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Hemeroteca de Mediterráneo

La mayor nevada en un siglo: Castellón, «ciudad norteña»

A mediados de enero de 1946, la nieve sorprendía a la capital de la Plana dibujando un Castellón que el diario describe como «completamente escandinavo». La ciudad ofrecía «un aspecto maravilloso» en las primeras horas, dejando muchas valiosas imágenes para la historia local, de la que el periódico hacía memoria para recuperar anteriores episodios meteorológicos de este tipo.

La mayor nevada en un siglo: Castellón, ciudad norteña

Ximo Górriz / Ximo Górriz

Ximo Górriz

Ximo Górriz

Castelló

«Amaneció con el firmamento entoldado sintiéndose un poco de frío. El cielo presentaba las características propias del tiempo que va a nevar y tuvimos la novedad del espectáculo nunca visto en Castellón». Hace hoy 80 años, el jueves 17 de enero de 1946, día de San Antonio Abad, los lectores de Mediterráneo se encontraban con esta escueta nota en su sección diaria Ayer, que da referencia de la cotidianidad local.

Veinticuatro horas después, lo que parecía una anécdota meteorológica ya no lo es, alcanzando las proporciones de «una nevada curiosísima digna de las más altas latitudes». Ese viernes, el diario se explayaba en la insospechada crónica de lo ocurrido el miércoles 16 en la ciudad, apenas esbozado la víspera: «alrededor de las diez y media, finas motas blanquecinas dieron aire pintoresco a la ciudad y los castellonenses urbanos salieron a las calles, balcones y tejados no queriendo perderse ese amago de nieve que todos creíamos no pasaría a más». Sin embargo, inopinadamente, a mediodía «ya el Paseo de Ribalta, el Huerto de Sogueros, parte de la plaza del Rey, el jardín del Casino Antiguo, la plazoleta de los refugios en la calle Mayor [hoy Santa Clara], la plaza de María Agustina, el Forn del Plá y lugares semejantes, con algún árbol y arbusto, ofrecían un aspecto maravilloso desde el punto de vista de lo pintoresco y de la novedad para los habitantes de Castellón».

Al cabo de un rato, «empezaron a surgir risibles monigotes de nieve, a prolongarse los juegos y Castellón fue bien pronto una ciudad norteña». En unas horas, se pasaría a palabras mayores: tras un cese de la precipitación a mediodía, «apenas pasaban unos minutos de las dos, se reanudó y con renovada importancia, haciéndose cada vez más copiosa, almacenándose bien pronto sobre los vehículos detenidos en las calles y sobre los vestidos y paraguas de los transeúntes y acentuándose más y más a media tarde, hasta el punto de que poco después de las cinco y media empezaba ya a amontonarse sobre aceras y calzadas, en los cables de conducción eléctrica, sobre las lámparas y pantallas del alumbrado y en los aleros de los edificios, cuyas azoteas ya habían blanqueado bastante durante la mañana», de forma que el atardecer «encontró ya un Castellón completamente escandinavo, blanqueado por completo y que seguía recogiendo más y más nieve».

Un espectáculo admirable

Un grueso manto blanco cubría la ciudad, lo que hará decir al cronista que «el espectáculo, centrándolo en este aspecto pintoresco, era admirable y cautivó a la ciudad entera». Y es que jóvenes y no tan jóvenes decidieron aprovechar una ocasión única y «aun bien entrada la noche se encargaron de ir rodando la bola y agrandarla y de ensayar sus cualidades arquitectónicas, en algunos casos con evidente acierto».

Pero no todo era belleza para el reportero: «las calles quedaron desiertas porque el peligro de resbalones fue presentándose al helarse la nieve, que por la noche, siguió cayendo hasta alrededor de las doce, en algunos momentos con abundancia notable». Y es que desde el atardecer de ese primer día de nevada, el riesgo era evidente para una población nada experimentada en estas lides. El jueves 17, la precipitación se reproduciría de nuevo en forma de nieve pero «mucho más ligeramente».

