Con el inicio del verano empieza la temporada alta de playa y también el trabajo los 240 socorristas encargados de vigilar los 120 kilómetros de costa con lo que cuenta la provincia. El reto no es fácil y el objetivo es acabar con un mínimo de incidentes y muertes en la playa. “Casi el 90% de las personas que han muerto en nuestras playas en los últimos años ha sido por problemas cardiacos o cortes de digestión, de ahí que el grueso de nuestras recomendaciones vaya dirigido a personas con este tipo de patologías”, explica Toni Albiol, responsable del servicio de salvamento marítimo de Saepla, encargada de la vigilancia de las playas de Peñíscola.

Pero aún hay una parte importante de incidentes en la playa que se deben, fundamentalmente, a la imprudencia. De hecho, se estima que más de la mitad de las actuaciones de los socorristas se podrían evitar si los bañistas respetaran normas tan elementales como la bandera amarilla (precaución en el mar) y la roja (que prohíbe bañarse).

Los responsables de emergencias insisten en hacer llamamientos a la prudencia. “La gente es cada vez más consciente y los ayuntamientos han hecho una labor de información importante”, señala Albiol.

Aunque la mayoría de los bañistas acata las recomendaciones, hay personas que siguen mirando hacia otro lugar. Y es ahí cuando el socorrista puede pedir la ayuda de la policía. Los municipios tienen ordenanzas que conllevan multas de hasta 1.500 euros por hacer caso omiso de la bandera roja. H