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Un siglo en el Grau de Castelló: De la tradición a la modernidad

Hace un siglo, se podía describir al barrio como un pequeño poblado de marineros. En este tiempo, ha sufrido una completa evolución que le ha llevado de contar con 2.000 vecinos a superar los 20.000

Iván Fernández

Iván Fernández

Hubo un tiempo en el que el paseo Buenavista era todavía playa y las pescaderas del Grau se montaban en la Panderola para vender por toda la provincia las capturas que sus maridos habían hecho, durante la madrugada, en el mar.

Era una época de fotos en blanco y negro, en el que el distrito marítimo de Castelló se podía describir como un poblado de marineros. Un centenar de años después, en el tiempo de las conexiones digitales y los teléfonos inteligentes, su alma marinera es cada vez más tradición que presente.

La antigua iglesia

Vicente Ortí, representante de la Associació Cultural La Barraca, conoce en profundidad los cambios que el distrito ha vivido en el último siglo o incluso antes, desde que en 1852 se construyó la antigua iglesia y se estableció el primer poblado moderno.

"Hacia 1925, vivían más de 2.000 personas y se empezaron a construir las primeras casas en el paseo Buenavista. El distrito se extendía por la actual calle Canalejas y San Cristóbal, y llegaba hasta la calle Barceló, que se conocía entonces como calle del Conejito. También se desplegaba hasta la avenida Sebastián Elcano", describe Ortí.

Para esa época, el Grau había recibido la primera de las tres olas de inmigrantes que ha acogido desde principios del siglo XX. Sobre 1900, con la construcción del puerto, "llegaron muchos marineros de otras poblaciones de la provincia, como Vinaròs o Torreblanca".

Procesión marítima

Además, en 1925, el distrito empezaba a forjar su personalidad con la celebración de su primera procesión marítima para honrar a San Pedro y la Virgen del Carmen. "Por entonces, contaba con un alcalde pedáneo y todo el mundo se conocía. Se fiaba a los vecinos en las tiendas de ultramarinos y la vida diaria era como la de un pueblo", explica Ortí.

Tras los bombardeos de la guerra civil, llegaron los tiempos de la reconstrucción y una integración cada vez mayor del Grau en la ciudad de Castelló. "En 1957, se reformaron las fiestas de San Pedro y se creó la comisión de fiestas que presidió el doctor José Lahuerta. En 1958, el sector participaría en las fiestas de la Magdalena con un monumento", rememora Ortí.

Las últimas barracas

Las décadas de los 60 y los 70 fueron testigos del tránsito entre el Grau más tradicional hacia sus primeros destellos de su actual personalidad. Como apunta Ortí "había barracas hasta finales de la década de los 60 y había una zona de alquerías, de gente pudiente, en la playa Alba, que es donde se construyó la refinería".

Fue una época en la que el distrito creció hasta los 12.000 habitantes y en la que llegó la segunda ola de inmigración, procedente del sur de España. "Muchos andaluces, sobre todo de Cádiz, que se han integrado en el Grau y ahora están muy enraizados", explica Ortí.

En 1987 se derribaron las casas de la calle Canarias para desarrollar la avenida del Puerto y los años 90 vieron como Campsa se marchaba del Grau y se desmantelaba la Fertiberia.

Principios del siglo XX

"Es un momento en el que el distrito deja de crecer por el centro y se desarrolla por los lados, por la zona del Serradal, donde se construye un nuevo colegio", comenta Vicente Ortí. A esto se añadió la tercera ola de inmigración del este siglo, "con la llegada de magrebís y ciudadanos Europa del Este entre los años 90 y el principio del siglo XXI".

Así se llega hasta el Grau actual, cada vez más integrado en la ciudad y con una población que supera los 20.000 habitantes y, después de más de un siglo, mantiene su relación con el Mediterráneo, aunque más como recurso turístico que como modo de vida.

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