Hemeroteca de Mediterráneo
El hito que cambió para siempre el tráfico en Castellón: El túnel que rompió el cinturón de hierro
El miércoles 10 de marzo de 1982, la entrada en servicio del paso subterráneo de la avenida de l’Alcora marca un hito en la conflictiva relación de la ciudad con la vía férrea que la atraviesa de norte a sur, marcando desde 1862 una imaginaria frontera que separa el centro del Castelló de dalt de la via y que solo desaparecerá del todo con la inauguración del soterramiento y la nueva estación el 21 de febrero de 2000.

Un paso inferior, alivio para la herida de la barrera ferroviaria / Web / MED_EXTERNAS_CORREO

La barrera de hierro del ferrocarril es la gran cicatriz urbana del siglo XX en la ciudad de Castellón. Si bien el tráfico en tren con Valencia se había estrenado en las vísperas de la Navidad de 1862, pasarían muchas décadas hasta que la estación del Norte quedase absorbida por la ciudad y los pasos a nivel empezasen a ser sinónimo de tortura diaria para los conductores y peatones. El mero hecho de que se inventase una expresión como la del Castelló de dalt de la via habla bien a las claras de que la vía ferroviaria se había convertido en mucho más que un instrumento que facilitaba el transporte de personas y mercancías y con él, las comunicaciones de la capital con el resto del país.
En este sentido, la necesidad de eludir los pasos a nivel con barreras para agilizar el tránsito urbano se abriría paso en la segunda mitad del siglo XX como un imperativo que marcará la acción del Ayuntamiento y será objeto de atención por los diferentes actores de la vida económica. Y quizá el punto crítico, en el que más atascos se concentrarían a lo largo del tiempo, sería la intersección entre la avenida de l’Alcora y la vía férrea, a solo unos metros de la estación. Por ese motivo, la inauguración en marzo de 1982 del paso inferior se convertiría en todo un hito de la red viaria local, al darse cita en ese punto tanto el tráfico puramente local con el flujo de vehículos que van y vienen de las fábricas del triángulo azulejero.
El estreno llegaría, además, en vísperas de las fiestas de la Magdalena, y por tanto mezclada en las páginas de Mediterráneo con las noticias propias de la inminencia de las celebraciones fundacionales.

Noticia de 'Mediterráneo' del jueves 11 de marzo de 1982. / MED_EXTERNAS_CORREO
Un paso a nivel conflictivo
En concreto, es el miércoles 10 de marzo por la mañana cuando entra en servicio el paso subterráneo y recibe a los primeros vehículos, «sustituyendo al viejo y conflictivo paso a nivel, que durante muchos años ha sido un auténtico problema para los vehículos y peatones que han tenido necesidad de atravesar la vía férrea a la altura de la estación de Renfe», según la crónica del día siguiente con foto de Heredio Iserte. Desde el primer momento «las ventajas que representa contar con este paso construido a distinto nivel se han puesto de manifiesto». En consecuencia con la importancia de la novedad, «los comentarios sobre este paso subterráneo han sido favorables por parte de los usuarios, especialmente los conductores», rezaba la crónica del diario. Y es que «en realidad se gana mucho tiempo, comparado con las retenciones que anteriormente se producían varias veces al día al cerrarse las barreras del paso a nivel».
De este modo, la entrada en servicio se anticipa en tres jornadas a su inauguración oficial, lo que da idea de la expectación despertada y de la verdadera necesidad. Además, no es la única obra de importancia que se estrena en esos días en la ciudad: el jueves 11 de marzo, a la noticia del paso inferior de la avenida de l’Alcora se suma el traslado de los bomberos de Castellón a su nuevo parque, construido por el Ayuntamiento en terrenos situados en la avenida de Barcelona y calle Galicia, junto al actual CEIP Gaetà Huguet.

