Calidad y excelencia. Dos adjetivos muy importantes, en especial, cuando se aplican al vino, al Vino de Castellón. Es la indicación geográfica de la que, dentro de un tiempo, podrán disfrutar los caldos castellonenses, englobados actualmente en la marca Vins de la Terra de Castelló, cuestión en la que trabaja la Associació Vitivinícola de Castelló para que Bruselas les conceda el reconocimiento de vino de calidad.

Con el convenio suscrito esta semana entre la Diputación y la Associació Vitivinícola de Castelló por el que la institución provincial aporta 12.000 euros para solicitar este reconocimiento, “podemos hacer frente a los gastos de gestión y documentación con ENAC (Entidad Nacional de Acreditación)”, ya que a la asociación, que engloba a 12 bodegas de la provincia, se les hace muy cuesta arriba poder hacer frente a esos gastos, señala el presidente del coelctivo, Ismael Sanjuán.

Si uno de los grandes retos que tienen planteados los bodegueros castellonenses es el de ganar mercado en Castellón, el otro es lograr la denominación de origen. Con esta marca de calidad Vi de Castelló o Vino de Castellón --la asociación la tiene registrada en forma bilingüe-- podría utilizar los términos “crianza” y “reserva”, vocabulario conocido y que ahora no pueden usar los caldos de aquí. “Por eso es clave conseguir esta denominación”, matiza Sanjuán.

Sin embargo, la calidad de los vinos de Castellón está fuera de toda duda. Primero, porque las tierras castellonenses, históricamente, han sido importantes a nivel vinícola, explica Sanjuán. Y segundo, porque “con los nuevos conocimientos y las tecnología más vanguardistas, hemos conseguido un vino de gran calidad, comparable a cualquier vino de España. Podemos competir con cualquier caldo nacional sin problemas”.

En términos semejantes se expresa Gabriel Mayo, titular de Bodegas Mayo García, quien, fue más allá: “En unos años se pedirá el vino de Castellón igual que ahora un rioja porque se están haciendo en la provincia vinos muy buenos”.

De municipios de las comarcas de Alto Palancia-Alto Muijares, Sant Mateu y Les Useres-Vilafamés sale toda la producción de Castellón, una media anual de 2,5 y 3 millones de litros, y que exportan también al extranjero, principalmente Alemania, Estados Unidos e Inglaterra. Testimonialmente a China, donde están descubriendo el mundo del vino, matiza el presidente del colectivo y propietario de Bodega Sanjuán. Pero el principal reto es ganar cuota de mercado, no solo nacional, sino en casa. Y es que en Castellón aún no existe mucha conciencia de la gran calidad de los caldos autóctonos.

EN restaurantes // “Un buen vino de Castellón apetece en cualquier momento y circunstancia”. Y en los restaurantes --donde el ciudadano empieza ya a demandarlo--, hay un amplio abanico de marcas --unas 50--, matiza Ismael Sanjuán. Y son los mismos locales los que los ofertan, como es el caso de La Cuina de Fernando, donde se exhiben diferentes sellos.

Gabriel Mayo se muestra más exigente en la promoción de estos productos autóctonos, al señalar: “Falta cultura del vino”. “Pero somos nosotros, las bodegas, las que tenemos el trabajo de llevar esta cultura a la gente”, matiza. Y ese es otro reto, promocionar las excelencias de los caldos entre los paisanos, por ejemplo, a través de cursos de catas, “que son muy bien acogidos”. Y fue más allá, al referirse a potenciar el turismo enológico en la provincia como forma de promoción de nuestros vinos: “Me sorprende la cantidad de gente de Barcelona, Madrid y Valencia que viene a la bodega para catar el vino el fin de semana”. H