Vidal.

El padre de familia formaba parte de muchos círculos tanto católicos como culturales y tuvo cierta notoriedad en una época de principios del siglo XX cuando formó parte de la Agrupación Teatral Linares Rivas con Batiste Porcar, Diego Perona y la excepcional actriz Carmencita Sabat. Tal vez por eso, la pasión por el teatro anidó en Tonico y forma parte de su biografía humana y social. Estudiaba bachillerato cuando fue movilizado en 1936 para vivir la aterradora experiencia de la guerra, con especial incidencia en los frentes del Ebro y de Teruel. Y al finalizar la contienda se volcó en el arte escénico a través de la Peña Teatral, con intervenciones como barítono de esbelta figura y grata presencia en obras como La Revoltosa, Un puñao de rosas, La reina mora con el maestro Felip y Manolo Moragrega, Carmen Fernández, Lola Conesa, José Breva, Vicente Gustems, Vicente Babiloni y también Pilar Sidro Alba, con la que se ennovió y contrajo matrimonio en 1946, cuando ya había ganado en apretada oposición la plaza de jefe de negociado en la Junta de Obras del Puerto, de la que era ingeniero director don Carlos G. Espresati.

Con el grupo teatral de Educación y Descanso cosechó grandes éxitos con obras como El conflicto de Mercedes y Militares y paisanos, así como con aquella singular Misa de Requiem, de Verdi, en el entonces Sindical con Carmen Fernández y Amparo Polo y la excepcional Coral Polifónica que dirigía José de Sanmillán. Y en esa línea fue también acontecimiento la gran función de Los Claveles, en homenaje al maestro Eduardo Felip, en la que Gascó fue intérprete y a la vez director artístico con Juan Sabat al piano. Atrás había quedado aquella fecunda rivalidad entre la Peña Teatral y la Compañía Lírica Maestro Bretón, con el director Eduardo Bosch al frente y representaciones tanto en el Principal como en el singular pequeño teatro de la Ronda Magdalena, al que sucedió el coqueto Sindical, que ahora es el Raval.

Los sacerdotes Ramón Royo y Francisco Usó habían creado la gran coral litúrgica llamada Schola Cantorum con un grupo de jóvenes entre los que estaba Antonio Gascó. Se unieron nada menos que las 40 voces masculinas de Castellón y el suceso marca un tiempo de hallazgos increíbles en la posguerra. Casi con una partitura bajo el brazo, en 1948 nació Antonio José Gascó Sidro, experto notable en todas las bellas artes. Fue el niño Jesús de aquel primer belén de 1953, en el que su padre inició la prolífica etapa al frente del TOAR con los inolvidables festivales por San Juan Bosco en el San Pablo y las funciones en el Principal de obras como El Cardenal Cisneros y El zapatero y el Rey, además de La Educación de los padres, Marianela, La Muralla, algunas zarzuelas menores en las que el maestro Rafael Roca consiguió que nos luciéramos todos, y los estrenos de Sacrificio estéril, de Carlos G. Espresati y La fiesta del barrio, que escribimos entre Manuel Nebot y yo mismo, con música del también muy joven Francisco Andreu, nuestro compañero del bolero Fuente de la Plaza Mayor, que cantamos y bailamos en los años cincuenta.