Las piedras, las cuestas, la tierra y la vegetación del monte podrían ser barreras para Rubén Marín Aguilar, un joven cazador que no se rinde ante las adversidades y que practica la caza en silla de ruedas. Con tan solo 13 años, la vida de Marín cambió para siempre. Una enfermedad, la mielitis, hizo que sus piernas dejaran de funcionar. «Cuando me vi en esta situación solo tenía dos opciones, rendirme o seguir luchando. Así que acoplé mi vida a esto. Uno no hace lo que puede, sino lo que quiere», destaca.

La afición por la caza se la transmitió su padre desde pequeño y, a sus 26 años, Marín disfruta del monte como el que más. Aunque al inicio empezó en puesto fijo a los tordos, ahora su afán por el jabalí es lo que le mantiene más tiempo en el campo.

«El día de la batida es el momento estrella, pero también me encanta salir a pistear huellas y descubrir por dónde han podido pasar los animales. Para mí la caza no es solo el momento de apretar el gatillo», argumenta el joven.

C on el paso del tiempo, Rubén ha aprendido a manejarse él solo, convirtiéndose en una persona totalmente independiente. «Voy con mi coche a todos los sitios e intento superar las barreras que me encuentro. Cuando salgo a cazar, mis compañeros me buscan el lugar en el que mejor puedo estar, tengo mucha suerte», explica. Para salir al campo tiene otra silla de ruedas para poder desplazarse mejor. «Es una silla un poco más vieja, le he cambiado las ruedas por unas macizas para evitar que se pinchen con cualquier piedra». Aunque realmente, en un futuro, cuenta que le gustaría tener una silla de ruedas a motor para la montaña. «He visto que hay otros cazadores que también tienen la movilidad reducida y van en una silla con motor y acoplada a la montaña: con eso seguramente podría llegar a más sitios».

L a caza no es el único deporte que practica Marín, también juega al baloncesto y al pádel. Una lección de superación y de constancia que da este joven: superar las barreras acoplándolas a la situación de cada uno. H