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El secreto del Garaje del Inglés

El periodista y escritor Javier Andrés publica ‘Siempre seremos ayer. Los diarios olvidados en el Garaje del Inglés’ (Sanguina). La obra es una crónica que bucea en cómo era la vida en la capital de la Plana desde 1947 a 1973.

Javier Andrés detalla su libro sobre el Garaje del Inglés

Gabriel Utiel

Pablo Ramón Ochoa

Pablo Ramón Ochoa

Castelló

Muchos rincones del centro de Castelló están repletos de secretos por descubrir, historias enterradas en la vorágine de una ciudad que se transforma todos los días. El periodista y escritor Javier Andrés ha logrado desentrañar una de esas joyas ocultas en el Garaje del Inglés: unos diarios que llegaron a él y gracias a los cuales ha escrito Siempre seremos ayer. Los diarios olvidados en el Garaje del Inglés, publicado por Sanguina Ediciones, del grupo Sar Alejandría.

Andrés presentó anoche la obra en el Real Casino Antiguo, pero antes habló con Mediterráneo sobre la obra y sobre cómo conoció desempolvó la historia: el histórico propietario de la casa, Manuel Pérez, murió sin herederos, pero dentro de la inmensa vivienda aparecieron unos diarios de Pérez. «Tengo una amiga que trabajaba en la Delegación de Hacienda en Castelló, en Patrimonio, y le dijeron que mirase todos esos diarios para ver si encontraba algún tipo de descendiente que pudiera tener derecho sobre la casa. Esta chica se los leyó y no encontró nada, pero le dijeron que se guardara los diarios por si acaso», cuenta Andrés.

Diarios olvidados

Hace poco tiempo, esa amiga se jubiló y le preguntó a sus jefes qué hacía con esos viejos diarios. Entonces, la casa se había subastado ya y Hacienda consideraba que dichos papeles eran irrelevantes. «Le dijeron que hiciera lo que quisiera con ellos y entonces pensó en mí, y me los dio», dice el escritor.

Al abrir esas páginas encontradas en el Garaje del Inglés, Javier Andrés viajó en el tiempo a una Castelló que ya no existe. Se metió de lleno en la vida de Manuel Pérez, un hombre de la clase alta local del siglo XX, afín al régimen y aventurero. También se pudo zambullir en esa casa histórica de la calle Escultor Viciano, el carrer de la Vieta. Desde sus balcones se veía traquetear a La Panderola y dentro de la vivienda había cuadros de Porcar y de un joven Ripollés, amigos de Pérez, según se desprende de los diarios. 

Andrés ha obviado «la parte más personal» de los mismos para preservar la intimidad del autor, aunque esté ya fallecido, «puesto que estos diarios no fueron escritos para ser leídos». Lo que sí ha decidido sacar a la luz son las páginas en las que Pérez detalla cómo era su Castelló. El inicio de los diarios corresponde a 1947: «Habla de la dificultad de encontrar alimentos, de las castillas de racionamiento, del estraperlo...». Y luego, al mejorar la situación, los diarios se tornan en una crónica social pocas veces vista de la ciudad. «Es interesante para Castelló por la descripción que él da de la ciudad de la época y de cómo esta va evolucionando», reflexiona.

Vuelta al mundo

Además de desgranar los diarios, que acaban en 1973 con la muerte de Pérez, Andrés muestra los artículos de prensa del Heraldo de Castellón en los que contó, en 1936 y durante 60 capítulos, la vuelta al mundo que hizo ese año.

«Salió en barco de Le Havre hasta Canadá, de allí hasta San Francisco y luego a Japón, China, Vietnam... Y al volver, justo estalló la Guerra Civil. Es curioso porque en el Heraldo encontrabas noticias de la guerra y justo al lado una historia de un hombre que está en Bali», subraya Andrés.

Esta crónica deja hueco para otro hombre, ya que Manuel Pérez no era «el inglés», sino que lo era su cuñado, Russell Ecroyd, empresario que instaló allí su negocio de automóviles y buses. Ahora, todos esos personajes vuelven a cobrar vida en el libro. 

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