San Nicolás unió ayer en Castellón dos religiones, la ortodoxa y la cristiana, y dos costumbres de celebrarlo. Mientras en la Biserica romana, los fieles rumanos residentes en la provincia honraban a su patrón con velas para sus difuntos, un ágape de productos típicos y regalos para los niños, en la calle Alloza de la capital de La Plana, el santo de Bari --ciudad italiana en la que está el sepulcro del santo-- recibía las muestras de devoción de los castellonenses con festes de carrer, unción en aceite y la tir de caramelos.

Pero antes de estas celebraciones tradicionales, ambas iglesias oficiaron una eucaristía propia de sus religiones. "En esta misa las oraciones se dedican a San Nicolás, al que se pide que proteja a los niños y ampare a las familias", explicaba ayer Valentín a las afueras de la iglesia ortodoxa rumana, situada en el barrio de Rafalafena. A la celebración asistieron ocho curas ortodoxos, algunos de Valencia, y tres católicos, entre los que estaba el deán de la concatedral de Santa María, José Burgos.

"En Rumanía este santo es muy importante", decía Violet mientras que Otilia, apuntaba que "San Nicolau trae a los niños regalos después de que saquen sus zapatos al balcón". Una tradición que "se secularizó en EEUU y se convirtió en Santa Klaus", añadía Valentín. A la misa, que finalizó con un ágape de alimentos "que traen los fieles", acudieron 400 personas, según el pope ortodoxo, Adrian Nicodin, y se repartieron 250 regalos para los pequeños.

Mientras, en la calle Alloza, San Nicolás dejaba a los niños dulces si eran buenos o si no, patatas y cebollas. La celebración religiosa se ofició con una misa solemne a la que asistieron el concejal de Cultura, Miguel Ángel Mulet, y la concejala de Juventud, Noelia Vilar. Por la tarde, el alcalde, Alberto Fabra, presidió la procesión que salió desde la emblemática iglesia.