Hemeroteca de Mediterráneo
El eco perdido de las fiestas de julio nacidas del asedio carlista sobre Castellón
Durante casi un siglo, desde 1840 y hasta 1936, la capital de la Plana celebró las fiestas en recuerdo de su resistencia frente al sitio carlista de los días 7, 8 y 9 de julio de 1837, ordenado por el general Ramón Cabrera. La continuidad de los festejos fue clave para fijar en la conciencia colectiva de los castellonenses la tradición liberal de la ciudad, con el parque Ribalta como espacio emblemático de las celebraciones.

El eco perdido de las fiestas de julio nacidas del asedio carlista sobre Castellón / Manolo Nebot

Durante buena parte del siglo XIX y hasta la configuración en 1945 de las actuales fiestas de la Magdalena, el calendario festivo de la ciudad de Castellón giraba en torno a dos citas con una marcada personalidad. Una de ellas, la celebración de los festejos de la Mare de Déu del Lledó, que durante mucho tiempo tuvieron lugar el primer fin de semana de septiembre y desde 1912 pasaron a la primera semana de mayo. La otra eran las fiestas de julio, en conmemoración del sitio carlista al que estuvo sometida la capital los días 7, 8 y 9 de julio de 1837, durante la primera contienda civil de aquel siglo. Las primeras sobrevivieron pero las segundas, impulsadas pasaron a la historia en plena Guerra Civil, al celebrarse por última vez en 1936. Mientras subsistieron ambas, la adscripción ideológica pesaba al sumarse con mayor o menor entusiasmo a cada opción.
En múltiples ocasiones, la prensa castellonense reprodujo la carta con la que el Tigre del Maestrazgo, Ramón Cabrera, amenazó desde Cabanes la víspera del sitio de 1837 al alcalde de Castellón, Antonio Vera, tratando de que rindiera la plaza. Por ejemplo, El Clamor la reproducía textualmente en uno de sus aniversarios, el 6 de julio de 1914: «Comandancia general de Aragón, Valencia y Murcia. Voy a vanguardia del ejército del rey nuestro señor con mi división, y le prevengo, estoy decidido a atacar ese pueblo. Si usted quiere aprovechar los momentos críticos y cortos de evadirse del golpe fatal a que se harán acreedores con la resistencia, espero por momentos la contestación. Advierto a usted que no perdonaré medio alguno para desalojarla, aunque sea preciso quemar toda la población. Dios guarde a V. muchos años».

Artículo firmado por Carlos Llinás en 'Heraldo de Castellón' el 7 de julio de 1916 / Archivo Municipal de Castellón
«Decisión y patriotismo»
La resistencia al asedio se convertirá en base de la tradición y del mito liberal de la ciudad desde que el 2 de julio de 1839, el concejal Pedro Gutiérrez presentase una moción al Ayuntamiento «con el fin de eternizar los recuerdos del día 9 de julio de 1837, en que esta heroica capital, después de tres días de sitio supo vencer con su decisión y patriotismo las facciones reunidas al mando del Pretendiente, por cuyo motivo fue declarada Fiel y Leal Ciudad». Según el recuerdo publicado por el cronista Carlos Llinás en Heraldo de Castellón el 7 de julio de 1916, inicialmente se destina un presupuesto de 1.000 reales de vellón para estas fiestas anuales, que se celebrarían por vez primera en 1840, siendo alcalde Jaime Bellver. Al año siguiente, el programa sumaría un «reparto de socorros a las viudas pobres de los que habían perecido por la causa constitucional».
No obstante, sometidas a los vaivenes de la política y de la economía, no siempre revestirán las fiestas la misma brillantez. Sin ir más lejos, Diario de Castellón se lamentaba en 1877 porque «el esquilmado erario» del Ayuntamiento le impedía programar fiestas a la altura de lo esperado y limitaba los festejos a «dos amenas veladas en el paseo de Ribalta» amenizadas por «las músicas de la guarnición» y con el añadido de «vistosos ramilletes de fuegos artificiales», además de los habituales vuelos de campanas.

Programa de fiestas publicado el 5 de julio de 1891 en 'El Clamor de Castellón' / Archivo Municipal de Castellón
Sin embargo, lo habitual fue que la población celebrase por todo lo alto sus fiestas de julio. Con corridas de toros incluidas: el 3 de julio de 1884, El Clamor de la Democracia anunciaba la construcción de una plaza portátil en la plaza de la Constitución -hoy Mayor- para «las corridas de toros» previstas los días 7, 8 y 9. Unos días antes, La Defensa había anunciado que con el objeto de que las fiestas revistiesen «mayor pompa y solemnidad que en años anteriores» se había previsto «construir un obelisco en la plazoleta del paseo de Ribalta, a cuyo punto concurrirá una numerosa y lucida manifestación cívica, a la que se trata que asistan los veteranos de la guerra de los siete años», en referencia a la primera Guerra Carlista (1833-1840).
A finales del siglo XIX, el esplendor de las fiestas es innegable. Dan buena cuenta de ello programas como los de 1891, publicado días antes con entusiasmo por periódicos republicanos como El Clamor de Castellón: feria y conciertos en Rey don Jaime, dos corridas de toros con primeras espadas como El Gallo o Espartero, certamen musical en la plaza de toros, veladas en el Parque Ribalta, carreras de bicicletas, reparto de premios a los mejores alumnos de escuelas públicas, fuegos artificiales y, por supuesto, la manifestación cívica de cada año «en loor de los héroes de Castellón». Al año siguiente se anunciará, en plenas fiestas, la colocación de la primera piedra de un obelisco en el parque Ribalta «en memoria de la gloriosa fecha que se conmemora», acto programado para el viernes 8 de julio. No obstante, su erección solo culminará en 1898, y desde el año anterior -cuando estaba a medias- la procesión cívica depositaría allí las coronas conmemorativas en lugar de en el solar del antiguo calvario, como era costumbre hasta entonces, según el mencionado recuerdo de Llinás. El nuevo obelisco en cuestión perdurará durante 40 años, hasta los días posteriores a la entrada de las tropas franquistas en la ciudad en el verano de 1938, cuando será demolido, para ser vuelto a erigir ya en democracia, en 1982.

