Hemeroteca de Mediterráneo
Los 34 años del «armatoste» del mercado en la plaza Mayor
Entre 1915 y 1949, el mercado de la capital de la Plana se cobijó bajo un cobertizo antiestético que fagocitaba la superficie de la principal plaza de la ciudad, ocupando también los puestos de venta las plazuelas de la Pescadería y el Mercadillo. Desde su instalación hasta su retirada, con la inauguración del Mercado Central, el tinglado impedía la visión de la Casa Consistorial y de la arciprestal de Santa María.

Los 34 años del «armatoste» del mercado en la plaza Mayor de Castelló. / Mediterráneo

El centro de la ciudad de Castellón, el corazón de la vila, se ve actualmente alterado por efecto de la remodelación del Mercado Central, que ha obligado a trasladar los puestos de venta temporalmente a la plaza Santa Clara. Es una obra de gran relevancia que llega cuando el recinto acaba de cumplir en 2024 las bodas de brillantes, tras su inauguración en vísperas de la Navidad de 1949. En la hemeroteca local dejó un amplio rastro otra ocasión en la que el mercado ocupó -hasta fagocitarla- una de las plazas principales de la capital, con dos diferencias y un punto en común con la situación actual: en aquella ocasión fue por espacio de 34 años, se instaló en la plaza Mayor y cuando fue finalmente sustituido, los vendedores ocuparon el flamante Mercado Central diseñado por el arquitecto Francisco Maristany Casajuana, que ahora muda de piel.
Aunque no se inaugurará hasta junio de 1915, la historia de aquel cobertizo que dejaría recuerdo en varias generaciones de castellonenses comenzaría mucho antes, en agosto de 1902. El sábado 23, Heraldo de Castellón publicaba en su portada un amplio informe del concejal inspector de Mercados, José Castelló y Tárrega, a la sazón director del periódico vespertino. Un año antes, las preocupaciones municipales al respecto habían llevado al Ayuntamiento a encargarle este trabajo: por un lado, los precios eran más altos que los del mercado de Valencia y había resistencia de los vendedores al repeso del género. Entre la batería de propuestas de Castelló y Tárrega, el primer punto era la «construcción de un mercado cerrado y reglamentación para el régimen de todas las operaciones del mismo». Además, se incluían sugerencias de tipo higiénico como la instalación de cámaras frigoríficas en el matadero y la «separación de vendedores y revendedores» en el recinto del mercado, así como la «exención del impuesto de consumos para todos aquellos artículos que son el principal alimento de la clase obrera».

Notícia de 'Heraldo de Castellón' del viernes 4 de junio de 1915. / MED_EXTERNAS_CORREO
Crecen la ciudad y el comercio
La ciudad rozaba los 30.000 habitantes en 1900 y con la población, crecía también la actividad comercial. La plaza Vieja, Mayor o de la Constitución -así se llama en distintas etapas- venía acogiendo de antiguo los tenderetes que conforman el mercado local, pero éste se iba quedando pequeño y en septiembre de 1903, el consistorio compraba un solar y aprobaba la construcción de un «Mercadillo» en el espacio de la plaza que hoy lleva su nombre, que vendría a unirse a las casetas del mercado habitual. En 1906, se quería comunicar esta plazuela con la de la Pescadería, que por entonces y hasta 1922 aún estará rotulada como «de la Cárcel».

Noticia publicada por 'Heraldo de Castellón' el 8 de diciembre de 1933. / MED_EXTERNAS_CORREO
En 1913 se plantea ya la construcción de sendos cobertizos en las plazas Mayor y de la Pescadería. El miércoles 26 de mayo de 1915, El Clamor anunciaba para el domingo siguiente su inauguración oficial, «disfrutando Castellón de una nueva mejora que tanto se hacía sentir y que contribuirá además a reforzar los ingresos de la corporación municipal», subrayando el acierto municipal que a juicio del diario le haría «acreedor una vez más al aplauso de sus administrados». No obstante, se retrasará finalmente el acto inaugural hasta el jueves 3 de junio. Y al día siguiente, Heraldo de Castellón se felicitaría «de esta mejora, si bien lamentando que, apenas inaugurado, resulte ya pequeño, cuando debió haberse construido un mercado no solo para el de hoy, sino para el día de mañana».
Al referirse al tinglado que durante más de tres décadas obstaculizaría la visión de la Casa Consistorial, Jaime Nos describiría así en 1990 en Castelló Festa Plena un cobertizo «emplazado sobre un extenso rectángulo en el centro de la plaza, dejando dos estrechas franjas de calzadas laterales y unos tampoco demasiado amplios espacios frente al Ayuntamiento y ante la fachada principal de la Iglesia Mayor». Proseguía el ex director de Mediterráneo: «El mercado propiamente dicho, comprendía cuatro bloques de casetas muy típicas con azulejos amarillos en cada una de las esquinas, con una zona central de bancos de piedra artificial y en su centro, un añadido muy polémico que encerraba un transformador eléctrico, de cuyas paredes laterales surgían los caños de una fuente para uso de vendedores y vendedoras. En el exterior, sobre la acera que bordeaba el recinto, otros bancos de piedra para más puestos de venta de verduras, cubiertos de la inclemencia del tiempo en cierto modo por la cornisa de la techumbre de lo que en aquel momento parecía moderna y ambiciosa construcción».

