El colectivo de peluqueros de Castellón estudia agruparse para combatir a las peluquerías ilegales, que cada vez más afloran en bajos y pisos de toda la provincia, con precios “ridículos” que rompen la competencia en el sector. Los profesionales plantean unirse, más aún después de la disolución del Pymec, para trabajar en contra de estos negocios pirata que dañan a un gremio muy tocado por la crisis y la subida del IVA del comienzo del 2013 que cerró 70 negocios en la provincia en medio año. Denunciar estas prácticas al Ayuntamiento, Trabajo y Hacienda está entre sus objetivos, para acabar con la permisividad con los centros clandestinos.

La reivindicación se hace eco en todo el territorio castellonense y la Asociación Provincial de Peluqueros abre las puertas a todos aquellos profesionales que quieran luchar con ellos contra la dañina clandestinidad.

La metodología de los ilegales es sencilla. Acondicionan mínimamente un bajo o un piso y atraen a su entorno, como familia o amigos, con precios más bajos, claro está, sin tributar. Incluso algunos se atreven a colgar carteles para promocionar sus fraudulentos negocios. Además, son muchos los profesionales sin empleo que acuden por las casas para trabajar fuera de la ley.

Lina Baldayo, portavoz de la federación del sector en la Vall d’Uixó, llegó a denunciar con documentos hace unos meses hasta 10 centro ilegales en la ciudad y sospecha que ahora llegan a 20, aunque tanto su Ayuntamiento como Trabajo no hicieron nada para detener los negocios.

En Vila-real, por ejemplo, una peluquería de la zona este denuncia precios de 5 y 6 euros para señoras, cuando las tasas normales varían entre los 15 y los 20 euros: “En las últimas semanas se han abierto muchos negocios con un cartelito en su puerta y precios ridículos imposibles de soportar para un autónomo o empresa”.

Desde Onda, apuntan en la misma dirección: “Los precios de las piratas son más bajos, nosotros pagamos impuestos y así no tendríamos para comer” y continúa diciendo que “sospechamos de varios bajos y pisos”.

Todos los profesionales conocen casos de negocios fraudulentos, como relata un peluquero de Benicarló: “Si yo sé un caso, mi compañero otro y el de enfrente a otros dos quiere decir que en la localidad existen sobre una docena”, y “eso perjudica a las 40 peluquerías que tributamos”. H