Por la noche, la nieve siguió cayendo hasta alrededor de las doce, en algunos momentos con abundancia notable

El consistorio empezó a realizar un balance de daños y se encontrarían algunos desperfectos en el Paseo (el Parque Ribalta), «cuyos árboles más frondosos vieron desgajarse algunas ramas». Asimismo, cedería la red metálica del trinquete viejo -ubicado junto a la plaza de toros, que acusó el peso de la nieve desmoronándose parcialmente.

En casi toda la provincia

Las comunicaciones se veían muy afectadas por el episodio meteorológico. La nevada «fue copiosa en casi toda la provincia, quedando interrumpido el enlace con los pueblos», rezaba la crónica periodística. En cuanto a los trenes, el correo Valencia-Barcelona llegaba con casi cinco horas de retraso, al igual que el de sentido inverso, en ambos casos por una avería en las líneas telefónicas que obligaría a parar los convoyes «al no poder dar las correspondientes señales de salida entre las estaciones». El tranvía, la popular Panderola, no podía circular. Eran las consecuencias de una nevada que alcanzaba «amplitud nunca conocida en nuestra ciudad» y que según recoge Emilio Calduch, se prolongaría durante catorce horas y media, lo que la convierte en «la mayor de cuantas han ocurrido en el espacio de más de un siglo» en la capital.

El propio Calduch efectuaba un repaso exhaustivo, con profusión de fechas y detalles, de las situaciones similares de las que se guardaba registro en la ciudad. Así, se refería a la llamativa coincidencia de varios de estos episodios de nieve en torno a las fechas del 5 y 6 de enero, a lo largo del tiempo. En el primer caso, en 1841, 1842 y 1889; en el segundo, en la festividad de los Magos de 1891, como «la preparación para el horrible día 18 en que descendió el termómetro hasta -10,4º».

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Página de la edición del 18 de enero de 1946, con la noticia de la gran nevada. / Mediterráneo

En la citada de 1841, según el relato de Calduch, los niños y niñas hubieron de salir a la calle para mostrar sus regalos de Reyes «con sus cuerpecitos herméticamente abrigados». En la de idéntica fecha -5 de enero- del año siguiente, 1842, la precipitación sería «aún más intensa que la del año anterior». Y famosa se haría la nevada de la Purísima, en la noche del 7 de diciembre de 1883, con cinco horas de duración y que obligó a suspender las procesiones programadas por la festividad. Mucho peores consecuencias tendrá ese mismo temporal en el Grao, saldándose con la muerte en el mar de 45 marineros de Peñíscola y cinco de Benicarló, además de otro de origen desconocido.

Entre los días 16 y 17 de enero, nieva durante 14 horas y media de forma ininterrumpida

Otro fenómeno meteorológico -este sin daños personales y sin nieve- impactaría en la memoria el 27 de noviembre de 1890, cuando un «agua diluvial» y un viento huracanado dejarían el Pinar del Grao «hecho un lago, muriendo miles de pinos por la salada, según aún es de ver», recordaba Calduch, quien cerraría su repaso histórico con las heladas sufridas por la Acequia Mayor, en los años 1788, 1829 y la citada de 1891. La segunda de ellas sorprendió en la ciudad, el 28 de noviembre, a los Reyes de Nápoles y su hija María Cristina, que dos semanas después, el 12 de diciembre, se casaría en Madrid con Fernando VII.

