Mientras el Consell decide preguntar a Bruselas si levanta el cierre de los 33 paranys científicos de Castellón por miedo a una reprimenda de las autoridades europeas, aficionados a la caza tradicional en Italia y Francia emplean métodos e instalaciones casi idénticas a los paranys científicos para recabar datos con los que estudiar el paso migratorio de las aves.

Por ejemplo, los italianos capturan aves con red, que aquí está totalmente prohibida, para posteriormente anillarlas y conocer así su flujo migratorio. De igual modo, los galos emplean la goma para coger túrdidos, que luego devuelven a su hábitat.

Esta práctica es habitual en ambos países, por ejemplo, aficionados franceses llevan más de siete décadas realizando estudios como el que estaba liderando Apaval, junto a dos profesores de la Universitat Politècnica de València (UPV).

En el caso de los paranys científicos que hasta el lunes operaban en la provincia de Castellón, las autorizaciones, ahora retiradas, contemplaban la captura de aves, su anillamiento, y su posterior suelta. El objetivo era demostrar que el parany sin muerte, entendido únicamente con una finalidad de reclamo, sí puede ser un método selectivo.

RED JAPONESA // En su defensa, tanto el presidente de Apaval, Miguel Ángel Bayarri, como el que fuera máximo responsable de la asociación, Pascual Batalla, han criticado la desigualdad de criterios a la hora de valorar los estudios científicos sobre aves de los paranyers respecto a los de los ecologistas. Y es que aseguran que estos utilizan redes japonesas para capturar aves de cara a realizar estudios sobre censo y migración. Este método también está prohibido y solo se puede practicar con finalidades científicas, previa autorización de las administraciones competentes.

LEY EN EL AIRE // Tras el cierre de los paranys científicos, que la consellera Isabel Bonig, asegura que es cautelar y está segura de reabrir, se da un retroceso a la hora de demostrar el carácter selectivo del parany. Requisito imprescindible para contar con el beneplácito del Gobierno español y, por supuesto, de Europa de cara a una posible legalización por parte del Consell. El problema ahora es que al paralizar estos estudios queda en el aire todo este proceso que se antojaba más cercano cuando se dieron las autorizaciones el pasado octubre.

Los aficionados, como informó ayer Mediterráneo, no tiran la toalla y crearán un lobi en Bruselas para lograr que ampare estos estudios científicos. H