“Queríais campo, pues ya lo tenéis”. Con esta frase el alcalde de Castellón Antonio Tirado se despidió de sus conciudadanos como máxima autoridad municipal. Fue el 17 de junio de 1987, pocos días después de unas elecciones municipales que en la capital de la Plana significaron el inicio del declive del PSOE. Pero nadie pensó en política durante aquella mágica noche albinegra.

Toda la ciudad se rindió ante una pasión deportiva que es seña de Castellón. Su equipo, fundado en 1922, inauguró su tercer estadio. El primero fue el mítico campo del Sequiol, situado al sur de la ciudad y escenario de tantas glorias albinegras. El segundo fue el primer Castalia, que se inauguró el 4 de noviembre de 1945 en un partido que disputó el Castellón frente al entonces el Atlético de Aviación que es hoy el Atlético de Madrid. Y el tercer campo se inauguró el 17 de junio de 1987, jugando también contra el equipo colchonero. Un nuevo estadio, con capacidad para más de 14.000 espectadores todos sentados, y construido en un tiempo récord bajo la dirección del arquitecto municipal, Joaquín Tirado.

El Ayuntamiento, que financió íntegramente la obra, invirtió cerca de 500 millones de pesetas. Mientras, el Castellón disputó los partidos de la temporada en el campo Marquina del Grao. La inauguración supuso una velada mágica para los miles de aficionados albinegros, muchos procedentes de todos los municipios castellonenses, incluido Vila-real donde, en los 80, aún eran muchos los seguidores del Castellón.

Toda la élite del fútbol español se dio cita en aquella noche de fútbol en la que el Atlético de Madrid se impuso al Castellón por dos goles a uno. Pero previamente, se celebró una gran fiesta en la que los grupos folclóricos de la ciudad ofrecieron una muestra de sus danzas. El momento estelar llegó a las 22.48 horas de aquella noche, cuando el alcalde Tirado declaró inaugurado el nuevo estadio con la presencia de todos los equipos albinegros, desde los alevines al profesional.

La presencia de los veteranos fue otro elemento destacado con el que se recordó a las viejas glorias albinegras como la final de La Copa del Generalísimo disputada en el año 1973 o los ascensos a Primera. Y por último, llegaron los discursos en los que se dijo que al Castellón le esperaban las más altas glorias. Y nadie pudo sospechar que le iba a pasar al equipo 25 años después. H