Autoescuelas, transportistas y usuarios se muestran escépticos ante la propuesta del Gobierno de rebajar de 100 a 90 Km/h la velocidad máxima en carreteras convencionales, como la N-340, y abogan por adecuar el tope a las características de la vía. En lo que sí hay quorum es en incrementar el tope de 120 a 130 Km/h en autopistas y autovías e instalar paneles variables, como anunció el ministro Jorge Fernández.

Así, Juan de Eugenio, presidente de la asociación provincial de transportistas, aboga por invertir más en educación vial. Considera que reducir de 100 a 90 el límite no va a tener ningún efecto beneficioso. A su juicio, la velocidad ha de adaptarse a las características de la vía y a las condiciones de circulación. “Habrá tramos en donde perfectamente se pueda ir a 120 Km/h y otros en los que no se podría ir a más de 60”, indica.

Lo mismo argumenta el presidente de la Asociación Provincial de Autoescuelas, Jaime Amorós. “Hay tramos en los que no se puede circular a 90 Km/h por ser claramente peligroso y otros en los que se puede ir perfectamente a 100”, indica. Por eso defiende que en vías convencionales, los límites se adapten a los rasgos de la vía y al tramo concreto, con paletas. Además, indica que, si no readaptan también los límites del resto, autobuses y turismos irán a la misma velocidad (90 Km/h) y no se podrá adelantar.

Actualmente, los límites varían en función del tipo de vehículo. Así, en vía convencional con arcén de 1,50 metros o más el límite es de 100 Km/h para turismos y motocicletas, 90 Km/h para autobuses y 80 Km/h para camiones.

ATASCOS // En la misma línea, Juan Carlos Insa, presidente de la Unión de Consumidores (UCE), cree que no se puede generalizar ya que existen tramos donde se podría circular perfectamente a cien. Además, especula con que incluso reducir la a 90 podría hacer que el tráfico todavía fuera más lento.

Insa critica la improvisación y lamenta que las medidas se adopten sin un debate previo entre la administración, los usuarios y profesionales del sector y sin estudios que evalúen las necesidades, los objetivos y el estado de las carreteras. “Si pretenden incidir en mejorar la seguridad, deberían invertir en mejorar las vías. Si la solución más fácil es reducir la velocidad, denota una falta de imaginación o que no existen recursos”, concluye. H