NEVADA DEL 17 DE ENERO DEL DE 1946. INSOLITO ASPECTO DE LA PLAZA DEL REY EN CASTELLON. TODAVIA QUEDAN REFUGIOS ANTIAEREOS EN PIE. EL AUTOR DE LA FOTO ES TOMAS MAS USO - FOTOS EXTRAIDAS DEL LIBRO CASTELLON 1881 1980 DE JAVIER CAMPOS VILANOVA. FOTOS ANTIGUAS NEVADAS PROVINCIA CASTELLON. NIEVE

Insólito aspecto de la plaza del Rey don Jaime el 17 de enero, imagen del libro 'Castellón 1881-1980' de Javier Campos Vilanova / Tomás Mas

De vuelta a 1946, una vez superada la tempestad y de acuerdo con las posibilidades tecnológicas de la época, por fin el sábado 19 podrá el periódico ilustrar con imágenes la gran nevada, gracias a unas fotografías de Gil Roca. Sin embargo, el titular ya denotaba más hartazgo que sorpresa y la fotonoticia revestía un tono de denuncia, bajo el título Nieve en Castellón... ¿hasta cuándo?: «Nevó en nuestra ciudad, como ustedes saben, vieron y muestran estas fotos de Ribalta cubierto por blanca sábana y convertido en parque de Dios sabe qué latitud (...) Pero no estamos habituados a deportes de invierno y ayer las caídas comenzaron a ser innumerables y peligrosas, graves en algunos casos», convertidas las vías públicas en «magníficas pistas de hielo».

Una exigencia y un augurio

El diario se lamentaba porque «pocos obreros municipales, muy pocos, hicieron leves intentos de limpieza en muy poquísimas calles, no más de media docena, luciendo un calzado estupendo que parecía esperar la nevada. Pero hay que limpiar aprisa y por completo» para evitar males mayores en forma de accidentes.

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Fotonoticia publicada el 19 de enero de 1946, sobre las consecuencias de la nevada / Mediterráneo

El recuerdo de la nevada del 46 permanecerá en la memoria de los castellonenses, especialmente por sus consecuencias en el campo, con cientos de miles de fruta helada y unas pérdidas económicas calamitosas. Pese a que una década después, en febrero de 1956, una grave helada acarreará resultados similares, la nieve no volverá a hacer presencia en las décadas siguientes, cumpliéndose así el augurio con el que se cierra el reportaje de Mediterráneo de aquel 18 de enero:«Y hasta nunca. Porque no es probable admitir que en una generación vuelva a repetirse».


Aunque la larga Guerra del Rif no finalizaría hasta julio de 1927, el jueves 7 de enero de 1926 Diario de Castellón anunció con alegría el regreso del frente y el desembarco en el Puerto de unos 120 soldados y algunos oficiales del Regimiento Tetuán 45, previsto para ese mismo día. Destacaba el diario el «sin igual valor de nuestros soldados» y «la fe de sus conquistas homéricas».

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Noticia de 'Diario de Castellón', 7 de enero de 1926 / Hemeroteca Mediterráneo


«El primer paso de una labor intensa que se les avecina a estos entusiastas». Así saludaba Mediterráneo, el domingo 14 de enero de 1951, la reunión del Capítulo General para elegir al «Prohombre, Clavarios y demás cargos administrativos» de la nueva Germandat dels Cavallers de la Conquesta, que se reuniría al día siguiente, lunes, en el salón de plenos del Ayuntamiento.

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Breve nota sobre la constitución de Els Cavallers de la Conquesta, publicada el 14 de enero de 1951 / Mediterráneo


El jueves 15 de enero de 1976, Mediterráneo informaba sobre la realización de «los primeros estudios (…) para la construcción del gasoducto destinado principalmente a uso industrial». Se estimaba la puesta en funcionamiento a principios de 1977, pero aún faltaban más de cuatro años y medio para la ansiada llegada del gas natural a la provincia, el 20 de junio de 1980.

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Noticia del 15 de enero de 1976, sobre el futuro gasoducto / Mediterráneo


El sábado 13 de enero de 2001, el futbolista argentino Martín Palermo protagonizaba la portada: su fichaje por el Villarreal CF en la segunda temporada del club amarillo en Primera División sacude el planeta fútbol. El delantero de Boca Juniors llegaba en una operación que rondaba los 1.400 millones de pesetas y que incluía el aterrizaje de Gustavo Barros Schelotto.

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Portada del 13 de enero de 2001 / Mediterráneo

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