Que el personal está hasta las narices de los famosos apagones, por conocido, se acepta. Si los culpables son unos u otros, importa poco, lo que realmente preocupa es el hecho. Parece ser que por estas fechas gastamos mucha luz y por eso se producen restricciones. Bueno, vale. En verano gastábamos menos y también había apagones cada dos por tres.

En cualquier caso, insisto, en que lo menos importante para el consumidor es quien tiene la culpa, sino el hecho en sí. Y ya hace tiempo que padecemos este problema, sin que, por otra parte, se observe una reducción económica en el recibo correspondiente, sino todo lo contrario. Al consumidor no le molesta pagar cuando el servicio es correcto, lo que duele es que en este, como en la mayoría de los casos, siempre pagamos el pato los mismos.