La Conselleria de Medio Ambiente está a un paso de tirar la toalla en su idea primigenia de legalizar la práctica del parany. El asunto le quema en las manos; no sabe qué camino seguir. El rechazo de la Unión Europea a los ensayos científicos y el posterior archivo de la Fiscalía General del Estado sobre los mismos, han sido las gotas que han colmado el vaso. ¿Para qué tuvo que preguntar en Bruselas?, cuestionan los adalides de la tradición. Ha generado un problema inexistente.

Pero aún peor que la tibieza con la que desde Valencia defienden esta modalidad de caza tan intrínsecamente castellonera, es la ruptura que se ha generado en la clase política de nuestra provincia (EU, al margen).

El pacto institucional entre PP, PSPV y CompromÍs se ha dinamitado, hasta el punto de no saber quién está a favor y quién en contra. O a quién le importa un rábano, que, modestamente, creo que es la postura mayoritaria actual.

¿Es a la muerte del parany?