Me ha causado sana alegría la lectura, en este mismo periódico, del objetivo del obispo de la diócesis castellonense sobre la aplicación de un Directorio de homilética, siguiendo los consejos del Papa.

Conozco de cerca la conversión de dos matrimonios centroamericanos --sin relación alguna entre ellos-- gracias a una preparada homilía. Una de ellas, ocurrió en una parroquia de Madrid en donde yo también escuché en alguna ocasión estas modélicas homilías, breves, sencillas, con rico contenido y aterrizando en temas actuales. Como también he escuchado otras, improvisadas y tediosas y poco pedagógicas. Que de todo hay en la viña del Señor.

Desconozco el Directorio, pero creo que no es tanto la formación técnica cuanto el deseo firme de sembrar la palabra de Dios de una manera natural y sentida. No se trata de emular la oratoria vicentina, por citar un ejemplo cercano y lejano, a la vez, ni tampoco de irse a ninguna parte, sino de llevar a la práctica ese “tiempo de diálogo de Dios con su pueblo”.

Cerca de Río de Janeiro asistí a una inolvidable homilía de un sacerdote portugués, quien habló de problemas candentes en su área de trabajo, con sencillez y contenido, y a quien quise felicitar. Todos los días de la semana, me dijo, de lunes a viernes, dedicaba una hora a preparar la homilía; tiempo que me pareció excesivo, pero que no lo era al ver los resultados obtenidos. H