Pero no todos los pobres serán los que pasen la Nochebuena en la calle. Muchas familias, especialmente de inmigrantes, viven en un estado de precariedad, aunque habiten en una casa. Para ellos tampoco es fácil pasar la Navidad y la mayoría de las veces tienen que recurrir a la caridad para seguir adelante. Así lo explicaban ayer Doro y su amigo Emil. Ellos han conseguido alquilar un piso en el que viven la familia de Doro --su mujer, dos hijos y su madre--, Emil y otro amigo que les ayuda a pagar el alquiler. "Pagamos la casa para tener un techo, pero ya no queda para más". En su país solían celebrar una fiesta en Navidad y ahora no saben lo que podrán hacer porque la única que trabaja es la madre. "Yo trabajo sólo unas horas y gano lo que puedo", explicaba Doro, mientras que Emil no tiene trabajo y muchos días tiene que ir hasta el comedor del Padre Ricardo para comer algo. Por eso "la ayuda de los amigos y la caridad es muchas veces necesaria", dicen.

Sin embargo, sus rostros denotan ilusión. Ilusión por mantener lo poco que tienen, sobre todo porque saben que otros compatriotas "viven debajo de un puente incluso con mujeres embarazas".