Noticia publicada el domingo 15 de marzo de 1982. / MED_EXTERNAS_CORREO
No obstante, los caprichos de la actualidad quisieron que una de las principales noticias del año en la ciudad -la inauguración oficial del paso inferior- ni siquiera ocupada un rincón en la portada del diario el domingo 14 de marzo. El primer motivo es que coincidía con el tercer domingo de Cuaresma y una gran foto daba cuenta del inicio de las fiestas con el Pregó. El segundo, el nombramiento a título póstumo de Bernat Artola como Hijo Predilecto de la ciudad. Y finalmente, la derrota del CD Castellón contra el Valencia CF (1-4) en partido de Primera División. Sin embargo, toda la página 3 se dedicaba al referido acto inaugural.
Corresponde al ministro adjunto a la Presidencia y presidente del Grupo Parlamentario de UCD, Jaime Lamo de Espinosa, el protagonismo del acto inaugural. Las obras habían sido realizadas por el Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo (MOPU, como reza la placa cerámica aún hoy visible por los conductores en el lugar) «con aportación de terrenos y derribo de los inmuebles afectados por parte del Ayuntamiento de Castellón, se iniciaron en los últimos días de agosto de 1980».
En su construcción se invirtieron 240 millones de pesetas, con un propósito claro: suprimir un paso a nivel situado en la zona de obras de la estación de Renfe «que mantenía las barreras bajadas durante el día un veintidós por ciento del tiempo total». El resultado es una obra de 306 metros de longitud, «además de accesos urbanizados que por el lado de la carretera de Alcora tienen una longitud de ciento noventa y un metros, y por el de Castellón de doscientos setenta y un metros». En la información del diario el día de su inauguración se recordaba «que en la historia de las movilizaciones populares figuran como las más concurridas las que se celebraron para reivindicar la construcción del paso a distinto nivel y aceleración de los trabajos, convocadas por la Asociación de Vecinos San José Obrero». El resultado de esta lucha: «ya se puede circular cómodamente por el paso subterráneo, con lo que se gana tiempo, gasolina y tranquilidad».
Una larga lucha ciudadana
Y es que las crecientes molestias que causaba la barrera ferroviaria en la ciudad se habían ido agudizando con el propio crecimiento urbano, siendo objeto de innumerables controversias por problemas de la vida cotidiana. Ya en los años 20, las maniobras de los trenes interrumpían a menudo el tránsito en los puntos de cruce, generando quejas.
Mucho más tarde, el 1 de mayo de 1969, el periódico informaría sobre una petición de la Cámara de Comercio al Ayuntamiento de la ciudad por el «injustificado cierre» aplicado por Renfe sobre el paso de peatones que unía el Paseo de Morella con el Parque Ribalta, «cierre que origina sensibles perjuicios a los habitantes de aquel sector, que vienen ahora obligadas a efectuar un gran rodeo en sus desplazamientos al centro de la capital». La institución cameral aprovechaba para emplazar a las autoridades a actuar «por la injustificada demora en buscar una solución definitiva y adecuada para la supresión de los dos pasos a nivel existentes en las inmediaciones de la estación de Renfe [avenida de l’Alcora y Cardenal Costa] que tantos perjuicios y bochornosos espectáculos vienen ofreciendo al pueblo castellonense».

Noticia publicada el 27 de marzo de 1975. / MED_EXTERNAS_CORREO
Seis años más tarde, el proyecto de construcción de un paso superior sobre las vías del ferrocarril en la avenida de Benicàssim y otro subterráneo en la avenida Tombatossals protagonizaban una noticia sobre el pleno municipal del mes de marzo de 1975. El periódico celebraba en su antetítulo que, con un presupuesto de 15,8 millones de pesetas, las nuevas infraestructuras tendrían un importante papel «rompiendo el cinturón de hierro» de la ciudad, un cuarto de siglo antes de la inauguración del soterramiento de la vía férrea y de la nueva estación del ferrocarril.
En 1979, por otra parte, el crecimiento del parque móvil generaba más necesidades de aparcamiento en la zona, propiciando decisiones municipales como la que reseñaba Mediterráneo el 18 de mayo: se autorizaba el aparcamiento de vehículos en las aceras de la avenida Doctor Clará, en el tramo comprendido entre la Gran Vía y el ferrocarril, «siempre que quede libre el suficiente espacio para el paso de peatones».
En definitiva, el rosario de problemas que acarreaba a la ciudad su cicatriz de hierro marcaba el día a día de miles de ciudadanos, y seguiría haciéndolo hasta el final del siglo, en concreto hasta la inauguración de la nueva estación y del soterramiento de las vías, el 21 de febrero de 2000. Transcurrido el tiempo, solo quienes vivieron aquella época y sufrieron -como vecinos, peatones y conductores- las molestias de la antigua barrera férrea, pueden valorar en su justa medida el valor que para la ciudad tiene en la actualidad el soterramiento de las vías.
La «conmemoración de un hecho histórico» tomaba protagonismo el martes 9 de marzo de 1926 en Diario de Castellón con la inauguración de un monolito- para conmemorar el hecho bélico en el que perdieron la vida, en el puente del Millars, decenas de vecinos de Castellón, Almassora y Vila-real, en plena Guerra de la Independencia contra el ejército napoleónico.

Noticia de 'Diario de Castellón' del viernes 9 de marzo de 1926. / MED_EXTERNAS_CORREO
El viernes 30 de marzo de 1951, el Ayuntamiento de Castellón pedía a los “dueños de las fincas”, a través de Mediterráneo, que “terminada la numeración correlativa de los edificios de esta Capital” sustituyeran “el número antiguo por el moderno” en el plazo de un mes. En caso de no hacer dicho cambio, el consistorio obraría de oficio y luego pasaría la factura a los afectados.

Noticia publicada el viernes 30 de marzo de 1951. / Mediterráneo
El viernes 19 de marzo de 1976, festividad de San José, ardían los monumentos falleros en Valencia y multitud de municipios de la región. Entre ellos, Burriana, cuna del artista triunfador en el concurso de la sección especial del cap i casal. Se trata de Pepet Pascual -futuro Hijo Predilecto de su localidad- quien conseguía el galardón por su trabajo en la falla de Convento Jerusalén.

Noticia publicada el viernes 19 de marzo de 1976. / Mediterráneo
El posicionamiento de numerosos ayuntamientos en contra de la instalación de antenas de telefonía móvil en las azoteas de los edificios llevaba a los consistorios a no dar nuevas licencias e introducir prohibiciones, según se recogía en el periódico el domingo 24 de marzo de 2001, pese a que los estudios de impacto sobre la salud recogían valores inocuos para el vecindario.

Noticia de la edición del domingo 24 de marzo de 2001. / Mediterráneo
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