Carroza participante en la Batalla de Flores de las Fiestas de julio de 1920 a su paso por el Casino Antiguo, publicada el 25 de julio en la revista 'Blanco y negro'. / Camilleri (Repositori UJI)
A las fiestas de julio se suman personalidades foráneas en distintas ocasiones. Por ejemplo, con ocasión de los festejos de 1896, un jovencísimo Maximiliano Thous de 20 años es saludado por Heraldo de Castellón por su llegada a Castellón desde Valencia para enviar crónicas de las celebraciones al periódico La Correspondencia. El futuro autor de la letra del himno regional es calificado de «ilustrado redactor». Mientras tanto, crece la popularidad de los fastos al ritmo en que lo hace la población de Castellón, obligando al Ayuntamiento a introducir cambios en aspectos como el tráfico: así, en vísperas de las fiestas de 1902, se avisa a los conductores de «los carruajes o vehículos que vengan a Castellón por la carretera de Morella o suban desde la capital a la estación» para que lo hagan por «la calle de San Vicente, porque el trozo de la carretera de Morella lindante con Ribalta [actual andén central] ha sido acotado para las verbenas».
Las fiestas sobrevivirán a los cambios políticos -incluyendo la Dictadura de Primo de Rivera- y solo se verán suspendidas por la segunda y tercera guerras carlistas o por la irrupción del cólera. Ya en tiempos de la II República, son el mejor marco para la inauguración del templete de la música en el parque Ribalta, a cargo de la Banda Municipal, el 7 de julio de 1933. Al día siguiente, Heraldo de Castellón elogiaba la obra del arquitecto Francisco Maristany y República subrayaba la «irreprochable» actuación de la banda dirigida por el maestro Eduardo Felip.

Noticias de la edición del diario 'República' del 9 de julio de 1935. / Archivo Municipal de Castellón
Últimos coletazos
Dos años después, en 1935, el ex presidente del Gobierno Ricardo Samper, invitado a las fiestas, pronuncia desde el propio templete al final de la manifestación cívica un discurso recogido por República. En él, pone de relieve que la ciudad celebra «el aniversario de una lucha en la que Castellón, defensor del liberalismo, resultó inexpugnable, inviolable, frente a las falanges carlistas en que se conmemoraba el principio de libertad que vosotros defendéis frente al obscurantismo, a la Monarquía absoluta, a la restauración del Santo Oficio que defendían aquellas hordas», para concluir que «vosotros sois un pueblo que habéis enseñado a España a hacer República». Al año siguiente, en la que será última edición de las fiestas de julio, sería el alcalde de Madrid, Pedro Rico, quien se dirigía a los castellonenses, en este caso desde el balcón del Ayuntamiento. Sus palabras sonaban inquietantemente premonitorias: muestra su deseo de que «la representación gloriosa de aquel ejército que luchó contra los carlistas sentirase orgullosa y sabrá luchar por la libertad también si el caso se repitiera». Faltaban diez días para el 18 de julio.
Lejos de la leyenda, Antonio J. Gascó escribió en su Crónica de Castellón que el «pretendido asalto» apenas fue una «escaramuza», y que el número de bajas locales «fue nulo», aunque el episodio fuese luego «mitificado por el informe del gobernador militar, Antonio Buil, y posteriormente por la historiografía romántica liberal», teniendo «más de apología novelesca que de sangrienta batalla».
Recién cumplido el primer aniversario desde la creación de la Banda Municipal de Castellón, La Provincia Nueva informaba el jueves 8 de julio de 1926 sobre una curiosa iniciativa: una peña del Casino Antiguo «compuesta de entusiastas aficionados a la música» abría una suscripción «para recaudar la suma necesaria a fin de adquirir el instrumental que hoy necesita la Banda Municipal».

Noticia publicada el jueves 8 de julio de 1926 por 'La Provincia Nueva'. / Archivo Municipal de Castellón
El miércoles 4 de julio de 1951, los lectores de Mediterraneo se topaban con un llamativo titular sobre un «hundimiento bajo el pavimento de la plaza Tetuán» ante el edificio de Correos y Telégrafos. «Por poco se registra una catástrofe» en la calle Zaragoza, rezaba la noticia, «por causa de una filtración y la proximidad de la galería del refugio construido durante la guerra».

Noticia publicada el miércoles 4 de julio de 1951. / Mediterráneo
El sábado 10 de julio de 1976, Mediterráneo publicaba un extenso reportaje sobre un «estudio» de «red arterial de la Plana» que vendría a resolver «los problemas viarios de Burriana, Villarreal, Almazora y Castellón». La iniciativa, correspondiente a la Jefatura Regional de Carreteras, contemplaba un presupuesto de «unos diez mil millones de pesetas».

Noticia publicada el sábado 10 de julio de 1976. / Mediterráneo
La venta de propiedades por parte de varias órdenes religiosas con presencia en la ciudad y la provincia, entre ellas las de los Padres Carmelitas, protagonizaba una noticia publicada en el periódico el viernes 6 de julio de 2001. Las operaciones inmobiliarias responden a la imposibilidad material de mantener todo el patrimonio acumulado con el tiempo por estas órdenes.

Noticia publicada el viernes 6 de julio de 2001. / Mediterráneo
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