Noticia publicada el miércoles 2 de febrero de 1949. / MED_EXTERNAS_CORREO
Años más tarde, en 1930, Vicente Gimeno Michavila sentenciaría el cobertizo calificando su aspecto de «crimen de leso arte» y lamentándose también por el citado transformador, que había sido autorizado el 4 de junio de 1914. Dejando la posible peligrosidad al margen, la prensa de la época no se ahorraría ninguna reprobación: el 15 de marzo de 1931, Diario de Castellón criticaba duramente que el Ayuntamiento se hubiera gastado «diez mil duros en un adefesio», o dicho de otra manera: «¡cincuenta mil pesetas en un artefacto antiestético». Por su parte, Heraldo aludía el 8 de diciembre de 1933 a que el mercado «además de ridículo es insuficiente para Castellón, y aunque no sea tampoco nada nuevo habremos de repetir a la vista de días lluviosos, como los presentes, que no debe consentirse que los puestos de venta se mojen, que se invada desordenadamente el pórtico de la Casa Capitular de vendedores, haciendo difícil el acceso al Palacio municipal y que, en una palabra, ofrezca el mercado en tales ocasiones el pobre aspecto que ofrece, desde luego impropio de Castellón».
«Así no puede continuar», sentenciaba el periódico en aquel momento: «es necesario, es urgente resolverse por una u otra cosa, o por ampliar adecuadamente el actual mercado o por llevarlo a otra parte». Y es que en realidad, la idea de construir un nuevo recinto flota en el ambiente desde la instalación del cobertizo: a comienzos de octubre de 1929, un artículo de Diario de Castellón se dedica a criticar los «espectáculos lamentables» que el hacinamiento de puestos produce en la plaza de la Pescadería, «con las disputas y frases antiacadémicas que se lanzan las vendedoras en busca, disputa y defensa de sitio». En el mismo, el periódico se pregunta abiertamente: «¿no es ya llegada la hora de que se proceda a la rápida construcción del nuevo Mercado, tantos años como hace que se ha pensado construirlo, y más si hay lugar suficiente y holgadísimo para ello?».

Noticia de la bendición del Mercado Central, publicada el viernes 23 de diciembre de 1949. / Mediterráneo
Una solución provisional
Habrán de pasar aún dos décadas para que la buena nueva asome a las páginas de Mediterráneo en forma de titular, el miércoles 2 de febrero de 1949: «La plaza Vieja va a quedar libre del armatoste del mercado». En la información se explica que ante el problema «de encontrar espacio suficiente y bien situado para la construcción de nuevo mercado en un plazo rápido, el Ayuntamiento se decidió por una solución intermedia e inmediata: desmontar el actual tinglado del Mercado en la plaza Vieja y reinstalarlo, acondicionándolo debidamente para su utilización cómoda pero en plan solamente provisional, al espacio que dejaban libres los derribos de las edificaciones situadas entre las plazas Vieja y de Santa Clara». De este modo, la estructura del cobertizo se reaprovecharía de forma provisional como tejado del nuevo mercado, mientras avanzaban sus obras, de manera que los puestos de venta pasaran a instalarse de forma efímera en la plaza del Rey don Jaime.
El jueves 22 de diciembre de ese mismo 1949, «con asistencia de autoridades y numeroso público», el Mercado Central sería bendecido por el arcipreste Joaquín Balaguer. Mediados los 60, se añadiría al conjunto el edificio de la Pescadería, liberando la plaza del Mercadillo, donde los vendedores de pescado habían esperado pacientemente su momento. Empezaba una nueva etapa, la que se cierra ahora con la ambiciosa remodelación en marcha y con una orientación gastronómica y nuevos locales de restauración. Pero esa será ya otra historia.
En 1926, el escaso tráfico de coches permitía escenas como una «carrera-apuesta» entre un Citroën de 10 CV y un Ford España -ambos propiedad de particulares- «en la carretera» de Benicàssim, como contaba Heraldo de Castellón el martes 11 de mayo. Al día siguiente, el representante de la segunda marca, Francisco Balaguer Gonel, se desvinculaba de los hechos.

Noticia de 'Heraldo de Castellón' publicada el martes 11 de mayo de 1926. / MED_EXTERNAS_CORREO
La bendición en la iglesia de la Trinidad de una imagen de la Mare de Déu del Lledó «para el grupo de viviendas que lleva el nombre de nuestra Patrona» protagonizaba esta noticia de Mediterráneo el sábado 12 de mayo de 1951. El diario resaltaba que el nuevo grupo era iniciativa «de nuestro jefe provincial [del Movimiento] y gobernador civil, camarada Luis Julve».

Noticia publicada el sábado 12 de mayo de 1951. / Mediterráneo
El Ayuntamiento de Castellón ponía en marcha en la primavera de 1976 «un plan de urgencia para pavimentar numerosas calles de la ciudad». Con 10 millones de pesetas de presupuesto, Mediterráneo señalaba el domingo 16 de mayo que entre otras calles, el plan comprendía desde Prim a Conde Pestagua, de Fadrell a la plaza María Agustina o Tenerías y calle Useras.

Noticia publicada el domingo 16 de mayo de 1976. / Mediterráneo
El príncipe de Gales, Carlos de Inglaterra -hoy Carlos III del Reino Unido- asistía el viernes 11 de mayo de 2001 a «la gran fiesta de Porcelanosa», concebida «al más puro estilo hollywoodiense», según relataba al día siguiente el periódico, explicando que entre otros famosos habían participado en la gala Sofía Loren, Isabel Preysler o Carmen Martínez Bordiu.

Noticia publicada el viernes 11 de mayo de 2001. / MED_EXTERNAS_CORREO
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